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Descubriendo los delfines de la Patagonia

El científico Cayetano Espinosa y su equipo salieron en busca de la única especie de cetáceos de Chile, el delfín chileno. Quería verificar los efectos de la instalación de las industrias en las especies endémicas de los fiordos del sur. Un estudio con un objetivo escurridizo de hallar pero que avanza con sorprendentes resultados.

Texto: Cayetano Espinosa

Ya sentado en el bus no hay oportunidad de echar pie atrás. Comenzaba una expedición de cinco meses en la Patagonia, la cual se convertiría en el desafío más importante que he abordado en mi vida. Llevo la bandera de un estudio que comenzó hace 15 años con la convicción de una alemana intrépida y su ayudante -la Dra. Heinrich y la bióloga marina Marjorie Fuentes-, y que hoy se ha convertido en el estudio de más largo plazo que existe para el monitoreo de la única especie de cetáceos realmente chilena: nuestro sin igual delfín chileno (cephalorhynchus eutropia).

En el marco de mi tesis como estudiante del Programa de Doctorado en Medicina de la Conservación de la Universidad Andrés Bello, y junto a la ONG Yaqu Pacha Chile, el objetivo de mi investigación es evaluar si el estrés causado por las actividades humanas costeras compromete el sistema inmune de los delfines que habitan áreas contaminadas o intervenidas.

El sistema de fiordos del sur de Chile es un lugar frágil y majestuoso, que durante las últimas décadas ha sido invadido por industrias como la acuicultura. Este estudio busca destacar el valor de nuestras especies endémicas, que no se encuentran en ningún otro lugar del planeta, usando a los delfines como centinelas de la calidad del mar.

Yo y mis excelentes voluntarios chilenos y extranjeros llegamos a un pequeño pueblo costero llamado Yaldad, con la camioneta cargada de equipos de trabajo, motores, y dos botes zodiac. Este lugar se convirtió en nuestra base de operaciones y aquí pasamos Navidad, Año Nuevo, cumpleaños, frío, cansancio, fracasos y aciertos. Me gusta pensar que fueron más los aciertos.

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Nuestra base en Yaldad

El área de estudio es muy extensa y sólo alcanzábamos a recorrer una pequeña parte cada día, volviendo todas las noches a nuestra base. Nos levantamos a las 06:00, para echarnos al agua alrededor de las 07:30, y regresar a las 18:00. Era un trabajo agotador pero gratificante.

De madrugada veíamos el majestuoso paisaje conformado por el cordón de cerros y volcanes en los Andes. El volcán Chaitén, el Michimahuida, el Corcovado, Yanteles y Melimoyu, eran algunos de los gigantes que nos saludaban cada mañana.

Durante las navegaciones, íbamos a velocidad constante con las miradas puestas en el horizonte. Aprovechábamos las mañanas porque la mar estaba plana como un espejo. A veces navegábamos horas sin novedad, observando cómo las montañas de piedra caliza irrumpían en los fiordos y canales, y cómo el bosque, modelado por el viento, llega hasta el límite de pleamar.

Seguramente, estos paisajes no han cambiado mucho desde cuando Charles Darwin visitó estos lugares en 1834. Por cierto, durante la expedición no pude dejar de pensar en cuánta razón tenía sobre el clima del lugar cuando decía “en invierno el clima es detestable, por lo demás no es mucho mejor en verano”.

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¡Delfín a la vista!

Durante diciembre y enero el clima nos da la espalda y empiezo a preocuparme por los resultados que debo obtener. Cuando llega el viento norte, los días de lluvia no nos permiten salir a navegar por la mala visibilidad y el riesgo de dañar los equipos de muestreo, y nos quedamos analizando datos de años anteriores en la casa, pues siempre hay trabajo que hacer.

Con el viento sur, algunos días vimos el sol, pero entonces el oleaje se hace más fuerte por la orientación de la costa hacia el golfo del Corcovado. En muchos intentos nos echamos al mar pero las ráfagas de viento y el oleaje nos obligan a regresar al muelle a las pocas horas, completamente mojados. Al volver sin ningún avistamiento, igual debía hacerme el ánimo de sacar el bote del agua, lavar todo el equipo y la ropa empapada de agua salada, encender el fuego para secar las cosas, cocinar algo reponedor y dejar todo listo para intentar todo de nuevo al otro día. Nos dividíamos entre los miembros del equipo las tareas para alivianar el cansancio que a veces nos consumía, pero la buena onda entre todos nos da ánimo para seguir una y otra vez.
Cuando navegábamos, el constante ruido del motor a menudo se convierte en silencio mientras buscamos algún movimiento en la superficie, algún salpicón de agua a lo lejos, alguna aleta tímida o un salto sorprendente. De reojo veo algo a lo lejos y me quedo con mirada fija en ese punto, rápido grito: “¡Delfín! Y todos ya conocemos el protocolo a seguir, anotando punto GPS, distancia y dirección.

Delfín chileno3 mirando bajo la superficie Cayetano Espinosa Yaqu Pacha

Recargados de Energía

Mientras nos aproximamos no puedo perder de vista a los delfines. Preparo el equipo de biopsias, Marjo toma la caña del motor, Coto prepara las cámaras y Sonja los equipos de acústica. Antes de llegar nos detenemos a observar el comportamiento de los delfines; pueden estar descansando, socializando, alimentándose o en alguna otra actividad, pero esta vez vienen viajando rápido hacia nosotros con uno que otro salto. Es un grupo de delfines australes adultos sin crías, que usualmente son juguetones y se acercan obsesionados con la proa del bote y se van sumando más delfines en la medida en que avanzamos, hasta llegar a 25 delfines en la proa de nuestro pequeño zodiac.

A veces están tan cerca que los lentes de nuestras cámaras no logran enfocarlos, y si quisiéramos podríamos tocarlos sólo con sacar la mano fuera del bote. Obviamente este avistamiento nos recarga de energía y derrumba todas nuestras frustraciones pasadas. Muchas veces, los observados somos nosotros, cuando los delfines sacan la cabeza del agua, saltan para mirarnos, y si asomas la cabeza ellos se voltean de lado para mirarte con sus ojos. Esa mirada tan particular y la complejidad con la que se organizan nos sorprende todas las veces, nos cautiva. ¡Pero el trabajo debe continuar!

Una vez que logramos obtener las fotografías suficientes de sus aletas, como un subrogante de su huella digital, entonces ya podemos identificarlos individualmente y procedemos a la toma de biopsias y a las grabaciones acústicas, recolectando datos ambientales para la investigación. Tan pronto como terminamos, dejamos al grupo de delfines para seguir nuestro camino.

Durante nuestro viaje de regreso, cuando parecía no haber novedad, alguien avista un delfín y todos volvemos a nuestras posiciones de trabajo. Esta vez son delfines chilenos, pequeños y gorditos (bien chilenos), alimentándose junto a lobos marinos.

Delfin austral5 Cayetano Espinosa Yaqu Pacha

Acercando los delfines a las comunidades

Para nuestra sorpresa, hay tres madres con crías en el grupo. A dos de las crías las identificamos como recién nacidas: poseen líneas en su cuerpo, las marcas de los pliegues fetales. Este delfín fue el motor que inició nuestro proyecto, tan desconocido entre nosotros los chilenos; estoy seguro de que si más personas supieran que existe, estaría de plano en el escudo nacional. Tomamos algunas fotografías a distancia para identificar quiénes eran las madres y enriquecer nuestro catálogo de delfín chileno, donde en palabras simples, describimos la vida de cada uno de los delfines, y luego nos alejamos lentamente. Al llegar a nuestra base todos celebramos con copa de vino en la mano, haciendo un merecido ¡salud!

Aunque no es parte de mi estudio, siempre es recomendable integrar de una u otra forma un plan de divulgación de la ciencia de la investigación. Desde el año 2003, la ONG Yaqu Pacha Chile ha realizado actividades de divulgación de las ciencias en diferentes localidades de Patagonia Norte, acercando la biodiversidad marina hacia las comunidades que reciben con entusiasmo las actividades y conocimientos. Para mí, es importante que no sólo los científicos, sino personas de todos los sectores se empapen con los avances de las investigaciones. Incluso, a veces hemos encontrado interés y apoyo de la comunidad para cubrir necesidades logísticas de la investigación.

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La investigación científica

En cuanto aumenta la población humana en zonas costeras, también lo hace la presión sobre los ecosistemas costeros a través de la modificación y destrucción del hábitat, la explotación insostenible de los recursos y la contaminación marina. Actualmente una de las principales preocupaciones para la conservación de pequeños cetáceos en el sur de Chile es el desarrollo costero y la acuicultura intensiva.

La acuicultura y otras actividades humanas pueden aumentar el riesgo de enfermedades infecciosas en mamíferos marinos, debido al aporte de factores de estrés como la presencia de contaminantes químicos y biológicos. Los avistamientos realizados en la ecorregión marina  chiloense en el sur de Chile han documentado una alta prevalencia de lesiones de piel en cetáceos costeros, incluyendo al delfín chileno (Cephalorhynchus eutropia), único cetáceo endémico de Chile y al delfín austral (Lagenorhynchus australis), el delfín más abundante del sistema de fiordos de la Patagonia.

La persistencia de lesiones cutáneas ha sido sugerida como indicador de deficiencias inmunes en cetáceos. Este estudio responde a la necesidad de generar información sobre los efectos de las actividades humanas sobre la salud de los cetáceos, en particular sobre poblaciones costeras que utilizan hábitats altamente degradados. Usando técnicas moleculares, el objetivo es caracterizar la composición y diversidad de bacterias en la piel de los delfines y determinar la expresión de genes de función inmune, para estudiar la relación entre la presencia de perturbaciones humanas y la respuesta del microbioma cutáneo y la expresión génica en los delfines, incluyendo las diferencias entre especies.

Este proyecto permitirá avanzar hacia la identificación de las principales amenazas para la conservación de algunas de las especies menos conocidas de delfines, incluyendo al único cetáceo endémico de Chile. Más información en www.yaqupachachile.com

Delfin chileno1 Cayetano Espinosa Yaqu Pacha