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Navegando en familia desde Grecia a Cabo de Hornos

Desde antes de poseer nuestro velero era un sueño navegar con un propio barco los fiordos y glaciares de Tierra del Fuego y el cabo de Hornos.  Navegar el Canal Beagle, arribar a Puerto Williams y explorar la región también era regresar, en familia, al lugar en donde junto con mi mujer nos conocimos y comenzamos una aventura sin precedentes.

Texto y Fotos: Osvaldo Escobar

Mientras vivíamos en Münster,  Alemania, recordábamos constantemente nuestra primera navegación a vela juntos en Cabo de Hornos hace 9 años; en aquel entonces yo era capitán de un velero alemán y filmaba un importante documental para la cadena de TV alemana ZDF sobre Cabo de Hornos. Semanas antes nos habíamos conocido en Puerto Williams y desde allí no nos volvimos a separar.Luego de haber navegado varias veces el Cabo de Hornos y la Antártica, tomé la decisión de radicarme un tiempo en Inglaterra para cursar una exigente certificación internacional de navegación, otorgada por la Royal Yachting Asociation (RYA). Ya como  Skipper Yachtmaster off Shore, con Jutta -mi mujer-, nos fuimos a navegar por segunda vez juntos, esta vez a las Islas Baleares, en el Mediterráneo. Por más de dos semanas navegamos el archipiélago de la isla de Mallorca e Ibiza, con una temperatura media de  35°C cada día.

Una verdadera prueba para nosotros, nuestra segunda larga navegación motivaba aún el gran sueño, ¡nuestro propio barco! Jutta había cursado sus licencias de navegación en Alemania, pero para embarcaciones relativamente más pequeñas, y comenzó  inmediatamente a rendir sus exámenes para capitán de yates. Una importante etapa ya estaba lograda, ya los dos estábamos en condiciones de gobernar un velero de alta mar.

La busqueda de un yate de expedición

Nos decidimos a buscar un velero que reuniera las condiciones de construcción, seguridad, técnicas y de maniobra para efectuar una larga travesía por cualquier tipo de aguas oceánicas. Optamos por un conocido modelo alemán, el famoso Reinke 15m. Pero, ¿dónde encontrar alguno? Es un modelo bastante conocido en Alemania y probado en diversos tipos de expediciones, pero encontraríamos uno de estos en Europa? Luego de 2 años de búsqueda por diversos países encontramos uno de ellos en un pequeño puerto al sur de Grecia.

Finalmente en diciembre 2009, viajamos a Preveza, y vimos por primera vez el velero fuera del agua. Pasamos unos días en el velero para conocer cada detalle y efectuar posteriormente las pruebas en la mar y controlar  cada uno de sus equipos y maniobras. Efectuamos una segunda visita más técnica a inicios de febrero 2010 y finalmente junto a una buena botella de champagne, celebramos la compra abordo de nuestro gran sueño: nuestro propio velero.

Rey Neptuno a espera de nuestro cruce de la linea del Ecuador

Todos los preparativos y organización para dejar definitivamente Alemania y embarcarnos, fue la etapa más cansadora de esta expedición. Ya no hablábamos tan solo de la organización nuestra, sino que también las de nuestro casi recién nacido hijo y tripulante Theo, que ya tenía 1 año 3 meses cuando nos embarcamos.  Las horas y días de trabajo se dividían en dos tipos de gestiones, las primera en cuanto a nosotros, o sea dejar nuestro departamento, vender el auto, qué hacer con nuestras cosas de la casa, dejar el trabajo, buscar nuevos seguros de salud… y además todo lo un niño podría necesitar en un barco y por un tiempo aún indefinido.

Si pensábamos en el velero la lista aumentaba aún el doble: buscar seguro para el velero, organizar la ruta de navegación, efectuar modificaciones en el velero, comprar e instalar nuevos y modernos equipos de navegación y seguridad, especialmente un muy buen equipo de primeros auxilios que sin duda sería lo único que tendríamos mientras nos encontremos en alta mar. Con la ayuda de amigos médicos en Alemania, efectuamos diversos cursos especialmente para coser la piel en caso de accidente y además  tendríamos la posibilidad de llamarlos vía teléfono satelital, al igual que coordinamos con el pedíatra de Theo en Alemania, que en cualquier momento y en cualquier horario podríamos llamarlo en caso de emergencia.

Luego de meses de duro trabajo  en tierra, ya solo queríamos estar en nuestro yate. A inicios de marzo 2010 dejamos definitivamente Alemania y llegamos a Grecia en un típico día de verano en el Mediterráneo,  con una temperatura de 37°C .

Comienza la expedición Grecia a Cabo de Hornos

8.500 millas de navegación nos separan desde el Puerto de Preveza en Grecia, de nuestro anhelado destino, allá en el extremo sur de Chile, las aguas del frío y tormentos Cabo de Hornos. Zarpamos desde Grecia y pusímos la proa en dirección a la Isla de Paxos, en donde esperaríamos buen viento para cruzar a Italia. Nuestra primera navegación nocturna en família, una tremenda alegría de estar haciendo lo que soñabamos.  Pasamos por Crotone, Riocella Ionica y las conocidas Islas de  Sicília y Cerdeña. Nos propusimos que en cada navegación nuestro hijo debía estar firmemente amarrado al barco con un sistema de salvavidas y arnes al barco, especialmente diseñado para niños. Por supuesto no fue fácil al principio, especialmente con las calores, pero todos nos acostumbramos a esta norma de seguridad, especialmente Theo.  Nos fuimos por varios días a la Isla de Malta, para así continuar  con rumbo a Africa y recalar en Túnez. Desde el Puerto de Bizerte en Túnez cruzamos el Mediterráneo para llegar a España y Marruecos,  posteriormente al famoso Estrecho de Gibraltar.

En medio del Oceano Atlantico

Hasta Gibraltar nuestras navegaciones fueron prácticamente diurnas, razón por las que nuestras guardias quedaban divididas de acuerdo al cansancio de cada uno  y a los requerimientos de nuestro hijo. Por lo general no fue una tarea fácil, puesto que cuando uno de nosotros estaba al timón, el otro debía estar permanentemente con Theo, ya sea para jugar, además de cocinar, limpiar, cambiar pañales, contestar la radio y llevar el rumbo en la carta de navegación.

En Gibraltar  esperaríamos una buena ventana de viento para efectuar nuestra primera larga travesía por el Atlántico hacia la Isla de Madera, en Portugal. 680 millas náuticas nos separaban aún de la Isla de Madera, que significaban para nosotros 5 a 6 días de navegación de día y noche. Para este tramo nos dividimos las guardias en 4 horas cada uno a contar del momento en que Theo lograba dormir. Así nos manteníamos hasta el momento en que nuestro pequeño tripulante despertaba. Claro que en diversas oportunidades, especialmente de  noche debíamos estar los dos juntos en cubierta para ver la posición de pesqueros, boyas, controlar el rumbo y efectuar maniobras de velas cuando cambiaba el viento. Con bastante café y buen humor a pesar del cansancio nunca tuvimos ningún inconveniente! Los días pasaban así bastante rápido y Theo se acostumbraba cada vez mas al movimiento y  a las grandes olas del Atlántico.

Dos semanas nos tomamos de descanso en la Isla de Madera, un maravilloso lugar, llenos historia y una fantástica vegetación. Aquí recibimos la visita de los papas de Jutta, con quienes compartimos 10 días y así nos despediríamos definitivamente de nos tan solo de ellos, sino también de Europa.

En el Puerto de Funchal (capital de Madera), cargamos nuestras frescas provisiones. Para tramos de hasta 5 días debido al fuerte calor compramos siempre lo justo y necesario en cada puerto. Claro que siempre fue el momento más interesante para nosotros, ir al mercado local o supermercado, y encontrarnos con una gran gama de productos nuevos, novedosos y prácticos para llevar en cada viaje.  De mucha utilidad fueron los consejos de otros navegantes que ya estuvieron anteriormente en los puertos y en sus respectivos “Blogs” ya describían las “picadas” para ir de compras!

Zarpamos así a inicios de octubre 2010 a las Islas Canarias, en España, en una navegación que nos tomó solamente 3 días, nuestro paso fue breve, puesto que teníamos contemplado dirigirnos rápidamente a las Islas de Cabo Verde, en África.

Sin duda este tramo en alta mar, no estaba fuera  de peligros, el hecho de navegar en temporada este tramo tan solitario y en las cercanías de países como Dakar y Senegal, permite en la actualidad, que en ciertas oportunidades embarcaciones a vela sean sorprendidas por los piratas locales. Los cuales fuertemente armados se aproximan a los veleros con rápidas lanchas y los trágicos resultados ya son bastantes conocidos en los medios. Esto nos llevo tomar algunas medidas, como navegar durante la noche sin luces de navegación, para evitar ser vistos y permanentemente encender nuestro radar por algunos segundos para tener la certeza de no tener alguna embarcación en las cercanías. Ademas nuestros documentos personales, pasaportes y documentos del barco, fueron guardados en nuestra “secreta” caja de seguridad.

Disfrutando la estad°a en las Islas de Cabo Verde - Africa

850 millas de navegación nos separaban  aún de ellas, pero un buen viento norte permitió arribar antes de lo planificado y en 6 días ya habíamos llegado al Puerto de Mindelo, en el Archipiélago Africano. Puesto que arribamos a Cabo Verde, que no pertenece a Europa debimos efectuar todos los trámites de ingreso al país… esto siempre es una verdadera aventura. Luego de dos días prácticamente “ilegales” en el país tratando de buscar por nosotros mismos a las autoridades de aduana y migraciones, logramos finalmente conseguir un timbre en nuestros pasaportes, los cuales sorpresivamente luego de ser timbrados quedaron en custodia dentro de un viejo cajón de escritorio en la oficina de la policía local, hasta el día que dejamos del país. Creo que de las 4 semanas que estuvimos en la isla, no dejábamos en ningún momento de pensar, si cuando avisemos que vamos a zarpar volveríamos a ver nuestros pasaportes!

El mes de noviembre fue recorrer las diversas islas y preparar cada día nuestro velero para la etapa más esperada de nuestro proyecto: Cruzar el Atlántico a vela!

Preparamos y controlamos cada detalle en forma muy minuciosa, nada podía quedar al azar, las velas, la maniobra, los motores, las listas de víveres que deberíamos llevar, el agua, el diesel, repuestos y todo lo que nos podíamos imaginar para cruzar lo más rápido y en forma segura este anhelado y peligroso tramo. Optamos definitivamente por la ruta Cabo Verde – Recife (Brasil), 1.400 millas de mar abierto, en donde nuestra única compañía serían las estrellas, las olas y el viento proveniente de Africa, el cual de acuerdo a las fecha, debería mantener la dirección “noreste o viento passat” que nos permitirá cruzar rápidamente el Atlántico.

El día 1 de diciembre 2010 zarpamos rumbo a Brasil, así dejábamos por la popa no tan solo los mejores recuerdos de estas islas y de su gente, sino también nuestro adiós definitivo de otro continente para regresar a Sudamérica.

Desayuno-de-Theo-durante-navegaci¢n

 

El Atlántico fue una verdadera “caja de sorpresa” para nosotros, entre buen tiempo, bastante calor y días calmos, se sumaban fuertes vientos y gigantescas olas en las que en diversas oportunidades era imposible ver el horizonte. Ya cerca del Ecuador, violentas lluvias tropicales caían sobre la cubierta y llegaban incluso y despertar a quien no estaba de guardia. Para  nosotros fue una verdadera aventura y un desafío a toda prueba, especialmente para nuestro hijo, quien disfrutaba de los viento, de las grandes olas y la pesca de Atún, “nuestro menú principal en la navegación”. Durante cada minuto y segundo nuestro deber era controlar las velas y aprovechar cada brisa con el objeto de navegar lo más rápido posible y llegar pronto a Brasil.

Arribo-a-los-glaciares-de-Tierra-del-Fuego

¡Tierra a la vista!, dice Jutta con gran alegría. Ahora podíamos comprender lo que habrán sentido los antiguos navegantes cuando luego de largas navegaciones, especialmente en mares desconocidos avistaban por primera vez tierra en el horizonte. Para nosotros luego de tan solo 14 días en alta mar y nada menos que en el Atlántico, este sentimiento fue para nosotros absolutamente el mismo. Nos abrazamos en familia y la alegría era indescriptible. Solo pensábamos en todo lo que habíamos dejado atrás para poder llegar hasta donde estábamos y ahora nos encontrábamos a tan solo 40 millas de tocar tierra firme en el Puerto de Recife.

En Recife pasamos en familia navidad del 2012 y a medida que recorríamos desde Recife la costa de Brasil  hacia el sur, y habiendo pasado por Salvador de Bahía, Rio de Janeiro, Isla Grande, Florianopolis y Rio Grande do Sul, dejábamos lentamente por la popa los mejores recuerdos  de las exquisitas “Caipirihnas, la buena música  y los buenos momentos durante meses en este gran país.

Luego de una escala en Uruguay , en el puerto de Piriápolis nos dirigimos a Buenos Aires en donde aprovechamos  la oportunidad de efectuar algunos trabajos del yate e incorporar  a nuestro pequeño tripulante a un jardín infantil local hasta el mes de noviembre, fecha en la que zarpamos definitivamente al sur…hacia el Cabo de Hornos!

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Fue una gran experiencia tener a Theo en el jardín, esto permitió que mejorara bien su español e interactuar con otros niños de su misma edad por un periodo de 9 meses. Tiempo que aprovechábamos para efectuar todos los trabajos a bordo

Las 1.350 millas que nos separaban desde B. Aires hasta Cabo de Hornos no fueron ningún obstáculo, pese a los fuertes vientos reinantes y a los constantes frentes de baja presiones de la zona, especialmente ya en la Patagonia Atlántica y al sur del Estrecho de Magallanes. 13 días nos tomó la travesía y  finalmente ingresamos al anhelado Canal Beagle, para poner rumbo a Puerto Williams.

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Así, el día 11 de febrero a las 16:00 horas local y con un rumbo de weste a este, luego de un intento fallido debido a mal tiempo, nuestra familia circuñavega definitivamente el mítico Cabo de Hornos.

No tan solo una inmensa alegría era estar nuevamente frente al Cabo de Hornos, sino que estar allí y a tan solo dos millas al sur del Cabo, fue la realización de un sueño y de años de trabajo por parte de cada uno de nuestra familia.

SY Polarwind en la zona de Glaciares de Tierra del Fuego

Con la meta familiar cumplida  y  celebrando  nuestro arribo en el pintoresco “Club Naval de Yates Micalvi, de Puerto Williams”, revisábamos con Jutta y mi hijo las cartas electrónicas de navegación y el detalle de la ruta de nuestro largo viaje desde Grecia hasta Cabo de Hornos.

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Luego de unos minutos, junto a mi mujer revisábamos unas nuevas cartas a color en mi computador. Mi hijo Theo, ahora de 3 años y medio, pregunta muy curioso: adonde vamos a ir a navegar ahora… y porque ahí esta todo blanco?… eso blanco Theo, es la Antártica…el nuevo rumbo de nuestra familia.

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