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Tag Archives: kayak

Bestias del Sur Salvaje

El colectivo de deportistas y exploradores Bestias del Sur Salvaje tienen la firme convicción de que el rol de los deportistas debe trascender la práctica de sus deportes y transformarse en compromiso con las personas y lugares que visitan. Su principal objetivo es ligar la comunidad de deportistas al aire libre con las comunidades donde desarrollan sus actividades y con grupos ambientalistas dedicados a la protección del territorio, los ecosistemas y paisajes. Aquí les compartimos su primer trabajo audiovisual.

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¿Qué le hemos hecho al Laja?

La Laguna del Laja es el cuerpo de agua más grande en la zona central de Chile. Está ubicado en la región del Biobío y su locación en medio de la cordillera de los Andes está fuertemente relacionada con la actividad del volcán Antuco. Antiguas y violentas erupciones han represado el valle con un dique natural y creado esta laguna, además de moldear el paisaje completo del valle que ha recibido grandes aludes. Continue reading

Kayak en La Laguna San Rafael

Dentro de toda el área entre Bahía Exploradores y la laguna San Rafael, la posibilidad de avistar aves es increíble, particularmente en la ribera de la laguna, en donde colindan varios ecosistemas, como los ríos, bosques y humedales. Aquí cintamos la historia de una expedición de la Universidad San Sebastián que salió a explorar estos lejanos confines.
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Kayakeando las Dunas de Namibia

Eric Walter es un kayakista con vasta experiencia en grandes cascadas, un cazador definitivo de agua. Pero dándole un giro rotundo a sus preferencias, Walter sale a descubrir un lugar inesperado: las onduladas dunas de arena de Namibia, donde armado de su bote y su pala sale a probar junto a unos amigos parapentistas toda la velocidad que se puede alcanzar en el desierto.
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Chasing Niagara: Cataratas y Kayak

El kayakista mexicano Rafa Ortiz toma la decisión de remar hacia las cataratas del Niágara, y se desencadenan una serie de acontecimientos que cobran vida propia. Para prepararse Rafa solicita la ayuda de Rush Sturges, un reconocido profesional, y de un pequeño grupo de amigos, entre los que se cuentan también Evan Garcia, Gerd Serrasolses y Aniol Serrasolses. Juntos se embarcan en un viaje de tres años a través de los bosques de México hasta llegar a los inmensos saltos de agua del lado estadounidense. El viaje concluye en Canadá, donde, tras algunos juegos con la policía local, la misión llega a su punto más álgido.

 

Apego a la Naturaleza a Través del Kayak

No es nada nuevo leer que realizar un deporte al aire libre puede causar experiencias significativas y transformaciones en las personas. En este caso practicar kayak, sin importar el grado de dificultad del río, promueve en el kayakista la concentración, el autoconocimiento y el manejo de riesgos, pero por sobre todo, inspira respeto hacia el río. Hace un tiempo tuve la suerte de dedicarme a facilitar estas experiencias en mi nuevo trabajo, que tiene el río como sala de clases.

Texto por Jane Koopman; traducción por Jens Benöhr

Enseño kayak mientras descendemos junto a una balsa de provisiones en una expedición de 10 días en el Cañón de la Desolación. Este es un cañón remoto en el río Verde, en el estado de Utah. Si bien interactuamos con otros viajeros del río durante nuestro descenso, al final de nuestro día no retornamos a un lodge o campamento base, sino que continuamos fluyendo junto al río, buscando entre los sauces y tamariscos un nuevo hogar cada noche, y cocinando nuestra cena bajo el cobijo de nudosos álamos, en las acogedoras playas del cañón. Durante toda la travesía nos encontramos inmersos en la naturaleza.

Jane enseñando hidrogeología en una de las playas del Cañón de la Desolación.  Fotografía: Kirk Rasmussen

Jane enseñando hidrogeología en una de las playas del Cañón de la Desolación.
Fotografía: Kirk Rasmussen

El Cañón de la Desolación se encuentra en medio de una de las más grandes áreas legalmente designadas como reserva natural protegida, en Estados Unidos. Provee una perfecta iniciación a las aguas blancas con el profundo cañón como espectacular escenario, donde las estrellas cubren el cielo nocturno, los carneros ágilmente trepan acantilados que parecen imposibles de escalar y el tamaño del lugar es sobrecogedor.

El significado de la naturaleza
Tras un día y medio de aguas tranquilas en el cañón, ya hemos navegado unos 50 kilómetros e introducido a los estudiantes a lo básico del kayak: salida de emergencia del bote, técnicas de remada, rotación del torso y técnicas de rescate. También les hemos introducido a como cocinar, dormir, cagar, mantener el calor y a los osos alejados, todo esto sin dejar ni un solo rastro de nuestro paso, – parte de la filosofía del NDR o “No Deje Rastro”-, en este invaluable corredor biológico.

                    Apreciando la magníficas formaciones rocosas del río Verde en su confluencia con el río Yampa. Esta sección del río podría encontrarse bajo un embalse, pero fue protegida en los años 60 por activistas del Club Sierra quienes lucharon por la libertad del río. Fotografía: Kirk Rasmussen


Apreciando la magníficas formaciones rocosas del río Verde en su confluencia con el río Yampa. Esta sección del río podría encontrarse bajo un embalse, pero fue protegida en los años 60 por activistas del Club Sierra quienes lucharon por la libertad del río.
Fotografía: Kirk Rasmussen

A medida que avanzan los días y llegamos a la cuarta jornada, introducimos a los estudiantes a la técnica de ferry, tomar eddies, scoutear rápidos y a la hidrología del río. También visitamos petroglifos dejados por el antiguo pueblo nativo de Fremont, quienes ocuparon el cañón hace 1.200 a 900 años atrás, aprendemos sobre la geología del cañón y algunos aspectos sobre la flora y fauna nativa, o sobre los bandidos y rancheros que frecuentaban las inmediaciones del cañón en los siglos anteriores. Idealmente, si el tiempo nos lo permite en este activo itinerario, nos tomamos un momento para reflexionar, para oírnos a nosotros mismos pensar sin grandes distracciones y realmente comprender dónde estamos. Las discusiones al atardecer exploran qué significa la naturaleza para nosotros, o qué hace que un lugar específico sea especial para nosotros.

Practicando nadar rápidos en el Cañón de la Desolación. Fotografía: Kirk Rasmussen

Practicando nadar rápidos en el Cañón de la Desolación Fotografía: Kirk Rasmussen

Aprender de lo simple
Ya posterior al cuarto día, el grupo no solo aprecia las aguas blancas – y la satisfacción de una elegante entrada a un eddy, la emoción de sobrevolar una ola o la satisfacción al encontrar tu propia línea en los rápidos-, sino además se ha desarrollado un apego por los lugares que hemos visitado. Yo y mis compañeros de viaje estamos experimentando un “sentido de pertenencia”, o la idea de que el lugar es “una pieza del ambiente como un todo que ha sido reclamada por los sentimientos” (Alan Gussow).

Observando el río Verde desde la cima del Cañón de la Desolación. Fotografía: Kirk Rasmussen

Observando el río Verde desde la cima del Cañón de la Desolación.
Fotografía: Kirk Rasmussen

Cada día, a medida que descendemos por el río, aumenta la confianza de los estudiantes. Crece con cada entrada a un eddy, cada surfeo logrado, cada detalle natural enseñado, cada comida preparada y cada noche acampando bajo las estrellas. Además, mientras los estudiantes van aprendiendo y sintiéndose cómodos en el cañón, también van desarrollando un profundo cariño por el lugar. Los momentos que causan este aprecio varían de estudiante a estudiante, pero mi trabajo como instructora es facilitar estos momentos.

Un boof en el río Puesco, cerca de Curarrehue en Chile. Fotografía: Jane Koopman

Un boof en el río Puesco, cerca de Curarrehue en Chile. Fotografía: Jane Koopman

Los caminos para lograr esto son diversos; puede ser una clase de ecología sobre la interrelación que sauces, tamariscos, sedimentos y peces comparten, una caminata que de perspectiva del tamaño de nuestro pequeño campamento en comparación a las enormes paredes de rocas que nos rodean, o incluso simplemente contemplar un atardecer que tiñe el cielo e ilumina con sus tonos rojizos las rocas del cañón. Considero mi trabajo bien hecho cuando mis estudiantes finalizan las clases no solo entusiasmados con las aguas blancas, sino también cuando sienten amor por la naturaleza, por estos lugares recónditos y prístinos.

Atardecer en la salida de la sección baja del río Ñuble en San Fabián de Alico. Fotografía: Jane Koopman

Atardecer en la salida de la sección baja del río Ñuble en San Fabián de Alico. Fotografía: Jane Koopman

El Desafío
Lleva un niño a remar al río. Pero no lo lleves solo a practicar kayak. Llévalo al río y no solo lo ayudes a aprender el giro esquimal y las técnicas de remada, sino también a aprender sobre otros aspectos del río. Aprendan sobre las plantas y animales que habitan junto al río, sobre las personas que vivieron y utilizaron el río mucho antes de que flotáramos corriente abajo en nuestros pequeños y coloridos botes de plástico, sobre por qué el río actualmente está fluyendo libre, o porque fue represado camino abajo. Motiva la curiosidad y el asombro con preguntas. Explora bajo las rocas, toma tu tiempo para reflexionar, observa un atardecer, nada un rápido por diversión, mira estrellas fugaces rasgar el cielo nocturno y trabaja hasta que logres infundir un sentido de apego y pertenencia al lugar. Este desafío puede trasladarse al montañismo, la escalada, el surf, la bicicleta o cualquier otro tipo de deporte al aire libre que signifique escapar de la rutina. Inspirando este tipo de pasión profunda por la tierra donde amamos vivir, aprender y jugar, ayudaremos que los pueblos puedan continuar disfrutando de estos lugares salvajes incluso largo tiempo después de que nosotros mismos hayamos partido.
hayamos partido.


 

Sobre Jane
Jane Koopman es oriunda de California, Estados Unidos. Trabaja como instructora de kayak para NOLS y desde hace algunos años está dedicada a la educación y el activismo socioambiental. En noviembre de 2014, mientras viajaba por Chile trabajando para la ONG Futaleufú Riverkeeper, vio una desconexión entre los kayakistas que recorrían los ríos de Chile y las comunidades locales. A partir de esto inició el programa de Kayak River Stewards, proyecto que busca ligar los deportistas dedicados al río con las comunidades locales y ambientalistas. Por ello, Jane ha estado recorriendo Chile durante los últimos meses, generando redes de contacto entre kayakistas y las comunidades que habitan los variados ríos de nuestra tierra. Otra de sus propuestas es la educación ambiental a través del kayak como Instructora de NOLS, escuela de formación en técnicas de vida al aire libre y liderazgo para la protección del medio ambiente.

Kayak en los Canales Patagónicos: La Isla

Los canales de la Patagonia, en la región de Aysén son el

escenario del viaje de cinco amigos, que viajan remando a la Isla Kent. Además de tener el desafío de cambiante clima, y la dificultad que ofrece la llegada de la marea sur, se enfrentan a un cambio de paisaje: esa Patagonia prístina que esperan encontrar está dañada en los más remotos rincones por la acción del hombre, que contamina incluso en estos paradisíacos confines del sur de Chile.

La Isla from Eugenio Krumenaker on Vimeo.

Producido por Suda Outdoors 

El gran Biobío de cordillera a mar

Chile es una tierra de ríos. A lo largo de su accidentada geografía, el agua acumulada en la cordillera de los Andes fluye en forma de miles de esteros, los cuales se reúnen en ríos, lagos, lagunas y humedales, antes de culminar en el océano Pacífico. Inmerso en medio de esta tierra, existe un enorme cuerpo de agua que se extiende a lo largo de la segunda cuenca hidrográfica más grande del país. Este coloso es el río Biobío, o Butalebu, como le llamaron los pehuenches y que quiere decir río grande, el cual es y ha sido durante siglos una gran fuente de vida e historias. Su extenso borde representa la frontera histórica entre los españoles y el pueblo mapuche, siendo testigo de cruentas batallas, acuerdos y traiciones.

Texto y Fotos: Jens Benöhr y Tobias Hellwig

El río Biobío es el segundo más largo de Chile, después del casi extinto río Loa. Posee un recorrido de 380 kilómetros desde su nacimiento, en la cordillera de los Andes, hasta su desembocadura en el océano Pacífico, junto a la ciudad de Concepción. Desde pequeño he vivido en esta ciudad, donde en algún momento de mi vida comencé a preguntarme por el origen del río que silenciosamente fluía frente a mi ventana. El Biobío queda a unos pocos pasos de mi casa y antes solía a caminar en él, pues su lecho es poco profundo y puede ser recorrido a pie en ciertos sectores. En los últimos años he contemplado con tristeza la transformación de su orilla en un límite intransitable, sus bordes rellenos con toneladas de escombros y tierra infértil.

Lonquimay nos dio la bienvenida con  grandes bosques de araucarias teñidos de blanco por la nieve

Lonquimay nos dio la bienvenida con grandes bosques de araucarias teñidos de blanco por la nieve

Al mismo tiempo, hace algunos años descubrí el kayak de río. En los rápidos de Alto Biobío es donde, junto a buenos amigos, aprendí a montar olas y descubrir las líneas del río, a jugar en sus aguas con nuestros coloridos botecitos de plástico. Ya hace 3 años desde que me inicié en sus aguas y comencé a fantasear con recorrerlo desde su origen hasta su final; sentir el peso de su geografía completa sobre mi cuerpo. De esto conversé hace unos meses con Tobías, quien también soñaba con dejarse llevar por las aguas del Biobío en su kayak de travesía. No tardamos en darnos cuenta que nuestro interés era común, y en Noviembre de 2015 aterrizamos este gran sueño.

El río Biobío
Oficialmente, el río Biobío comienza en la laguna Galletué, pero nosotros, por algún extraño y tácito acuerdo, decidimos comenzar nuestro descenso desde el estero Huillinco, principal tributario de la laguna Icalma, o Espejo de Agua ¡Y qué feliz decisión! Remar entre araucarias y coigües milenarios nos removió el espíritu. El Huillinco vierte sus aguas en la Laguna Icalma, la cual cruzamos veloces, con el viento a favor, hasta llegar al nacimiento del río Biobío. Ahí, entre gritos de euforia y alegría, comenzó el descenso de un río que desde tiempos inmemoriales ha fluido indómito a través de la estepa cordillerana de Lonquimay. Atravesamos la pampa andina, impresionados por el contraste entre la aridez de la zona y la enorme biodiversidad en constante movimiento por el Biobío, que en ese momento aún se mostraba como un pequeño curso de agua. Acampamos junto a sus orillas, arrullados en la noche por su suave murmullo y bajo el cobijo de imponentes araucarias.

El río Biobío fue conocido en todo el mundo por sus desafiantes rápidos, la mayoría desaparecidos tras la construcción de las represas

El río Biobío fue conocido en todo el mundo por sus desafiantes rápidos, la mayoría desaparecidos tras la construcción de las represas

Tras tres días de tranquila navegación, durante un impresionante atardecer, sucedió el mayor temor de un kayakista; me volqué y nadé. Seducido por una pared de rocas que parecía arder con los últimos rayos del sol, me enredé en unos sauces y caí al agua con el kayak abierto y la cámara fotográfica en la mano. Incapaz de girar mi bote bajo los sauces, nadé fuera del kayak, arrastrando a duras penas mi equipo. Alcancé la orilla sin calcetines, arrancados por la corriente, y toda mi ropa mojada, pues las bolsas de supermercado no son las mejores bolsas secas. En el borde del río me alcanzó Tobias, quien logró tranquilizar mis ánimos, agitados por el agua y la pérdida de valioso equipo fotográfico. Esa misma noche, secando la ropa en una fogata, conocimos a Mirella y Guillermo, una pareja de arrieros del valle del río Rahue. Mirella pasó a caballo junto a nuestro campamento mientras oscurecía y nos invitó a tomar mate y a conversar de la vida en la cordillera. “Dura y triste”, decía ella, pero también nos habló de las alegrías que brindan la tierra y los animales, la paz y la lentitud con que transcurre el tiempo en esas alturas. Al día siguiente nos invitaron a presenciar el esquilado de las ovejas, actividad que los arrieros realizaban con notoria destreza, conversando despreocupados entre ellos.

Al interrumpir las represas nuestro descenso por el río, nos vimos obligados a transportar por tierra los kayaks y el equipo.

Al interrumpir las represas nuestro descenso por el río, nos vimos obligados a transportar por tierra los kayaks y el equipo.

Las falsas promesas de Ralco
Tras despedirnos afectuosamente, proseguimos nuestro viaje y, a medida que avanzábamos, el río adquirió mayor fuerza y tamaño; de pronto estábamos en medio de la cordillera, recorriendo un tramo oculto para los ojos humanos. Aquí el Biobío es custodiado por cipreses, coigües, robles y ñirres, cormoranes y martines pescadores, silenciosos guardianes de los secretos que el río aún mantiene aguas arriba, aguas bravas que fluyen con fuerza, una sección aún a salvo del embate del progreso que todo lo aniquila. Este tramo significó concentración y cuidado, pues Tobías navegó valientemente en su kayak de travesía, diseñado para aguas calmas, largos trechos con rápidos de alta dificultad.
Luego llegamos al embalse Ralco, donde abruptamente se desvaneció el salvaje río, domado por la mano del hombre. Ralco es un enorme y solitario embalse, del cual la empresa Endesa hizo falsas promesas de turismo que, hoy en día, tan sólo significan derrumbes en su inestable orilla, esto producto de los grandes cambios en el nivel y superficie del embalse, el cual llega a variar alrededor de 40 metros al año.

Los árboles muertos son el triste  testimonio de la inundación del valle.

Los árboles muertos son el triste testimonio de la inundación del valle.

Desde fines de los años 90, las aguas del Biobío son utilizadas intensivamente con fines energéticos. Las grandes represas de Pangue y Ralco, además de la recientemente inaugurada central Angostura, han inundado enormes superficies de bosque nativo y tierras sagradas para el pueblo pehuenche. La construcción de estas centrales hidroeléctricas en Alto Biobío tuvo una fuerte oposición por parte de comunidades pehuenches y ciudadanos chilenos, pero finalmente triunfó el modelo de desarrollo depredador de la naturaleza. Es así como luego de fluir a lo largo de un furioso río a través de las montañas, nos encontramos de pronto remando sobre enormes embalses y requiriendo de apoyo vehicular para sortear las murallas de hormigón que impedían nuestro camino hacia el mar.

Un río para conocer
Al pasar el último embalse, Angostura, acampamos junto a la orilla del río. Grande fue nuestra sorpresa cuando al atardecer, mientras cocinábamos, el río comenzó a subir. En poco menos de una hora tuvimos que reubicar nuestro campamento en tierra más alta, tan sólo quedando una fogata que resistió hasta su crepitante final. En dos horas el río presentó una crecida artificial de alrededor de 2 metros, lo cual sin duda, altera el ecosistema del río. Esto es provocado por el embalse Pangue, que produce según demanda energética, y por tanto suele liberar mayor cantidad de agua en las tardes.
Una vez dejada atrás la cordillera de los Andes y entrando en el valle central, nos encontramos con numerosas industrias que vierten sus desechos líquidos al río, contaminando las aguas que dan de beber a nuestros pueblos y ciudades. Las orillas del río lucen abandonadas, siendo los únicos habitantes las extensas plantaciones de pinos y eucaliptus que han provocado una enorme erosión de los suelos, los cuales al ser arrastrados por las lluvias de invierno van a parar a las aguas del río, que los transporta hasta el mar. Entre Negrete y Laja nos sorprendió ver varias embarcaciones navegando el río, ya sea para cruzarlo o pescar. Luego nos adentramos en la cordillera de la costa, donde definitivamente el río es abandonado a su suerte, oculto entre interminables plantaciones de pino.

Nuestro sueño fue conocer el río que fluye frente a nosotros sin ser visto, que cruzamos y no contemplamos, que bebemos y no tocamos

Nuestro sueño fue conocer el río que fluye frente a nosotros sin ser visto, que cruzamos y no contemplamos, que bebemos y no tocamos

El lento fluir del Biobío en su última sección fue un largo momento para reflexionar sobre nuestro entorno y como nuestro cómodo estilo de vida -incluido el de los autores, siempre a salvo en botes de plástico y enfundados en ropa especializada- ha generado los grandes impactos que vemos sobre el río. El tiempo navegando fluye con otro ritmo, lánguido y contemplativo, contrastante con el acelerado ritmo de la ciudad de Concepción, la cual nos dio la bienvenida con basurales y el constante ruido del tráfico, que hizo temblar nuestros oídos, acostumbrados al suave rumor del agua. El río Biobío junto a Concepción habla, pero ya no lo oímos.
Tras 10 días de intensa navegación llegamos al mar, y finalmente sentimos nuestros kayaks mecerse en las olas. En ese instante culmine sentimos la vida del río y su pena, su abandono. Pero también entendimos nuestra responsabilidad, como habitantes de sus orillas, de mirarlo, reconocerlo y respetarlo. Para nosotros nunca fue importante descender el río Biobío en su totalidad, ni nos interesamos en saber si éramos los primeros en realizarlo. Navegar el gran río Biobío de cordillera a mar fue para nosotros un pequeño y valioso testimonio, una señal de respeto hacia su milenaria memoria.

 

¿Cómo acampar en una expedición de kayak?

Los kayaks de travesía son pequeñas embarcaciones que poseen tabiques internos, los que, junto con aportar una reserva de flotabilidad indispensable para una navegación segura, también cumplen la función de dar forma a grandes compartimentos estancos en los extremos del kayak, verdaderas bodegas impermeables donde podemos llevar gran cantidad de carga durante nuestra navegación.

Así, el kayak ofrece grandes mochilas flotantes en los extremos de la embarcación, ahí en esas secciones huecas en donde no va sentado el kayakista. En estos compartimentos se puede llevar comida, ropa, carpa, colchoneta, saco de dormir, equipos de cocina, y algún libro para leer dentro de la carpa durante una tarde de mal tiempo. ¡Para muchos resulta difícil creer todo lo que puede caber dentro de un kayak! Por ejemplo, durante la temporada 2008-09, navegué durante 40 días en kayak Antártica, con total autonomía. Dentro del kayak llevaba todo lo necesario. Incluso equipos de montañismo como botas plásticas, arnés, crampones, cuerda, etc., con los que subimos una montaña virgen en isla Amberes. Durante esa travesía navegamos 900 km.
Gracias a esa inmensa capacidad de carga podemos emprender travesías autónomas de más de un día, cubriendo enormes distancias, de cientos e incluso de miles de kilómetros, ya que podemos contar con todo lo necesario para desembarcar, armar un campamento y descansar al final de cada día de navegación, para continuar con nuestro viaje al día siguiente, sin requerir de apoyo externo, como alimentos o equipos previamente depositados en la ruta, la asistencia de terceros desde tierra, o el apoyo permanente de embarcaciones de mayor tamaño, como yates o lanchas.
Con todo, una de las cuestiones importantes a resolver durante la ejecución de una travesía en kayak de varios días por las costas de Chile, es la elección del donde armaremos nuestro campamento al final de cada jornada. Para eso les ofrezco los siguientes “tips”:

Durante la planificación de la travesía, es importante hacer un estudio detallado de la costa, mediante imágenes satelitales, fotos aéreas, cartas náuticas y cartas topográficas del IGM, derroteros, guías náuticas y testimonios de personas que conozcan el área, identificando todos los sitios donde existe potencial para desembarcar y acampar. Luego de este estudio, haremos apuntes en la o las cartas que utilizaremos durante la travesía, que llevaremos sobre la cubierta del kayak, en un porta mapas verdaderamente estanco, para poder consultar en cualquier momento durante la navegación. A cada sitio detectado durante el estudio, le asignaremos un puntaje según si las posibilidades de ofrecer un buen sitio para desembarcar y acampar sean mayores o menores.

Durante la travesía, nunca sabremos exactamente cuántas millas podremos avanzar cada día, o en qué momento nos veremos obligados a salir del mar por cualquier razón, un malestar físico, un mal tiempo sobreviniente, etc. En vista de ello, la elección del sitio para acampar será una decisión que deberá tomarse día a día. En efecto, no es factible planificar una ruta para una larga travesía en kayak, estableciendo con precisión los sitios donde se acampará cada día. En nuestro estudio previo, un sitio de la costa tendrá potencial para instalar un campamento, cuando ofrezca un acceso fácil y seguro a tierra, espacios abrigados del oleaje, sin rompientes, acantilados o selvas que alcanzan el mar, y cuando muestre indicios de la existencia de un espacio plano para armar la carpa, y de la presencia de agua dulce corriente.

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En los archipiélagos de Patagonia, uno de los mejores destinos mundiales para largas travesías en kayak, los sitios para desembarcar suelen ser escasos, especialmente en el territorio insular ubicado al sur del Golfo de Penas. Por regla general, los sitios para acampar se ubican en las desembocaduras de los ríos que bajan de las montañas, que arrastran sedimentos y piedras, dando forma a pequeñas playas. Estos sitios pueden identificarse mediante el estudio de cartas topográficas, imágenes satelitales y fotos aéreas. En general, para la calificación del potencial de un sitio como estos, debemos observar el tamaño de la cuenca que desagua el río, siendo más probable la existencia de un sitio para acampara si la cuenca es mayor, o y si el río desemboca en una entrada de mar (por ejemplo, una caleta) o en una punta o cabo, siendo en ambos casos más probable encontrar un buen sitio para acampar, que en el caso de que la línea de la costa se muestre plana en el mapa.

Este estudio previo a la expedición no será definitivo. Será solo una herramienta más, entre otras que utilizaremos para definir si un sitio en la costa reúne o no las condiciones necesarias para acampar. En efecto, la decisión definitiva la tomaremos una vez que accedamos a aquellos sitios con potencial, y luego de realizar algunas observaciones in situ.
Lo primero que haremos cuando accedamos a un sitio con potencial, es determinar si existen sitios planos para armar la carpa, o “aplanables”, ya sea en la playa, o fuera de ella, dentro del bosque, en la turba o sobre una roca desnuda.
Si encontramos un sitio plano dentro del bosque, debemos asegurarnos que no exista riesgo de caída de árboles o ganchos sobre la carpa. Cada año mueren muchas personas en el mundo por esta causa. La observación debe ser cuidadosa. Un gancho podrido o seco sobre la carpa, con un tamaño suficiente para hacer daño sobre nuestro campamento en el caso de un desprendimiento y caída, o un árbol en la misma condición, cuyo tronco pudiese alcanzar nuestro campamento en caso de caída, debiera disuadirnos de armar nuestra carpa en ese sitio. En los bosques australes, la caída de árboles y ganchos de gran tamaño es mucho más frecuente de lo que la mayoría cree. También debemos asegurarnos de no armar campamento cerca de pendientes fuertes, especialmente de tierra y rocas, o de rocas con apariencia inestable. La existencia de selvas sobre fuertes pendientes de roca también son una amenaza, ya que suelen venirse abajo en forma de avalanchas de troncos, musgos, lodo y vegetación.

Si acampamos en una playa, nuestra principal preocupación será hacerlo en un sitio que no resulte inundado al subir la marea. La marea es el cambio periódico del nivel del mar producido principalmente por la fuerza de atracción gravitatoria que ejercen el Sol y la Luna sobre la Tierra.
¿Cómo sabremos hasta dónde llegará la marea alta en ese lugar, durante nuestra estadía? Cuando desembarquemos en una playa, habitualmente podremos observar una o más líneas de pequeñas hojas, ramas, algas y otros despojos del bosque y del mar, que corren en forma paralela al borde del mar (ver foto adjunta a este artículo). Observando esas líneas o marcas, sabremos de inmediato qué altura alcanzó la última marea alta. Habiendo varias líneas, aquella más próxima al mar es la que nos indicará hasta donde llegó el nivel del mar durante la última marea alta. Con este dato, podremos estimar hasta dónde llegará la próxima marea alta, valiéndonos de una tabla de mareas.

 

Si no disponemos de una, o la zona en que nos encontramos está muy distante de un sitio del que se publiquen las tablas de marea, apoyaremos nuestra estimación con la observación de la luna. Si la luna está entre las fases llena y cuarto menguante, o entre las fases nueva y cuarto creciente, entonces la próxima marea alta, que tendrá lugar durante la noche, atardecer o amanecer, será levemente más alta si ocurrirá de noche, y empujará un poco más arriba el rastro de las hojas y ramitas donde observamos el nivel alcanzado por la última marea, o alcanzará un nivel más bajo que el alcanzado en la línea de rastros que observamos, si ella tendrá lugar de día. En cambio, si nos encontramos entre las fases lunares de cuarto menguante y luna nueva, o entre las fases de cuarto creciente y luna llena, sabremos que el nivel que alcanzará el mar en la próxima marea alta, será mayor. Sabremos si la luna está menguando o creciendo, con su simple observación. Si al observarla en el cenit tiene forma de “C”, quiere decir que está “Creciendo”. Si, por el contrario, tiene forma de “D”, quiere decir que está “Decreciendo” (en el hemisferio norte es al revés, ya que su forma de “C” en el cenit, significa que está menguando).

Ahora, si no hemos observado las fases de la luna, tenemos otros indicios para establecer que altura alcanzará la próxima marea alta. Como hemos señalado antes, las mareas nocturnas siempre son más altas que las diurnas, cuando la luna está creciendo o menguando. Si vemos varios rastros de mareas en la playa, como líneas paralelas, sabremos que la luna está creciendo o menguando. Si no vemos más que un rastro, sabremos que la luna está llena o nueva. En tal caso, es posible que la marea alta nocturna alcance el mismo nivel de la última marea alta.
Con todas esas observaciones, podremos establecer si contamos o no con un espacio dentro de la playa para acampar, a resguardo de las mareas.

Estas herramientas de análisis en base a las observaciones anotadas son muy útiles en Patagonia, especialmente al sur del Golfo de Penas, ya que las selvas avanzan sobre los bordes de las costas, justo hasta el punto donde llegan las mareas más altas de ciclo lunar (luna llena y luna nueva), también llamadas mareas de sicigia, que ocurren cuando se alinean la tierra, la luna y el sol. Estas mareas alcanzan sus máximas alturas anuales durante los equinoccios (20 o 21 de marzo, y 22 o 23 de septiembre).

Es por esta razón, que las fases de luna nueva y luna llena, las dificultades para encontrar un sitio para establecer campamento en la costa de Patagonia, es mucho mayor a las que existen durante las fases de cuarto creciente y cuarto menguante, cuando las mareas altas alcanzan su menor altura, dentro del período del ciclo lunar.
En el tiempo en que la luna completa una órbita elipsoide sobre la Tierra, la Tierra da 27,32 vueltas sobre su eje. Como la luna se desplaza en su órbita, en el mismo sentido que lo hace la tierra en su rotación: de oeste a este, observamos que la luna sale en el horizonte cada día entre 52 y 53 minutos más tarde. Por esa misma razón, el tiempo que transcurre entre una marea alta y la que le sigue, es de aproximadamente seis horas y 26 minutos. Si observamos que la marea alta ocurrió a cierta hora durante una noche, sabremos que en la noche siguiente la marea alta tendrá lugar 53 minutos más tarde, aproximadamente. Se trata de una estimación aproximada, que pude variar varios minutos según el lugar en donde nos encontremos.

La utilidad de esa información está que, como la mayoría de las playas en las desembocaduras de los ríos nos ofrecerán poco margen para acampar entre la selva y el mar, no pocas veces deberemos estar atento a la evolución de la marea. Habiendo registrado a qué hora ocurrió la marea alta la noche anterior, sabremos a qué hora podemos estar seguros que la marea no seguirá subiendo, y estaremos a salvo de una inundación.

En el caso de Antártica chilena, en especial en la costa oeste de la Tierra de O´Higgins, los sitios para desembarcar son muy escasos, siendo la costa regularmente acantilada, enfrentando el mar en forma de pared de hielo o de roca. Un antecedente útil para la planificación de una expedición en esa costa, son los estudios del BAS (UK) sobre la localización de colonias de lobos, pingüinos y otros animales. Donde puede desembarcar un lobo, foca o pingüino, también puede hacerlo un kayakista. En estos casos, cuando se desembarca cerca de una colonia de pingüinos, hay que ser respetuoso con ellos, evitando especialmente interferir en sus rutas de acceso al mar. Existen directrices para los visitantes de Antártica, especialmente para los turistas de cruceros, que pueden y deben aplicarse en una expedición en kayak. Respecto a las mareas, a causa de la inclinación del eje de la tierra, existen zonas de la Antártica donde prácticamente existe solo una marea alta y una baja al día. Las amplitudes son, en general, bajas. La nieve, presente en la mayoría de los sities de desembarco, es fácil de aplanar para levantar campamentos, y sirve para construir muros en caso de temporales.
Hacia el norte del Golfo de Penas, y en especial de Chiloé y Puerto Montt, donde los sitios planos son más abundantes -salvo importantes excepciones-, la planificación de los campamentos se centra en evitar el desembarco en playas o zonas con rompientes, tener acceso a agua potable, y evitar sitios donde esté prohibido acampar, o de acceso prohibido.


CRISTIAN DONOSO
Navegante y explorador, ganador del Premio Rolex. Profesor de Navegación en la carrera de Ingeniería en Expediciones y Ecoturismo de la Universidad San Sebastián. Es el ser humano que más millas ha navegado en kayak en Antártica, a nivel mundial, y el único chileno que ha realizado expediciones de largo aliento en ambas regiones polares de la tierra: el Ártico y Antártica. En Antártica, lideró la primera expedición en cruzar a pie las mesetas Foster y Herbert, en la Tierra de O´Higgins. Como skipper de la goleta Ladrillero, navegó de Hoorn (Holanda) al Cabo de Hornos, lugar que ya había alcanzado en kayak algunos años antes, sin embarcación de apoyo. Ha realizado más de 50 expediciones en Patagonia, varias de ellas en kayak de travesía. Casado con Fabiola Torres y padre de Marina.