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Trekking al Glaciar O’Higgins

Como parte de una serie de relatos de cicloturismo y trekking, Rafael Gómez nos cuenta de las maravillosas -aunque no muy claras- rutas que rodean el glaciar O’higgins, un despoblado lugar de la Patagonia donde el gélido paisaje de hielo, montaña y bosque es aderezado por la calidez de sus muy contados y pioneros habitantes.

        Texto y Fotos: Rafael Gómez

Había llegado hasta el último poblado de la carretera austral, Villa O´Higgins. Llovía mucho, el sendero que quería hacer al glaciar El Mosco estaba cortado por un derrumbe y mi bicicleta presentaba los primeros problemas luego de muchos kilómetros. El aro trasero estaba descuadrado y a punto de romperse, aunque debo agradecer a Bike Chile por el excelente trabajo que hizo antes de partir. El duro camino y mis nulos conocimientos de mecánica llevaron a la fatiga de material del aro.
Estaba pues en el hostal El Mosco, parada obligada para los ciclistas que llegan hasta el fin de la carretera austral. Su dueño es un español, Jorge Salgado, proveniente de Navarra, que llegó aquí, con la mochila en la espalda, en el año 2004. Hoy traspasa ese sentido de aventura en el ambiente del lugar que dirige: se ve genial y se nota que le gustan de las bicicletas. En el hostal revisé los mapas y encontré uno que mostraba un trekking que me interesaba: la ruta al glaciar O’Higgins, que pertenece a las Rutas Patrimoniales, de Bienes Nacionales.
Eran cerca de 80 km. por los lugares más aislados del mundo. Decidí tomar la barcaza del día siguiente a Candelario y Mansilla para iniciar el trekking; estando ya en este lugar, en la noche compartí con algunos ciclistas y viajeros, de los cuales dos alemanes, Lena,una escaladora y Hannes, un ciclista que viajaba de Santiago hacia Ushuaia, decidieron unirse a mi viaje. Seríamos tres para caminar unos días hacia el glaciar. Otro amigo alemán, Harmut, se ofreció para ayudarme con la bici.

Glaciar Ohiggins (1)

 

Los Grandes Hielos Patagónicos

Por la noche se armó un grupo muy entretenido en el hostal, junto con alemanes, españoles, y japoneses. Hicimos una cena muy rica, con queso, tomate, palta, arroz, zapallo, zanahoria, cebolla y vinito, perfecto antes de varios días de caminata.
Nos levantamos temprano para tomar la barcaza; son 7 km. al embarcadero, los últimos de la carretera austral. Las mochilas las pusimos en la van de El Mosco. Comenzó el pedaleo y la bici se echó a perder en el primer km. La rueda tocaba el marco nuevamente.
La Quetru, embarcación de Hans Silva, nos llevaría a ver el glaciar y luego nos dejaría en Candelario y Mansilla. Después de unas 2 horas de navegación, en aguas relativamente calmas, se baja la gente en Candelario y Mansilla; la mayoría eran ciclistas, y en el barco continúan los que van a ver el glaciar. Nuestro equipaje queda en tierra, y nadie piensa en que alguien puede robar o cosas por el estilo… es otro mundo.
Llegábamos al glaciar O´Higgins por primera vez, es uno de los 4 grandes glaciares de la Patagonia y es increíble, con una pared que se eleva hasta 80 metros desde el espejo del lago y tiene 3.5 km de ancho. En Candelario y Mansilla acampamos en el camping de Ricardo Levicán. Él es uno de los pocos pobladores de la zona, ahí vive el con su familia y a un par de kilómetros está la tenencia de Carabineros con 10 efectivos. Ricardo nos da algunas indicaciones sobre la ruta: necesitaremos al menos 4 días para completarla. El camping tiene una vista increíble del lago. Harmut arregla nuevamente mi bicicleta. Hice un recorrido de prueba y parecía andar bien.

Glaciar Ohiggins (21)

 

Viviendo en la ribera

Al día siguiente, partimos el trekking un poco tarde, como a las 11 de la mañana. Avisamos a carabineros y había que llenar algunos papeles, además de asignar un responsable del grupo, ya que estos sectores son extremadamente solitarios. Tomamos un sendero por la ribera del lago, el cual estaba hecho de huella animal; por esto mismo, había muchas bifurcaciones y caminos anexos. No fue tan fácil. Avanzamos por terrenos irregulares pero sin mucha pendiente. Pasamos por algunos bosques y en una entrada del lago intentamos pescar. A los pocos intentos perdimos nuestra herramienta, ya que el fondo tenía muchas ramas… ahí quedó el sueño del salmón asado. Por la tarde, al bajar el sol, encontramos un sector con un riachuelo, bastante bueno para acampar. Ya instalados y mientras cocinábamos, nos percatamos que a un kilometro aproximadamente estaba la casa de Licho, un poblador. Lo saludaríamos por la mañana.
Por la noche llovió muy fuerte. Cuando amainó la lluvia, desarmamos y partimos otra vez. Pasamos a la casa del antes mencionado poblador a saludar: Licho es el es el único habitante de la ribera del lago, pero lo más increíble es que viva tan aislado y padezca de epilepsia. Nos ofreció tortas fritas y una amena conversación; estaba muy feliz de ver gente nueva.
Pasamos el resto de la mañana caminando y perdiendo la huella varias veces. Pero lo logramos, llegamos a casa de David y Lucho, padre e hijo, los últimos pobladores del sector que viven justo en el cruce del lago Chico. Uno a cada lado del rio.
Gracias a ellos se puede cruzar el rio en bote. Nos cruzan a las 7 de la tarde, y nos venden unos panes enormes, cada pan del diámetro de una pelota de futbol. ¡El mejor pan que he probado! Nos contaban que esta temporada solo han pasado por el lugar 18 turistas incluyéndonos.
En la otra ribera, Lucho tiene un camping, y conversamos con él unos momentos. Nos presto la famosa Guía de la Ruta Patrimonial, la cual pensamos que nos sería muy útil.

Glaciar Ohiggins (14)

 

Miradores Sobrenaturales

Justo después de cruzar, había que subir hasta un portezuelo con desnivel de como 600 metros, así que subimos un poco y preferimos dejar el portezuelo para el día siguiente. Acampamos en el bosque cerca de un río; había una caída de agua hermosa y nuestro descsnaso estaba protegido del viento.
Al despertar, emprendimos la marcha rápidamente; subimos por el bosque hasta el portezuelo y llegamos en 1 hora -más o menos- a un refugio de madera, muy rústico, que parecía ser para arrieros. Seguimos las indicaciones de la guía al pie de la letra, y perdimos la senda… caminamos como 1 hora y media buscándola. La guía de Rutas Patrimoniales que nos prestó Lucho nos desorienta. Utiliza mal términos técnicos y es poco clara. Finalmente, luego de 2 horas buscando el sendero, regresamos al refugio y comenzamos todo de nuevo.
Con sentido común y siguiendo el mapa que teníamos, nos fue fácil retomar nuestro rumbo. Continuamos caminando y, luego de saltar una cerca, nos internamos en un bosque donde llamaba la atención la cantidad de arboles caídos: parecía como si un gigante con una pisada hubiera dejado una huella. Luego al salir del bosque nos encontramos con los primeros avistamientos del glaciar; lamentablemente el día estaba nublado y la visibilidad no era mucha. Encontramos los snupies (números de la ruta patrimonial) que indican hitos. El snupie 10 estaba inmerso en el bosque y luego, los siguientes, son miradores naturales que parecen de otro planeta: el 11 una roca muy expuesta que se sale del sendero, el 12 otra arista rocosa como un balcón para ver el glaciar y el 13, ubicado justo frente al glaciar, también tiene una vista increíble. Lo que se ve desde aquí no tiene comparación a lo que se puede ver desde el barco, es otra cosa, la perspectiva del campo de hielo y el lugar que te rodea es impagable.

Glaciar Ohiggins (16)

 

La voz del Glaciar

Continuamos observando el frente al glaciar O´Higgins mientras avanzábamos. Acampamos dentro de una «trinchera”; el viento era brutalmente fuerte y frio pero era el precio que pagar para poder contemplar el glaciar. Cenamos dentro de los sacos, fuera de las carpas, hasta que comenzaron a caer gotas, así que nos fuimos rápido a dormir.
Por la mañana no llovía y, mientras desayunábamos, disfrutamos de la vista que teníamos al frente, como estar soñando. Había muchísimo viento así que no bajé mucho más cerca, pero era posible aproximarse más al hielo. Desde el lugar donde acampábamos se lograba escuchar los desprendimientos, como truenos que rebotan en la montaña, como si el glaciar tratara de hablarnos. Continuamos la marcha hasta el snupie 14, desde donde se observa otro glaciar, el Gaea y luego se suponía que debíamos subir hasta otro portezuelo, pero fue imposible encontrar el camino. Pasamos horas buscando, ganamos altura, pero nada, ni una marca, nada. Una pena, pero decidimos regresar.
Nos dividimos: Hannes iría directo a casa de Lucho (quien nos cruzó en bote) y Lena y yo iríamos a enfrentar el glaciar.
Fue simplemente espectacular. El movimiento de las nubes cambia los colores del glaciar, apareció un arcoíris… el viento no era tan fuerte, ¿qué más podíamos pedir? Luego hicimos algunas pircas en los lugares donde perdimos el camino.

Glaciar Ohiggins (2)

 

Bosque, Montaña y Bosque

En casa de Lucho comimos, y nos contaron que el camino es muy difícil y que no existe huella para el otro portezuelo. Son como 4 horas, sin camino ni señales hasta el otro portezuelo. Esta temporada, de los 18 turistas, solo 1 dio la vuelta completa.
Compramos más pan y partimos. Para variar, nos costó encontrar el camino. Esta vez regresamos no por la costa si no que por medio de un cordón montañoso que nos llevaría al camino que va hacia Argentina. Lindas vistas y fácil camino, un poco largo pero sencillo. Se puede apreciar el glaciar Chico, desde el bosque, espectacular, y luego se observa el cambio de paisaje de bosque a montaña y luego, nuevamente, el bosque al bajar. El árbol que predomina es la lenga.
Llegamos al camino, en dirección sur se divisa el Fitz Roy, tomando rumbo norte hacia Candelario y Mansilla. Durante los 4 días no encontramos turistas, solo los pocos pobladores que habitan la zona. Al llegar compramos huevo pan y preguntamos por carne (había una vaca casi entera colgando de un árbol) y Ricardo Levicán nos regaló 2 kilos. Hay que recuperarse, mañana cruzaremos a Argentina, hacia Laguna del Desierto.

Glaciar Ohiggins (7)

“Con sentido común y siguiendo el mapa que teníamos, nos fue fácil retomar nuestro rumbo. Continuamos caminando y, luego de saltar una cerca, nos internamos en un bosque donde llamaba la atención la cantidad de arboles caídos: parecía como si un gigante con una pisada hubiera dejado una huella. Luego al salir del bosque nos encontramos con los primeros avistamientos del glaciar”.

Glaciar Ohiggins (10)

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