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Tag Archives: Africa

A Vela de Hoorn al Cabo de Hornos: África

En este segundo capítulo, Cristian Donoso nos cuenta como unió navegando Holanda y Chile. Con una selección de los registros de su bitácora, en esta ocasión nos cuenta de su viaje desde Portimao a Isla Sao Vicente

Texto y Fotos: Cristian Donoso

En principio teníamos proyectado navegar hasta Palmas de Gran Canaria, pero el anuncio de un fuerte temporal que entraría en el archipiélago antes de que pudiéramos alcanzar puerto, nos persuadió de seguir el “plan B”: Marruecos. Entonces pusimos proa al Este, en dirección a Agadir. Entramos a la Marina Agadir 15 minutos antes del Año Nuevo. Desde la costa la gente nos saludaba con entusiasmo etílico.
Ya es 5 de enero. Mientras nos servimos unos ricos pescados a la parrilla en un mercado tradicional, por un parlante a un metro de mi cabeza comienza a sonar con estridencia un canto místico y desgarrador de alabanza a Alá. Afuera, los creyentes se postran sobre sus alfombras, inclinándose hacia La Meca, en Arabia Saudita. Más arriba, en el cerro que domina Agadir, y junto a unos camellos, se lee en grandes letras arábicas la triada “Alá (Dios), el rey y el pueblo”.

 

dir”, rodeada de tiendas exclusivas y departamentos de lujo.

Terminando de cenar en el Puerto Deportivo de Las Palmas de Gran Canaria.

Terminando de cenar en el Puerto Deportivo de Las Palmas de Gran Canaria.

Cementerio musulmán en el río “Bu Regreg”, junto a los muros de la ciudadela de Salé, en Marruecos. Todas las lápidas miran hacia La Meca, en la lejana Arabia del Rey Saud

Cementerio musulmán en el río “Bu Regreg”, junto a los muros de la ciudadela de Salé, en Marruecos. Todas las lápidas miran hacia La Meca, en la lejana Arabia del Rey Saud

Nubes del Sahara
Hoy es 14 de febrero, el martes pasado zarpamos de Agadir, con destino a las islas Canarias, un gran archipiélago ubicado frente a las costas de Sahara Occidental. Fue la primera singladura con sólo dos tripulantes a bordo de la goleta: Fabiola y yo. Fue también, una de las singladuras más felices que hayamos tenido. Buena comida, buena música, muchas risas, poco oleaje y un excelente viento del sureste, que nos llevó rápidamente a las costas orientales de Canarias.
En el camino, centenares de tortugas pasaron junto al yate, impregnando la navegación de un aspecto onírico. Poco después de llegar a Puerto Corralejo, en el extremo norte de isla Fuerteventura, nos alcanzó un temporal que venía pisándonos los talones, con vientos de 40 nudos. El ambiente soleado fue oscurecido por la “calima”, un viento proveniente del interior del desierto del Sahara, que nos cerró la visibilidad con una gran nube de arena.
21 de marzo: hemos llegado a isla Sal, en la República de Cabo Verde (Africa subsahariana) empujados por los Alisios, que soplaron constantes por la aleta de estribor por cerca de 1500 kilómetros, desde Las Palmas de Gran Canaria.
En el trayecto pasamos frente a las costas de Sahara Occidental, Mauritania y Senegal. Entrando en aguas de Mauritania, pusimos proa al oeste con el fin de apartarnos más de tierra, y así prevenir el abordaje de piratas.

Frente a las costas de Mauritania, y luego de varios días de navegación sin ver embarcación alguna, nos encontramos con el buque escuela español “Sebastián Elcano”, gemelo de nuestra “Esmeralda”. Navegamos “en conserva” por varias horas.

Frente a las costas de Mauritania, y luego de varios días de navegación sin ver embarcación alguna, nos encontramos con el buque escuela español “Sebastián Elcano”, gemelo de nuestra “Esmeralda”. Navegamos “en conserva” por varias horas.

Paisaje de Pascua
Al día siguiente, durante la mañana, nos cruzamos con el buque escuela español “Juan Sebastián Elcano”, gemelo de la fragata “Esmeralda”, de la Armada de Chile. Navegamos todo el día con Elcano en “conserva”, con sus esbeltos árboles siguiéndonos de cerca. Después de medianoche, Elcano puso en marcha sus motores, y se perdió en el horizonte con destino a Cabo Verde.
Después de ocho días en altamar, finalmente divisamos tierra entre la jarcia de babor. Dos cráteres desérticos destacaban en el horizonte. Desde el mar, el paisaje semejaba a Rapa Nui. Pasando cerca del extremo norte de isla Sal, caímos a babor, y con las últimas luces del día, divisamos los dos molinos de viento que anuncian la entrada del pequeño puerto de Palmeiras.
Entramos en la rada, y tiramos el ancla, quedando “a la gira”. Desde la costa nos llegaban los ecos de un carnaval. Después supimos que se trataba de la antesala a una importante fiesta religiosa, con Sao Jose como figura principal, que seguramente sería algo menos secular que aquella comparsa de gritos y tambores.

Salir al Atlántico
Es 8 de abril y finalmente ¡todo listo para partir! Mañana a primera hora zarparemos de isla Sao Vicente (África), en demanda de Brasil. Será una larga navegación, de 15 a 20 días, en la que cruzaremos el Océano Atlántico de nor-oriente a sur-poniente, navegando de África a América; ¡desde la perspectiva de un yate, el mundo parece muy pequeño!
El 3de mayo, estando próximos a los 4 grados de latitud norte, en el centro mismo del Océano Atlántico, entramos en la zona de calmas ecuatoriales, donde los vientos Alisios desaparecen, elevándose hacia la estratósfera, para dejar bajo ellos un cinturón planetario de mar llana, donde los vientos sólo se presentan ocasionalmente en forma de violentos chubascos de lluvia caliente, que duran algunos minutos y que se suceden en forma alternada, viajando bajo cúmulos de nubes que deambulan como islas erráticas hacia cualquier dirección, y que son visibles a gran distancia, tal como los chubascos que se suceden como olas en las llanuras de Patagonia.
Sobre las aguas calmas emergen bandadas de peces voladores, que a veces vienen a caer sobre la cubierta del yate. Imperdible detener el motor por un momento, y darse una zambullida en medio de esa inmensidad. Las puestas de sol en esta zona de calmas ofrecen espectáculos de belleza sublime.

6 días sobreviviendo a Kenia en mtb

Después de haber terminado esta competencia puedo decir que sobreviví. Sobreviví a lo que es, hasta ahora, una de las mayores aventuras de mi vida (¡que pocas no son!). En solo 6 días fui perseguida por un elefante, tuve que sobrevivir al duro y hostil sol de Kenia, a kilómetros de terrenos arenosos, horas sin agua y superar mis propios límites, en una carrera que mezcla todo: esfuerzo físico, mental, técnicas de supervivencia y tener en todo momento alerta tus 5 sentidos.
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