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Expedición al Cerro Fickenscher y Punta Parsifal en la RM

Paisajes glaciales antárticos o caminata por acarreos marcianos. ¿Seco o congelado? Las cumbres que cubre con su macizo telón el macizo del Plomo son visibles desde la ruta 68, una revelación o iluminación celestial, con toda su hermosura y majestuosidad. Aquí la historia de uno de estos cerros, que hace 10 años no registraba ascensos.

Texto: Abraham Bittelman / Fotos: Nelson Brierley, Abraham Bittelman, Ariel Valle.

Cargados con comida, equipo para 9 días y dispuestos a 5 jornadas de porteo, partimos tarde después de una revisión que tomó más de lo que pensábamos, en un soleadísimo día sábado 21 de enero.

A las 11 horas, desde el sector de La Parva, Ariel, Javier, Nelson y yo comenzamos la marcha hacia el refugio Federación, ubicado a 4.200  msnm, con el plan de escalar los cerros Fickenscher y Littoria, haciendo posta nada más que en el cerro El Plomo, en el cual emplazaríamos nuestros campamentos 1 y 2, para posteriormente acceder después de 5 días de intenso tour, al glaciar Esmeralda, nuestro campo base para los dos objetivos en mente.

El tiempo estaba estable, todos en buenas condiciones, y las mismas cordadas de amigos que conformamos hace 10 años en Campos de Hielo Norte.  Caminata para algunos, caballos para otros, mulares para nuestra carga, llegamos a las 17 horas sin novedades a nuestro Campamento Base Federación. Más tarde caminamos hacia la hoya para soltar las piernas e ir mejorando nuestra aclimatación. Cenamos en abundancia y ordenamos todo el equipaje para salir al otro día.

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Porteos varios

Muy temprano partimos con la tarea de portear el equipo y víveres hasta Pirca del Inca, a una altitud de 5.050 msnm. Este duro porteo nos tomó aproximadamente 4 horas y media, siendo recompensados con una increíble vista del glaciar de Los Castaños, hermoso emplazamiento presidido por la pirca ritual, lugar en el cual dejamos nuestro equipo y comida para los próximos campamentos.

Bajamos raudos en dirección hacia el refugio Federación, con la idea de subir nuevamente hasta el refugio Agostini (4.620 msnm) para mejorar nuestra aclimatación. Cuento corto, la idea de comer huevos fritos con arroz y descansar prevaleció sobre nuestra ansiosa empresa de subir por segunda vez en el día. Ya tarde, antes que Morfeo hiciera de las suyas, nos deleitamos con un show espectacular de relámpagos, que nos mostró la multitud de cumbres que nos rodeaba, a través de sus emblemáticas siluetas. El viento arreció fuertemente en la noche, lo cual nos generó dudas acerca del buen tiempo que necesitábamos para nuestra larga travesía.

Continuar o volver a casa

Este día lunes, según nuestra planificación, tendríamos descanso y aclimatación. Dado que todos nos sentíamos bastante bien, decidimos utilizar el día y partir en dirección a Pirca del Inca. Emplazaríamos nuestro campamento en ese mismo lugar, comenzando así la ascensión definitiva.

El cansancio debido a portear todo el equipo, el fuerte viento y algo de nieve que comenzó a caer, nos hizo reflexionar y replantear nuestro campamento. Pernoctaríamos en Agostini con el objetivo de descansar y evitar dormir a más de 5.000  msnm. El plan para el día siguiente sería recoger nuestro depósito en la pirca, para después levantar nuestro Campo 2 en el glaciar Esmeralda, justo detrás de la cumbre del cerro El Plomo. Una jugada muy atrevida, pero considerando nuestras afiatadas cordadas, sentíamos que era perfectamente posible.

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Más tarde, al llegar al refugio Agostini, comenzaba un atardecer impresionante con grandes cúmulos, el cual acompañaba nuestra abundante y recomponedora cena.  Hubo también abundancia en bromas y grata conversación en este refaccionado refugio en altura.

La mañana siguiente nos mostró una cara muy poco amable; los malestares debido a la altitud y la aparición de una vieja lesión, nos obligaron a rediseñar todo nuestro plan. Dos se retiraron, a mucho pesar, de la expedición y continuaríamos solo dos, configurando una nueva cordada y repartiendo ahora el peso sobre dos lomos. Raya pa’ la suma, iríamos juntos los cuatro hasta Pirca del Inca, gratamente ayudados con la carga, para los dos que continuábamos con la posta hacia la cumbre del Plomo.

Un acarreo para olvidar

Dos horas después de una emotiva despedida, a eso de las 17 hrs, completábamos la posta junto a nuestro pesado karma de 25 kilos, en la cumbre del majestuoso cerro El Plomo. Contactamos radialmente desde los 5.424  msnm a nuestras cordadas, que ya se encontraban en el campamento base Federación, atendiendo a un apunado montañista que experimentaba junto a su grupo, lo duro de los carrerones montaña arriba.

Tuvimos un pequeño foro de discusión para decidir por donde bajar hacia el glaciar Esmeralda. Sólo deseábamos llegar pronto a descansar del intenso día.

Ariel había visualizado una bajada directa al Campo 2, por un empinado acarreo justo detrás de la cumbre del Plomo. Lo anterior no me terminó de convencer, por la incertidumbre que me generaba una sección que no alcanzábamos a ver.  Grité, riéndome de la situación: “¡Valle! ¡Este otro lado hacia el portezuelo, con la punta Parsifal, debe tener una bajada mucho más fácil!”. Casi media hora nos tomó bajar por piedras laja de tamaño considerable, sobre las cuales  era  casi  imposible  maniobrar  con  los  bastones  y  nuestras pesadas  mochilas. Finalmente y después de aproximadamente 7 horas desde que partimos del refugio Agostini, logramos nuestro plan original: llegar al Campo 2 ese mismo día martes, con todo nuestro equipo y provisiones.

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Mientras  preparábamos  nuestra  terraza  de lujo,  no podíamos  quitar  la vista  sobre  el imponente  escenario  del  que  éramos  parte:  El  Plomo  a nuestras  espaldas,  Littoria y Fickenscher, compartiendo la vista principal con el inmenso glaciar Esmeralda. Más atrás otros viejos conocidos como el Altar, La Paloma, Alto Los Leones, El Juncal, etc. Y como gran telón de fondo la pared Sur del Aconcagua, ¡una vista privilegiada! Muchas fotos del imponente paisaje, cenar y directo al sobre.

Vestigios de una expedición Antártica

Al día siguiente nos despertamos ya más relajados por tener casi la mitad de la pega hecha. Ordenamos el equipo, preparamos un depósito de provisiones y todo lo que no utilizaríamos en el Campo 3. Era un sueño, al fin estábamos en el glaciar Esmeralda, listos para usar todo nuestro equipo; la superficie marciana ya era historia.

Nos encordamos y comenzamos la travesía a través del glaciar, de modo de establecer nuestro Campo 3 (4.800  msnm) a los pies del cerro Fickenscher y Littoria.

El glaciar en su parte superior estaba bastante cubierto, casi sin grietas y con hielo muy consistente. Argumentos iban, argumentos venían, optamos por cruzar a su ancho el glaciar, de tal manera de poder observar más de cerca una hermosa laguna glacial ubicada en dirección norte, emplazada justo en el portezuelo entre el Littoria y las estribaciones al noreste del cerro El Plomo.

Un par de horas más y ya nos encontrábamos en la parte inferior del glaciar, junto a esta inmensa piscina gélida.  Para  evitar las  grietas  longitudinales  del  gran  desnivel  que enfrentamos, tuvimos otra interesante excursión a través de una extensa morrena lateral, la cual sacó más de algún garabato por nuestro difícil avance. Continuamos siempre en paralelo a unas grandes grietas transversales en la base misma del glaciar Esmeralda; éstas nos guiarían a nuestro posta final, el Campo 3.

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Pasadas unas horas desde lejos divisamos una pequeña mancha de tonos más vivos, la cual se encontraba relativamente cerca de nuestro próximo campamento. Una vez ahí encontramos viejos restos  de una varilla y tela de carpa mezclados con hielo, no se divisaban otro tipo de restos, ¿Que habrá pasado?, ¿El viento se la arrebató a alguien? Se hacía tarde y una gran grieta nos impedía saber más detalles de este misterio. Nos alejamos del lugar especulando sobre este asunto, y a las 17:00 llegamos a armar entre grietas el Campamento  3, el cual nos permitiría realizar la ascensión a nuestros objetivos: el Fickenscher (5.405  msnm) y el Littoria (5.352)  msnm. Después de un grato parloteo satelital con nuestras hermosas divas, tratando con monosílabos de explicar que estábamos bien, discutimos nuestros próximos pasos a seguir. Mirando hacia el noroeste, el Littoria presentaba sus atractivos: una rimaya bastante incómoda de cruzar, y una ascensión por un tedioso acarreo, propio de las planicies marcianas. Frente a nosotros, la pared del Fickenscher, sin ascensiones recientes conocidas y con una impresionante pared de hielo y seracs que sortear.

¿Por qué cambié mi piolet?

Partimos encordándonos a las 09:00, ya que habíamos decidido utilizar todo el día para disfrutar la ascensión y no presionarnos con el tiempo. Primó el buen gusto montañístico, esta vez el marcador fue 2-0 a favor de ascender el Fickenscher, pero con la marciana condición de subir la punta Parsifal a nuestra vuelta. El día reservado para ascender El Littoria, lo utilizaríamos  para  llegar  un  día  antes  de  lo  planeado, y  tener  un  merecido  día  de rehabilitación en nuestros hogares. El Littoria quedaría pendiente para otra oportunidad.

Fue una jornada intensa, 5 horas de ascensión con múltiples cruces de grietas, esquivando un par de abismos glaciales y algo más de la mitad de la travesía, avanzando cuidadosamente por un campo de hielo de una pendiente entre 40° y 50°. Para rematar este deleite glacial y por sobre amenazantes seracs, una aérea pared de hielo descompuesto de unos 60° a 65° de inclinación, cubierto por una engañadora y molesta capa de nieve.

Anteriormente, mientras preparábamos el equipo para la expedición, en nuestra obsesión por disminuir el peso, decidí quedarme con un piolet de marcha robusto pero relativamente romo, en reemplazo de dos afilados piolet técnicos. ¡Qué manera de extrañarlos durante la escalada en la pared! Me obligó a esforzarme más de la cuenta con cada paso que daba, gran trabajo era asegurarlo al hielo, y una vez anclado costaba un mundo sacarlo. Más tarde Ariel me comentaría que le extrañó el escuchar tanto golpeteo de piolet, “¿estará cavando un atajo a la cumbre?”.

Ariel tomó la delantera con un impecable estilo alpino, logrando finalizar la escalada más delicada, sin mayores dificultades.

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Ya superado este filo aéreo que iba directamente a la cumbre sur del Fickenscher, solo tuvimos que realizar un traverse por sobre el glaciar, en dirección a la cumbre principal. Una vez allí, una simple trepa nos separaba de dejar nuestro testimonio en una cumbre que fue visitada la última vez por Claudio Gálvez, a comienzos del año 1998.

Encontramos un lápiz mina y pequeño libro de testimonio de cumbre, bastante dañado, ya que se encontraba a la intemperie, envuelto a medias en una destruida bolsa plástica. Una sencilla libretita, colmada de historia montañera, describiendo 10  ascensiones con históricos de la escalada nacional. Emocionante compañía la que nos brindaban estos célebres montañistas a través de sus escuetas palabras, describiendo el tiempo, la ruta, saludos a seres queridos, e incluso quejas por no poder leer el libro debido a una nevazón. Lamentable no haber podido revisar con más detalle las primeras páginas escritas en la primera ascensión de 1947, bastante a mal traer, sólo se apreciaba la fecha y una que otra frase inconexa.

Le dedicamos un buen rato a comer, reírnos, fotografiar, disfrutar de la gran vista, y por supuesto dejar nuestra huella en esta connotada libreta. Ariel auspicio con una bolsa seca para proteger este pequeño tesoro cumbrero. Ahora tenemos la certeza que el libro podrá cumplir fácilmente los 100 años sobre esta poco visitada cumbre de la zona central.

¿Por dónde bajamos?

En nuestro análisis de la ruta, desde el Campamento 3, advertimos que el filo sureste (opuesto al que habíamos subido), no presentaba grandes dificultades, y era muy similar al que nosotros habíamos escalado. Nuestra idea era completar la vuelta completa a este cerro, pero ya bajando por este filo, nos dimos cuenta que justo por debajo del filo cumbrero existía una rimaya que nos planteaban más preguntas  que respuestas. Nos miramos y la decisión fue unánime. Volvámonos a la antigua, por donde vinimos.

Para hacer más segura la bajada de la pared y evitar un resbalón que claramente terminaría en la base del glaciar, decidimos asegurarla con nuestra cuerda y anclajes cada 50 metros aproximadamente. Nos descolgaríamos por turnos y desescalaríamos de la misma manera, para poder recoger los anclajes. Cada anclaje fue un desafío ingenieril ya que el hielo era poco consistente para los tornillos, y las estacas no se afianzaban firme en la delgada capa de nieve. Los piolets que traíamos, ayudaron bastante para afianzar estos improvisados anclajes.

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Completábamos 10hrs y ya estábamos de vuelta en nuestro Campo 3, contemplando con deleite, probablemente las únicas huellas dejadas en esta pared, en más de 10 años. EL largo viaje que significa estar en el glaciar Esmeralda, explica en parte por qué no se encuentran muchos montañistas por estas latitudes. Más tarde coordinamos por el satelital, que el arriero adelantara su llegada para el día sábado a las  11:00, de manera de estar en Santiago ese mismo día en la tarde.

Parsifal, guinda de la torta:

Comenzaba nuevamente nuestra carrera de postas, ahora de vuelta a casa y con el alivio de pensar que el peso en nuestras mochilas había disminuido bastante.

Pasamos por nuestro campo 2 y recogimos todo lo que habíamos dejado en el depósito. Nuevamente nuestra carga se convertía en algo que nuestras espaldas no olvidarían tan pronto. Emprendimos viaje raudo y decisivo hasta el portezuelo entre el Plomo y la punta Parsifal, bordeando la parte superior del glaciar Esmeralda, con el objetivo de llegar, ojalá, hasta el refugio Agostini para no armar campamento y dormir como reyes.

Era el momento de devolverle la mano a mi marciano amigo y acompañarlo en un trekking para conocer la poco visitada punta Parsifal. La gran noticia de todo esto fue que dejaríamos las mochilas por un rato, la mala, es que iríamos corriendo, ya que no teníamos tanta luz de día para llegar a Agostini. Recorrimos todo el filo cumbrero buscando un testimonio de cumbre, sin éxito. Tampoco dejamos  uno  ya  que no había  tiempo  ni papel.  La  vista  privilegiada de esta  cumbre abandonada, nos regaló tomas fotográficas en primer fila para contemplar el Paloma y el Littoria.

A la copa o duros

Ya con las mochilas nuevamente en nuestros hombros y haciéndonos la idea de tener que subir nuevamente hasta el filo cumbrero del Plomo, vislumbramos que un traverse por un cómodo acarreo por sobre el glaciar colgante, nos permitiría una ruta directísima hacia la pirca del Inca. Que mejor que ahorrarse el porteo hasta los 5.400msnm. Ya veíamos el camino hacia Agostini, pero antes nos quedaba una última posta para recoger la comida y equipo que habíamos dejado en la pirca. De verdad que una vez cargadas las mochilas, éstas se hicieron insoportables, lo que aceleró nuestro tranco para llegar a destino.

Pasadas 6 horas de porteo desde el Campamento 3 en la base del Fickenscher, llegábamos al cómodo refugio Agostini; preparamos un suculento menú de tallarines y solo nos quedaba decidir si los huevos serían duros o a la copa.

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Huéspedes inesperados:

Al amanecer del día sábado, 05:00 o quizás antes, nos despertaron algunos montañistas que estaban intentando el Plomo, no entraron, solo iban de pasada. Tratamos de conciliar el sueño pero, nuevamente aparecieron exploradores, los cuales no dudaron en entrar al refugio a eso de las 06:30. Entre dormidos y sin entender mucho lo que pasaba, comenzamos a ofrecerles a estos 3 comensales, comida y ayudarlos a hidratar. Ellos prendieron su anafe a gas y comenzaron un cocimiento de sopa y todo. Nunca había visto una ascensión  con  comida  a  medio  camino,  y  además  servicio  de  despertador  incluido. Disfrutamos su compañía nos reímos, y aprovechamos de levantarnos a la fuerza, para tener todo listo y estar a las 11.00 en el refugio Federación, según lo convenido con don Mauricio, nuestro arriero. Los despedimos, organizamos toda la comida para dejarla en el refugio, y bajamos toda la basura que ya había en el refugio, por lo que nuestras mochilas ya no tenían absolutamente ningún recoveco para utilizar.

Cansancio caballo

Llgeamos a las 09:30 a Federación. Rápidamente recogimos y ordenamos los petates del Base, recogimos lo que habían  esparcido nuestros amigos alados dando picotazos a nuestros petates, y a eso de las 10:56 ya podíamos finalmente sentarnos y descansar un poco. Pero desafortunadamente para nosotros, don Mauricio como un inglés, llegó con sus caballos a las 11 o’clock. Mejor suerte para la otra. Llegábamos así a la posta final, donde nuestros orejudos ayudantes, Coipo y Calafate, nos relevaban de absolutamente toda nuestra carga. Ciertamente ahora entendemos que es tener un cansancio caballo.

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