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Siguiendo la ruta Kaweskar al Glaciar Montt

Nuestro objetivo al iniciar esta travesía en kayak era recorrer la distancia entre Caleta Tortel y el glaciar Jorge Montt, puerta norte de Campo de Hielo Sur. Para esto n 70 kilómetros a través de los canales patagónicos, por las mismas aguas que alguna vez navegaron los kaweskar, quienes dominaron las aguas existentes entre la Península de Taitao y el estrecho de Magallanes en nuestra Patagonia.

Texto y Fotos: Andrés Alcayaga

Luego de varias horas organizando las bolsas de comida, equipo común y personal,  logramos  que  todo  entrara  en  los  reducidos estancos  de  los  kayaks.  A  las  14:30 estamos por fin los tres en el agua. Nos sentimos agradecidos por el sol que nos da la bienvenida en estás lejanas latitudes. La semana anterior Prat, nuestro amigo que es de Coyhaique nos contaba como “se rajaba el cielo lloviendo. El sol se ha alineado con nosotros, gancho”  nos  dice  antes  de  partir,  ¡quién  podría  no  sentirse avalado  por alguien que porta ese apellido!

Nuestro objetivo inmediato es llegar a la desembocadura del río Baker a un costado de Caleta Tortel y cruzar en dirección sur, entre isla Morgan e isla Barrios, para levantar nuestro primer campamento en Isla Alberto Vargas. Víctimas de nuestra ansiedad por comenzar a remar y, luego de 5 horas, nos dimos cuenta que habíamos tomado una ruta equivocada, la cual nos tenía frente a Puerto Valenzuela a un costado del canal Mitchell. No quedó otra que buscar nuestro primer campamento en este lugar y esto fue lo mejor, dado que encontramos una playa 5 estrellas.

Sabemos que nuestra expedición contempla 8 días remando por una ruta que antes de nuestro desvió era de aproximadamente 70 kilómetros hasta el glaciar Jorge Montt a merced  de  vientos,  mareas,  corrientes  y  témpanos  con  la  gran  constante:  en  los canales patagónicos todo es impredecible.

3.1

En la mañana debemos retomar la ruta y para esto  cruzamos el estero Mitchell, para continuar  navegando  alrededor  de  la  península  Videau  hacia  el  norte.  El  cielo despejado y las aguas calmas que nos regala Patagonia hacen que el sol destaque  los prístinos colores del entorno, los acantilados que bordean las islas -cuyos árboles se abrazan a la roca- y la inmovilidad absoluta de la superficie del agua nos hacía pensar en un Caribe, pero con cerros nevados. Luego de nuestras peladas de cable, debíamos ir chequeando permanentemente nuestra carta náutica para no repetir lo vivido ayer.

Con vista a Campos de Hielo Sur
Después de 6 horas nos encontramos con una imponente cascada, que nos sorprende por el  poderoso ruido de sus aguas  las  cuales dependiendo del viento podíamos percibir a kilómetros. Desde aquí comenzamos a buscar un lugar apto para armar  nuestro  Campamento  2  pero  lamentablemente  no  encontramos  nada,  solo acantilados de roca que caían de forma vertical. Es por esto que decidimos cruzar el Canal Plaza   a   una   punta   de   Isla   Alberto   Vargas,   la   cual   intuíamos   podría sorprendernos con una playita para acampar. Al iniciar el cruce sorpresivamente el viento nos pone a prueba y en espacial a Claudio que estaba teniendo su primera experiencia  en  kayak.

2.2

Afortunadamente  para  nosotros la decisión  fue  acertada, encontramos una  pequeña  playa  cómoda y  con  suficiente espacio para  evitar  ser alcanzados por la marea alta. A esta la llamamos “Punta Ancla”, por su forma en la carta. Ya de noche la calma ambienta la conversa relajada y distendida. “¡Ya están rondando los chupasangres!” se queja Prat. Algo que no se puede dejar en casa es el repelente, aunque por momentos estos parecen casi inmunes a su efecto, pero bueno, es lo que tenemos.

Teniendo en cuenta el día de retraso, partimos  con la convicción de alcanzar la punta más  austral  de  la  Isla  Francisco. Hoy debemos cruzar parte  importante del  canal Baker, tramo clave en nuestra ruta hacia el glaciar. Al iniciar el cruce las condiciones eran inmejorables, remábamos con un día de sol sobre un plano de cristal de agua, donde nuestros solo nuestros rompían la frágil calma. Pero, cual efecto mariposa -en donde nosotros somos aquella perturbación inicial- sentimos que Ayayema, el espíritu Kawesqar del caos nos detecta. En medio del canal se levantó el viento, y sumado a la corriente en contra se dificultó bastante nuestro avance, haciéndonos pasar de la calma a estar alertas y concentrados.

Luego de una extenuante jornada de más de 6 horas alcanzamos nuestra anhelada Playa Objetivo, cuya orientación nos regala una vista privilegiada y un atardecer único, coronado con algunas de las montañas más bellas de Campo de Hielo Sur.

Ayayema
Desde Playa Objetivo ya podemos divisar a la distancia algunos témpanos flotando, los cuales nos indican que vamos bien encaminados. Nuestro cuarto día nos abraza con cielos despejados y sin viento. Antes de caer víctimas de nuestro entusiasmo nos preparamos un buen desayuno con avena, frutas frescas y su infaltable cafetal de grano.

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Ya en el agua las condiciones para remar están impecables, pasamos a un costado de Isla Faro donde nos topamos con los primeros témpanos, adelanto de lo que nos espera más adelante. Llegar a navegar entre estos gigantes de hielo es una experiencia única. Inicialmente nuestra idea era ir apegados a la costa sin embargo las condiciones estaban tan benignas para remar que decidimos cambiar el plan inicial e irnos por el medio del canal para acortar la distancia. Al poco andar las condiciones fueron cambiando y el innombrable “el viento” se hizo presente y aparecieron las olas.

No podíamos mirar atrás y solo nos concentramos en remar y lograr cruzar el sector más expuesto. Por momentos la “Kabellera Prat”, como le decimos a nuestro amigo de heroico apellido, se me perdía entre los témpanos, hasta que en un momento logro ver que está protegido por unas rocas cercanas a la costa. Aquí me protejo del viento detrás de un tempano y comienzo a buscar a Claudio. Pasan largos minutos y nada, Claudio no se ve. Sigo remando para encontrarme con Marcelo, los dos con cara de preocupación nos preguntamos por nuestro compañero. Al mismo tiempo comentamos por qué nos expusimos de forma gratuita, si ya sabemos que los cambios en las condiciones para remar son una constante. Al rato, para tranquilidad nuestra, aparece Claudio que nos regala esta frase “La raja esta huevá”. Con Kabellera  y con Marcelo nos reímos, una risa más bien de alivio y tranquilidad.

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Hielo y Canoas
Luego de esta intensa parte del día y poniendo atención a la costa para encontrar un lugar de campamento, llegamos a eso de las 18 horas a una extensa playa con río y una vista de corte surreal, con los témpanos flotando frente a nosotros; solo de mirarnos la bautizamos como Playa Témpano. A parte de la vista incomparable, el lugar tiene un ingrediente extra que es sobrecogedor; el desprendimiento de hielo de los témpanos retumban fuertísimo en todo el canal y esto, amplificado por el eco del lugar, nos deja alucinando.

En la orilla de la playa tenemos hielo milenario a destajo, lo cual nos recuerda que traemos algo que junto al hielo milenario es perfecto. Así es como en esta noche acompañada de tronaduras producto de los desprendimientos, témpanos flotando en frente  nuestro  y  al  calor  de  una  fogata  luego  de  nuestra  espectacular  cena  de spaghetti con tocino, champiñones y aceite de oliva. Aunque ellos no llevaban whisky en sus canoas, nuestra conversa y la situación nos hace pensar nuevamente en los kaweskar: ellos no se organizaban en clanes ni reconocían jefes: cada familia se manejaba en forma independiente y eso es algo que nos empieza hacer mucho sentido ya que en nuestra manera de viajar y de preocuparnos del otro somos una verdadera familia. Su forma de vida se sustentaba en tres elementos; la canoa, el fuego y las rucas, en nuestro caso el kayak, anafre y nuestra carpa. La canoa era su bien material más preciado, situación similar a la nuestra ya que sin nuestro kayak no teníamos ninguna posibilidad de desplazarnos.

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Se acerca Montt
Comenzamos  nuestra  mañana  estirando las piernas, no hay remo para hoy y, revisando la carta y cruzando datos con la información levantada por Marcelo, se suponía que detrás del cerro al costado de nuestro campamento había un lago. La primera duda era el tamaño que el lago podría tener, para detectarlo, y la segunda  duda, era cómo seguía la ruta hacia el glaciar. Desde la playa parecía una agradable y tranquila caminata, pero al poco se dificultó mucho nuestro avance. Al ganar altura la vegetación se fue abriendo, permitiéndonos avanzar sobre rocas lo cual fue un alivio. Ya en el filo del cerro, efectivamente pudimos ver el lago, el cual es bastante más grande de lo que pensamos al ver la carta, y también distinguimos otra bahía, la cual muy probablemente sería nuestro próximo campamento. Desde este punto alto vemos la gran cantidad y tamaño de los témpanos y constatamos lo complejo que se va poniendo la ruta, a medida que nos acercamos más y más al glaciar.

Ya en la playa en dirección a nuestra carpa encontramos unas huellas en la arena húmeda en dirección a nuestro campamento. Al poco andar un huemul macho se nos presenta y sin asustarse continua alimentándose, con total calma.

5.1

Nuestra sexta jornada comienza con cielos nublados, lluvia y viento fresco dándonos a entender lo cerca que estamos de la puerta norte de campo de hielo. Luego de 1 hora y 15 minutos de remo junto a los témpanos con bastante viento y frío llegamos a la bahía. Aquí paramos en el salto de agua a chequear un posible lugar de campamento, que no nos convenció, ya que llegar a él era complicado, sumado a todo lo que tendríamos que portear. Aprovechando la cascada cargamos todas nuestras botellas con agua y decidimos irnos a la playa del fondo.

Una vez armado nuestro campamento en este lugar, bautizado como Playa Luna, nos dedicamos a la cocina y a compartir unos buenos mates para conversar lo que venía. La opción de seguir acercándonos por agua va perdiendo cada vez más fuerza, dado lo expuesto que es remar entre medio de las impredecibles moles de hielo, con el riesgo de que giren sin previo aviso, situación  que hemos visto durante todos estos días sumado a los desprendimientos. Está de más explicar los peligros que esto nos podría acarrear si estuviéramos en el agua.

Sin timón
Luego de matear un buen rato, decidimos de común acuerdo que no tenía sentido exponernos y decidimos salir a la mañana siguiente por tierra al encuentro del glaciar.

Luego de una noche con algo de lluvia y según lo conversado partimos al encuentro del glaciar escalando el cerro que estaba justo al sur de nuestro campamento. Esta vez la roca nos permite avanzar rápidamente y en solo una hora logramos alcanzar la arista que  nos  permite  mirar  el  brazo  del  canal  en  dirección al  glaciar.  Sorpresa al  fin aparece frente a nuestros ojos el Glaciar Jorge Montt. Desde este mirador natural tenemos una vista increíble del canal y los hielos que gracias a momentos con más sol permite ver la enorme lengua glacial en sus distintas tonalidades.

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Ya de vuelta en playa luna preparamos una tablita de queso, salame y frutos secos para  celebrar  este  gran  día.  Hoy  nos  vamos  a  dormir  contentos  por  el  día  que habíamos tenido y sabiendo que mañana podría ser nuestro último día en el agua.

Nuestro despertar es con un hermoso día con cielos casi despejados luego de una noche con lluvia, la cual en contacto con la carpa produce un agradable sonido.

Son cerca de las 10:00 y salgo de la carpa para calentar agua; hoy debiera ser nuestro último día de remo, desde Playa Luna a la entrada del estero Ventisquero, tramo que no debiera tomarnos más de 3 horas y media. En este lugar deberíamos encontrarnos con la lancha Don Tito, que nos llevaría de vuelta a Caleta Tortel, digo debería ya que estos últimos días hemos intentado comunicarnos desde nuestro teléfono satelital para poder confirmar esto y nuestros llamados no han tenido respuesta.

Desarmamos el campamento, empacamos y salimos remando. En el agua  el viento se siente  fuerte, de hecho sin  remar,  me lleva frente a  la cascada, la cual estaba a unos 500 metros de la playa. Aquí espero a los demás; llega Marcelo y luego Claudio, quien se ve complicado con el viento; conversamos y decidimos remar pegados a la costa, para doblar a la izquierda hacia Playa Témpano.

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Al comenzar a remar desde el punto en donde nos reunimos, frente a la cascada, el viento se hace más intenso. En este punto Claudio, que estaba teniendo problemas con su timón, se empieza alejar de la costa sin poder direccionar su kayak; Marcelo parte a darle algunas instrucciones para que pueda girar sin quedar tan expuesto. Luego de una primera intentona que hicimos por dar vuelta  la  puntilla  y  ver  que  los  enormes hielos flotantes  nos  bloqueaban el  paso, decidimos acercarnos a la playa más cercana al cruce y, por razones de seguridad, salir del agua. Con Marcelo comentamos que vemos bastante complicado el cruce hacia Playa Témpano, en especial para Claudio que estaba remando sin timón.

Con pan amasado
Estamos convencidos de que pasando la punta el viento debería bajar; Marcelo nos dice “Kabelleras, hay que cruzar esto”. En este segundo intento la idea era ir en formación: Marcelo y yo en los extremos, dejando a Claudio protegido al medio. Cruzaríamos entre dos grandes témpanos y así, sin mucha palabra, nos pusimos a remar, manteniéndonos bien cerca los tres. Tal como habíamos anticipado, apenas logramos dar la vuelta, el viento casi desapareció por completo y todos gritamos, “¡Vamos que se puede!”. Luego de esto nos fuimos remando paralelo a la costa, dándonos tiempo para lo que podrían ser las últimas fotografías junto a los témpanos. Es así como en la entrada del estero Ventisquero, y con la marea muy baja –que nos hizo encallar en más de una oportunidad- comenzamos a sentir los bocinazos de la lancha Don Tito. Inmediatamente una gran sonrisa se dibujó en nuestras caras. En dos tiempos los tres kayaks están arriba de don Tito, gracias a las ágiles maniobras y la buena disposición de John, quien junto a Guillermo nos reciben con un afectuoso abrazo. En unos pocos minutos nuestros botes están asegurados en la  lancha y frente a nosotros un plato de pasta servido. A esta altura ya no dependíamos de nuestros kayaks. Guillermo estaba a cargo de la nave y tal cual lo vaticinó Kabellera Prat, ¡comenzó a amasar pan para darnos la bienvenida! ¡Los tres grandes objetivos de nuestra expedición, disfrutar la ruta, llegar al glaciar y  volver todos sanos y salvos, están cumplidos!

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