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Frontera Trail: Un Campo de Batalla

Puelche Producciones puso el ojo para un Ultra en las faldas de los mismísimos cerros que se divisan entre las calles de Temuco: Frontera Trail sería el nombre del primer Ultra Trail en la zona. No pude más que dejarme llevar por las imágenes e intentar conocer el sector, pujando por los 60 K en pleno invierno.

Texto: Tito Nazar
Fotos: Frontera Trail, Patricio Oberg

La sequía acumulada en el país me permitía anticipar una carrera seca y con una calidad de aire con índices estrafalarios de smog, por la cercanía de la ciudad. Mas la naturaleza siempre es impredecible y se formaba un frente lluvioso que persistiría en los días.
Una gota extra de emoción a las precipitaciones será el cambio de hora, adelantando el reloj a las 12 de la noche. Pusimos 2 relojes, 2 celulares y un tablet con alarmas y a pesar de eso algunos sonaron a las 2 y otros a las 3 AM; dormimos una hora más para estar corriendo a las 5:10. 70 participantes y sólo 8 mujeres seríamos los que largábamos los 60 K.
El circuito tenía una dosis perfecta de huellas vehiculares, además de senderos para moverse por plantaciones de pinos y alerces y una cuota no menor de senderos abiertos exclusivamente para Frontera Trail.

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Prender las luces
Correr de noche tiene un misticismo fascinante. Una cuota adicional sería ver en muchos giros la ciudad iluminada entre la vegetación siempre salvaje creciendo desde la rica tierra negra que fertiliza el verde frondoso del sur de Chile.
3 horas en una noche que estaba como boca de lobo, entre pinos con olores equilibrados con la humedad y el aire de primera calidad otorgan una conexión que no esperaba en una de las ciudades con una remarcarle acumulación de alertas ambientales producto de la calefacción con leña.
El barro estuvo siempre, pero en pendientes marcadas costaba trepar y agarrarse de coligues, champas de pasto serían la solución para la progresión. El lodo tenía como característica poseer una de base de tierra muy compacta, y sobre aquella una capa de 2 cm de un barro muy jabonoso que auguraba que una caída podía ser un aterrizaje forzoso con moretón asegurado por lo mínimo. Moverse con cuidado sería mandatorio generado posturas distintas con el cuerpo y la utilización de músculos que llevarían a un gasto extra de energía por el simple hecho de estar de pie o de no caerse: Frontera Trail en su primer tercio anticipa no ser benévola.

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Frío y Barro
Recuerdo que elegí usar pequeñas competencias para moverme con el corazón: si alguien me pasaba le mantendría el ritmo lo máximo posible y si alcanzaba a alguien, haría el esfuerzo de pasarlo. Ese juego funcionó bien, especialmente en las zonas de huellas vehiculares; la motivación cuesta mantenerla en lo planos; ¡eso es para los de calle!
Pasar frío en los pies siempre causa consternación, antes de cada carrera viene el momento de analizar varias veces el calzado y calcetines a usar. Pasar frío es duro, especialmente si a uno no le gusta andar con exceso de peso: elegir bien se vuelve más crítico. Pero sabemos que bajando cerros los pies se mantienen tibios, y el circuito entregaba constantes toboganes que dejaban darse el lujo de embeber los pies en pozas de barro pegajoso.
La lluvia cumplió a los pronósticos y fue aumentando en frecuencia e intensidad, a medida que avanzaba el día. Algo bien divertido fue que a veces paraba de precipitar, pero aparecían rachas de viento, y como corríamos siempre bajo las ramas de árboles, el azote de la brisa con la vegetación las sacudía, tirándonos toda el agua sobre el cuerpo… una refrescante sensación a la piel de los corredores que por cierto se mojaron más y más a medida que el día avanzaba.

Campo de Batalla
Después del kilómetro 45, venían pocas subidas y en aposición aparecen suaves y constantes bajadas, eso permitía bajar un poco la frecuencia cardíaca, dejar caer los pies al son de la pendiente siempre húmeda y salpicadora de barro. Eso me incentivó mucho a jugar con la velocidad y las bajadas resbaladizas, empezando a disfrutar mucho del ritmo rápido de un tranco largo y suave.
En los útimos K, se juntaban la mayor parte de las categorías, por lo que la cantidad de pisadas y charcos de aguas se hacían cada vez más abundantes. Se veía gente en el piso más seguido y personas con barro por todas las partes posibles del cuerpo. La escena era algo así como un campo de batalla con caras llenas de lodo y fatiga

apoderados de los pobres seres. Recuerdo uno en particular que se cayó en la poza más grande de toda la carrera, a unos 4K de la meta; el tipo cayó de súbito, quedando con barro en toda la espalda  y pecho hasta la altura del cuello; debo admitir que me reí muchísimo y de ahí al alcanzarlo me di cuenta que la mejor pasada sería simplemente por el centro del charco y lidiar con el barro filtrando a los dedos de los pies. ¡Una sensación especial ciertamente!

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Conclusiones
¿Por qué es que corremos? Las razones son tan variadas…Esa cosa de empujar el límite del cuerpo tiene algo muy especial. Quizá en esta vida mundana carente de emociones reales a algunos nos empuja a machacarle al cuerpo. Quizá ese vínculo atávico que tenemos con el polvo bajo nosotros, el sentir las vetas de los árboles en las manos, el sentir el viento helado en nuestra piel, el ver erguirse los robles altos en un silencio majestuoso, el vivenciar patentemente la incertidumbre de poder o no cumplir las expectativas nos abren a pasajes espirituales reales (porque poco de real tiene la vida “normal de lunes a viernes”); el correr por correr, sin un enfoque competitivo, el salir tan seguido al cerro que puedes generar un ritmo que tu alma no sufre en cada paso, sino que fluye contigo y tú fluyes con el entorno natural, es que te sientes real, real porque eres fuerte y capaz de desenvolverte en lo que será por siempre el desafío máximo, el desplazarte victorioso por la naturaleza: Así nos sentimos más en contacto con el polvo cósmico del que venimos todos. Como dijo un Selk´nam mirando desde una colina “…Yak Haruin” (…mi tierra). Escribo lo último porque eso concluí en Frontera Trail. Mientras corría por los kilómetros más bonitos, algo me pasó al ver esos árboles. No sé si fue este sentir que me dio un impulso especial, pero de una carrera que esperaba terminar dignamente, finalizo alzando una medalla de bronce.


Agradezco a Volkanica Outdoors por el apoyo laboral y darme un calzado específico para trail: Salewa Lite Train. A Waybar por darme la mejor nutrición. Agradecer especialmente a mi padre, que de pequeño me dejó tirar piedras y romper vidrios en la calle y por sacarme al campo los fines de semanas por años.

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