Category Archives: Montañismo

Del Sur de Chile a la Cordillera Blanca

Expedición al norte de Perú. Cinco amigos de la ciudad de Valdivia viajan a Perú para ascender la Cordillera Blanca. Una expedición de 12 días donde Erwin Martínez y sus acompañantes pudieron conocer y ascender las elevadas cimas de este lugar y aprender de una cultura de montaña digna de replicar en nuestro país.

Texto y fotos: Erwin Martínez

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HOY: “Cumbres de Polo a Polo” en Patagonia Mall Sport

No te pierdas la charla de Pachi Ibarra, la montañista más seca de Chile

En la tienda Patagonia del Mall Sport, la destacada montañista chilena María Paz Ibarra dará la conferencia “Cumbres de Polo a Polo”, en la que mostrará las mejores imágenes de sus expediciones por todo el continente americano y la Antártica.

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En Campo de Hielo Sur: Cordón Escondido

El Campo de Hielo Sur, con 400 kilómetros glaciares y mesetas que discurren de norte a sur es una de las zonas más remotas, inhóspitas y maravillosas del territorio chileno. Las innumerables montañas sin ascender, como también las montañas emblemáticas como el Cerro Torre, Murallón o el Volcán Lautaro hacen de la zona un lugar increíble e inigualable para la escalada y el montañismo. Desde las primeras exploraciones realizadas por el Padre Alberto De Agostini el Campo de Hielo Sur ha sido escenario y testigo del desarrollo del montañismo mundial.
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Una vuelta por el volcán Puyehue

El 4 de junio del 2011, luego de decretarse el alerta roja a nivel 6 con más de 230 sismos por hora y una fumarola de nueve kilómetros de alto, se produjo una gran erupción en el complejo volcánico Puyehue-Cordón Caulle. Hoy, tras años después de la explosión, damos una vuelta por el Volcán Puyehue sumando una cumbre más al proyecto de documentar los increíbles volcanes que tiene la cordillera de los Andes. Continue reading

Ascenso Monte Donoso

En una sacrificada expedición en los lindes del glaciar Tyndall, un grupo de expedicionarios enfrenta bosques, turbas, cajones llenos de nieve y el inclemente azote de los elementos, haciendo cumbre en un poco explorado cerro del Parque Torres del Paine, en la región de Magallanes

Texto y Fotos: Francisco Javier Rodríguez
Ubicado en el sector sur-oeste de Parque Nacional Torres del Paine y en las inmediaciones periféricas del gran glaciar Tyndall, el Monte Donoso resalta por su morfología cónica que le da un notable aspecto volcánico, con sus 1450 metros sobre el nivel del mar. Esta montaña debido a su acceso y lejanía, es pocas veces ascendida, a comparación de sus vecinos, sin embargo para el que ose internarse en sus laderas, ofrece una vista inigualable del área protegida que la acoge, principalmente el área sur, circundada por la cuenca del Río Serrano.
Rodeado en su base por extensas zonas de turba y cubierto hasta la cota 800 aproximadamente por densos bosques de lenga, su acceso resulta un arduo trabajo de orientación y paciencia. El acceso a esta montaña está por la ruta vehicular que dirige hacia guardería Grey o desde el río Serrano, el cual pasa a sus pies.

Ascendiendo durante el primer día por el extenso y denso bosque que cubre las faldas del Monte  Donoso.

Ascendiendo durante el primer día por el extenso y denso bosque que cubre las faldas del Monte Donoso.

Kilómetros en plano
La expedición compuesta por Iván Gomes Torres, Romano Marcotti Murua y quien redacta, se inició en el puente Grey: allí se dejó el vehículo y dio inicio a la aproximación hacia la montaña y área de campo base. Siendo mediodía tomamos rumbo dirección hacia el Monte Donoso, distante a 8 kilómetros. La ruta inicia adentrándose en una extensa pampa, la cual a ratos es cruzada por pequeños manchones de bosque y brazos del río Blanco. Superada la zona esteparia y ya en directa dirección hacia el macizo, nos internamos de lleno en el bosque, el cual se torna el escenario hasta llegar a la zona de campamento. Zonas arbustivas, turba, ríos, bosque, es la tónica de la aproximación hacia esta montaña, siendo altamente agotador. Por algunos lapsos es posible tomar senderos generados por ganado domestico que habitan en los alrededores del sector, senderos que facilitan de sobremanera el paso por estas zonas de vegetación con difícil acceso, sin embargo, la mayor parte del tiempo es apertura de camino y orientación.
Los primeros kilómetros son planos, mientras que superando la zona de turberas, el desnivel se hace notar. Cubiertas de arbustos, las laderas se elevan interceptadas por profundas quebradas con torrentosos ríos, los cuales hay que cruzar para proseguir el ascenso hacia el área de campamento.

 Iván Gómez y Romano Marcotti divisando los escarpados Cuernos del Paine desde las alturas del Monte Donoso

Iván Gómez y Romano Marcotti divisando los escarpados Cuernos del Paine desde las alturas del Monte Donoso

Eclipse de Luna
Al toparnos con la quebrada que separa el Donoso del grupo de cerros denominado Senos de Katherine, logramos percatarnos que se trataba de una frontera natural de unos 50 metros de profundidad, levantándose escarpadas paredes a ambos lados, por lo que se hacía imperante seguir ascendiendo por el valle hasta lograr encontrar un paso apto para bajar al río, cruzarlo y montarnos finalmente sobre la falda del Monte Donoso.
Hacia el otro lado del río, ya a la cota 600 aproximadamente, se abre una extensa llanura atravesada por un delgado riachuelo, y siendo alrededor de las 19:00 horas, el lugar se tornaba excelente para montar nuestro campamento base por dos noches.
Justo en frente de esta zona de campamento, finalmente logramos divisar una parte en donde la quebrada disminuía ligeramente su inclinación, permitiéndonos así cruzar.
El lugar era idóneo, se abría un claro entre la densa masa arbustiva y boscosa, si bien algo húmedo en las inmediaciones del riachuelo, perfecto para montar campamento. A unos 10 metros del curso de agua , sobre un montículo rocoso, nuestro lugar de descanso nos entregaba además, buena vista hacia el horizonte oriental.
Cansados y con hambre, dividimos las tareas, carpa, cocina, ¡y mate! Rápidamente las acciones se ejecutaron y, al cabo de una hora, estábamos cenando sentados mirando hacia las montañas y valles. Las condiciones climáticas eran muy buenas, no corría viento, la temperatura era agradable y se esperaba una noche estrellada y eclipse lunar. Sin pensarlo mucho, sacamos los sacos y quedamos listos para el vivac.
A eso de las 23:00, cuando ya pensábamos que no era la noche de eclipse y peleando contra el sueño, comienza el espectáculo astral. Ver un eclipse de luna, justo frente al campamento en una montaña, con condiciones climáticas perfectas y vivaqueando con los amigos, es sin duda alguna, uno de los momentos más increíbles que el montañismo te puede regalar.

Primera vista del majestuoso Glaciar Tyndall, parte de Campo de Hielo Sur, durante el intento a cumbre en el día 2 de expedición.

Primera vista del majestuoso Glaciar Tyndall, parte de Campo de Hielo Sur, durante el intento a cumbre en el día 2 de expedición.

Donoso se muestra
A la mañana siguiente, el día amaneció algo cubierto, sin nada de viento, pero el pronóstico decía que durante la jornada se iría despejando. Rápidamente dispusimos a hacer el desayuno, preparar el equipo y comenzar el intento al Donoso. Debíamos alcanzar una loma de 100 metros aproximadamente por sobre nosotros, para ver cómo era la parte alta de la quebrada, que debíamos seguir ascendiendo hasta lograr divisar nuestro objetivo.
Al alcanzar el punto señalado, pudimos ver en su totalidad el largo recorrido que nos quedaba aún para alcanzar el nacimiento de la quebrada; si bien el desnivel no era importante, la cantidad de nieve era absolutamente diferente. Se auguraba una jornada agotadora, pero teníamos el día completo para el intento a cumbre. Al internarnos sobre este cajón boscoso y nevado, el terreno se presentaba a ratos transitable y a ratos con nieve hasta la cintura, Sin embargo, todo esfuerzo tiene su recompensa, ya que comenzamos a divisar, en dirección oeste, un extenso mar blanco: se trataba del gran glaciar Tyndall, y a nuestra izquierda, el imponente Monte Donoso, con un cono perfecto imponente y solitario que se alzaba sobre nosotros, y su cima de hielo, que cubierta por densa nubosidad, se mostraba cada ciertos minutos.
Eran las 12:00 cuando divisamos el macizo, es cierto, era tarde, el ascenso a la cumbre lo calculábamos por lo menos con tres horas más en el bolsillo. Esto hizo que por segundos la moral bajara un poco, ya que no pensábamos que después de toda la mañana ascendiendo, la cumbre se mantuviera aún tan lejana. El terreno oscilaba entre extensas áreas cubiertas de dura nieve y largos acarreos. Cercano a la media tarde nos ubicábamos sentados en un expuesto filo bajo la cumbre, alzándose ésta 50 metros por sobre nosotros.

¡Un saludo desde el punto más alto de esta cumbre congelada!

¡Un saludo desde el punto más alto de esta cumbre congelada!

El intento final
Por decisión del equipo, dos quedarían en el filo mientras uno intentaría la cumbre. Es por este motivo que dispuse a poner mis crampones e intentar coronar el Donoso. La ruta es muy expuesta, no recomendable en días de viento. El hielo era de buena calidad, lo cual permitió un ascenso firme y seguro. A medida que ascendía, el desnivel era más notorio y el horizonte más amplio. Finalmente a las 15:30, después de varias ocasiones fallidas de intento de expedición, debido a las condiciones climáticas, ¡lográbamos alcanzar la cima del bello Monte Donoso!
El escenario lo conformaba la cuenca del Río Serrano, Monte Balmaceda, Monte Ferrier, Cordillera Paine, Glaciar Tyndall, Glaciar Geike, etc. Un contexto espectacular. Las cornisas de hielo expuestas hacia dirección sur-este mostraban la fuerza con que el viento azota la cumbre.
Las condiciones se prestaban para sentarse, mirar el paisaje, fotografiar, grabar, por varios minutos. Es una montaña lejana, de largo acceso, por lo que merece la pena darse un tiempo para disfrutar su cima.
Decidimos tomar otra ruta de descenso para de esta forma evitar el paso por el cajón nevado y facilitar el trayecto. Mantuvimos la cota por varios minutos, siempre por sobre el nivel boscoso, hasta llegar al punto donde debíamos descender a un cajón nevado, que para nuestra fortuna presentaba excelente estado de nieve, producto de la sombra que casi día completo le daba a esta parte de la montaña. A eso de las 19:00 horas estábamos en el campamento nuevamente. Las nubes ya se anaranjaban, anunciando el atardecer y junto con ello, el descenso de la temperatura.
Para esa noche había luna llena, primera noche eclipse y ahora luna llena, ¡más no se podía pedir! Estaban anunciadas precipitaciones leves matutinas, por lo que decidimos dormir en carpa, para no despertar cuando ya las plumas de los sacos estuvieran estilando.

Démosle por la turba
Al día siguiente, efectivamente la lluvia se haría presente; desayunamos, levantamos campamento y emprendimos marcha. Precipitó sin parar por largo tiempo, lo suficiente como para ablandar las turbas que tapizan los pies del Donoso, y que debíamos cruzar. Al descender totalmente de la montaña, vimos que al final de una extensa turba, de a lo menos 1 kilómetro, nacía un sendero de ganado que se internaba en el bosque, el cual nos hizo pensar que podría llevarnos hasta las pampas que conectan con el camino vehicular, ahorrándonos de este modo abrirnos paso por los matorrales, bosques impenetrables y quebradas que habíamos cruzado el primer día.
Ya mojados, cansados y con hambre dijimos “démosle por la turba no más”, y comenzamos a internarnos en el mar de Sphagnum magellanicum, conocido como “Turba Roja”, siendo este tramo sin duda el más agotador de todo el descenso de la montaña.
Una hora estuvimos insertos en el mar de turba, a ratos tirando una par de “chuchadas”, pero finalmente al lograr salir de esta e insertarnos en el sendero que veíamos desde la montaña, hasta abrirnos paso hacia la gran pampa que en cosa de minutos nos llevaría hasta el vehículo. A las 14:00 horas, bajo un radiante sol, estábamos cruzando el Puente Grey para dar así fin al ascenso del gran Monte Donoso.

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El Plomo en MTB

Un día me llegó la idea de ascender el cerro Plomo en bicicleta. Esta idea, con el tiempo, se convierte en un sueño de realizar e inicio así el entrenamiento para esta empresa. En enero 2014 pruebo ascender el Plomo en bici, pero por la vía Falsa Parva-Cancha de Carrera, llegando a 4.200 msnm, pero tengo que rendirme por un problema de aclimatación. El 2015 me entreno con todas mis fuerzas, 6 días a la semana en el gimnasio y con la bicicleta en los Alpes italianos. En enero 2016 fijo la fecha de la ascensión, con la ayuda del gran andinista Rodrigo Echeverría, y empezamos a programar la expedición Plomo Bike, programándola para el 7, 8, 9 y 10 de enero.

Texto: Claudio Lucchese
Fotos: Rodrigo Echeverría

Mi sueño comienza a volverse realidad, el 2 y 3 de enero con Rodrigo hacemos dos días de aclimatación en Laguna Piuquenes y un trekking de reconocimiento de la ruta a seguir. Después de esto, el 7 de enero y con gran emoción, empiezo mi viaje desde Santiago hasta la Parva. Esta salida es muy dura, debido al peso de la mochila, que va cargada casi con 20 kilos. El desnivel es mucho y todo esto lo debo lograr en bicicleta. Demoro 6 horas desde el comienzo del Camino Farellones; llego a la Parva y en compañía de un perro descanso.
Me acogen amablemente en el refugio del Campo Base Águilas, mientras una lluvia torrencial se deja caer. ¡Estoy listo para un segundo día! El 8 de enero empiezo el tramo de la Parva a Piedra Numerada. El tiempo no es el mejor, por el fuerte viento y las nubes, pero el paisaje maravilloso y me estimula. ¡Los colores del cerro Pintor son increíbles!

Hermosa vista del atardecer desde la zona Refugio Federación hacia el valle. El tiempo nosc quería dar una hance.

Hermosa vista del atardecer desde la zona Refugio Federación hacia el valle. El tiempo nos quería dar una chance.

Así llego a Piedra Numerada, después de 5 horas. Aquí planto la carpa y encuentro personas muy amables que me ofrecen su ayuda en caso de necesidad. En la noche aparece Rodrigo con Rowena; ahora la expedición está con su equipo completo. Paso todo el día admirando el Plomo desde mi carpa y veo su majestuosidad, soñando conquistar su cumbre. El 9 de enero, salgo al último campamento base, en Federación, desde donde a las 03:00 empezaré mi jornada a la cumbre. Llegando a Federación, armamos la carpa, comemos y nos vamos a dormir temprano. En la noche sopla un viento consistente que me preocupa mucho, mientras sueño intensamente con la montaña. Después de tanto sacrificio lamentaría renunciar por culpa del tiempo.

En refugio Federación, instalado y preparándose para el ataque a la cumbre

En refugio Federación, instalado y preparándome para el ataque a la cumbre

Paso la noche en vela, sin saber si Rodrigo vendrá a llamarme para darme el día libre; no lo veo y me preocupo, pero de improviso veo una luz… es su linterna y me dice “¡Vamos!”. En este momento mi corazón se estremece, me siento el hombre más feliz del mundo. Así el domingo 10 de enero a las 03:40 horas comienzo mi ascenso.
Voy siguiendo la luz de Rodrigo, ya que mi linterna se ha roto. La bici en mi espalda se vuelve siempre más pesada; es una noche estrellada y las pequeñas linternas de otros escaladores se confunden con ellas, es una sensación estupenda. Llegando al refugio Agostini empieza a salir el sol, el espectáculo de Los Andes es indescriptible. Me concedo una pequeña pausa.

Paso a Paso
Empiezo a andar nuevamente, pero al ver el desnivel, pienso que será muy difícil y me vienen alguna duda de lograr mi sueño. Un viento muy fuerte me desequilibra, así Rodrigo Echeverría me hace de escudo, protegiéndome al colocarse delante mío. No miro nunca la meta en alto, para no desmoralizarme, habiendo visto la dificultad. La imagen que más recuerdo son los zapatos de Rodrigo, trato de concentrarme en ellos, así mi cerebro se mantiene lejos de las emociones negativas.

Claudio Lucchese en el ataque final, ganando metros con mucho esfuerzo en el acarreo, casi a 5 mil metros

Claudio Lucchese en el ataque final, ganando metros con mucho esfuerzo en el acarreo, casi a 5 mil metros

Sin darme cuenta llegamos a 5.000 metros, faltan menos de 430, los más duros. Salgo con pasos de 20-25 cm; cada 20 metros hago una pausa para respirar. Todo se hace más difícil, el aire te falta y mi corazón bate siempre más fuerte. La sensación térmica es de -17ºC pero soporto bien el frío. Llegando al glaciar me pongo los crampones para mi seguridad. Ahora falta la última parte, solo 200 metros.

Claudio y Rodrigo felices junto a la bandera chilena, en la cumbre del Cerro El Plomo, a 5.424 msnm

Claudio y Rodrigo felices junto a la bandera chilena, en la cumbre del Cerro El Plomo, a 5.424 msnm

Empiezo a vibrar, degustando la sensación de que lo puedo lograr. Rodrigo me anima y empiezo casi a llorar de la emoción. Veo aparecer la bandera chilena que sopla en la cumbre. Estoy llegando y mano a mano que me acerco, se abre una vista paradisíaca, con todas las montañas nevadas, creando un escenario estupendo. Un abrazo con Rodrigo, pongo una tricota de ciclista de la Italia junto a la bandera, fotos y ya es tiempo de volver. La emoción es inmensa por ser el primero a salir con una bicicleta desde Santiago al cerro Plomo, volviendo a Santiago siempre en bicicleta. Su majestad el Aconcagua nos saluda a lo lejos, quizás invitándonos a visitar su helada cumbre.


 

El deportista
Claudio Lucchese nació en Verona, Italia el 24/7/67. Mide 1.90 cm, pesa 98 kg. Amante de la montaña, deportista con un pasado de ciclista y bodybuilding. Un agradecimiento especial a Rodrigo Echeverría, que con su experiencia ha permitido de realizar mi sueño en completa seguridad y tranquilidad.

La altura, el frío y el enorme esfuerzo de llevar la MTB al hombro no pudieron contra la férrea voluntad de Claudi0

Nevados de Sollipulli

En la región de la Araucanía, al sur del famoso volcán Llaima en el Parque Nacional Conguillío y al norte del concurrido volcán y Parque Nacional Villarrica, hay un extenso y poco explorado terreno que pocos conocen, y que tiene un volcán con la historia volcánica más interesante de la zona. Es el volcán Quetrugudu o Sollipulli (complejo que no supera los 2282 msnm), que si ustedes lo mapean ahora mismo lo encontrarán al norte del Lago Caburgua y al sur de la ciudad de Melipeuco.

Texto: Sebastián Anguita

Desde Mayo comenzamos a organizar esta travesía en esquí de montaña (que varios amigos y familia la teníamos pendiente desde hace un par de años. Pregunté, junté y hicimos con un grupo extraordinario la expedición noreste suroeste al volcán Sollipulli.
Con Camilo Elton decidimos sacar la travesía adelante y seguir con la tradición “pondera” familiar, ya que hace varios años atrás el papá de Camilo (Sebastián Elton), Claudio Díaz, Juan Carlos Fuentes y varios más lo cruzaban. Y no lo hacían con los equipos y tecnologías que tenemos ahora.
Sebastián Elton tiene casa en el sector de Cochor, en el lado sur del volcán, y Raimundo “Sota” Anguita (mi padre) en el valle de Alpehue, en el lado norte. ¡Está diciendo! Hay que unir las casas.
La fecha elegida de la expedición fue el fin de semana del 18 de septiembre: hay buena nieve, buena temperatura, buen tiempo y todos pueden. La travesía estuvo pensada para hacerla en 3 días, aunque también era posible hacerla en 2. Yo tuve que guiar el lado norte y Camilo en el lado sur. Nadie conocía la travesía completa, fue netamente exploratoria.

Estos son los lugares que nos recuerdan lo chico que somos en el mundo. Josefina Elton y Matías Pimentel terminando de cruzar el crater. Foto: Isidora Court

Estos son los lugares que nos recuerdan lo chico que somos en el mundo. Josefina Elton y Matías Pimentel terminando de cruzar el crater. Foto: Isidora Court

Día 1: Salir del Bosque
Fuimos 15 los motivados a hacer la travesía. Partimos el viernes temprano desde Villarrica en dos transfer. Luego de dos horas de viaje llegamos a Melipeuco, para recoger a Franco Mellado y Josefina Elton, que llegaron en bus esa misma mañana desde Santiago para poder comprar las últimas cosas que faltaban. Luego de partir a la entrada de la Reserva Nacional Villarrica (1180 msnm), reparar el pinchazo de un transfer, preparar equipo, montar los esquíes a la mochila y sacar la infaltable foto inicial, comenzamos a caminar, al mediodía. A los 10 metros de empezar a caminar ya había nieve y durante una hora pasamos por un alucinante bosque de nothofagus y araucarias, arreglándolas para desenredarnos de las quilas. Al salir del bosque nos encontramos con una maravillosa vista al cono Chufquén y varias bajadas paradisíacas para esquiar. Tuvimos un rato para conversar, pusimos pieles y partimos a randonear.
A medida que subimos observamos una panorámica donde, de a poco, se asomaban los volcanes Llaima, Sierra Nevada, Lonquimay; al fondo el Callaqui y la Reserva Nacional China Muerta. En ese lugar estaba prohibido no sacar fotos
El objetivo del día era acampar en el glaciar del cráter, pero no alcanzamos a llegar, por que empezamos más tarde de lo que teníamos planeado. Pero ya cerca de llegar a la cumbre percibimos que la luz ya estaba comenzando a terminar su labor y que debíamos buscar otro lugar para pasar la primera noche. Vimos a la distancia una especie de terraza gigante, con buena vista y pendiente para montar el campamento (2120msnm). El Solli nos designó un hotel igual de “mil estrellas” que si hubiéramos dormido en el glaciar. Teníamos una vista increíble desde el Sierra Nevada hasta el lago Icalma. Yo creo que esa era la parte más helada del Sollipulli, porque hacía mucho frío y se mantenía excelente nieve para esquiar (nieve polvo o powder).

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Al lado de una gran cascada de hielo con vista al Volcán Lanín, Thomas Samsing se prepara para esquiar el Valle del Coirón. Foto: Domingo Letelier.

Día 2: Bajada al Cráter
En la mañana siguiente algunos nos salimos de las carpas a conversar con las manos en los bolsillos esperando recibir los rayos del sol, porque no íbamos a trabajar de ninguna manera con ese frío (-5°C). El sol llegó, el resto se levantó, ordenamos y salimos cerca de las 11:00, que también fue tarde según lo planeado. Continuamos subiendo hacia la cima para luego bajar al glaciar.
Me adelanté para buscar un lugar seguro para bajar al cráter mientras el resto se agrupaba. Nos comunicamos con radio y eso nos facilitó las cosas. Subí la cima este y me encontré con una vista impresionante al glaciar completo, repito, ¡impresionante!. Camilo encontró una muy buena bajada incluso con powder. Era una bajada de 30 segundos pero que la disfrutamos a concho ya que fue una de las esquiadas más largas.
Sacamos pieles, la esquiamos y a poner pieles de nuevo para cruzar el cráter. Era todo plano e inmenso, un mar de nieve. Avanzamos unos minutos para sacarnos la foto oficial del grupo; cuando nos estábamos instalando para la foto Camilo dice ¡hay que cantar el himno nacional! Así que apareció la típica cinta de bandera chilena de los dieciochos y cantamos a todo grito y corazón. Seguimos randoneando en el mar de ponder; Jaime Errázuriz y el Matías “matito” Pimentel anduvieron como atletas, el Jeremy y el Ignacio Elton, snowboarders, amarraron todas sus cosas a la tabla y la usaron como trineo de carga.

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Momento final. celebración de los tres días de randonée. Camilo Elton, Federico Scheuch y Jeremy Hatcher haciendo el brindis. Foto de Jeremy Hatcher

La segunda mitad de la expedición
Fueron casi 3 kilómetros de travesía por el glaciar. Llegamos a una pared fácil de subir para salir del cráter y comenzar la parte por el lado sur. Anclamos una cuerda para el apoyo y llegamos al otro lado con una nueva vista; ¡cambio de volcanes! Era momento de despedirse de los volcanes del norte y saludar a los del sur (Lanín, Quetrupillán, Villarrica y más atrás el complejo Mocho Choshuenco). Momento para alimentarse, sacar más fotos y partir a la segunda mitad de la expedición. Comenzó la jornada de Camilo, que nos tenía que llevar al cajón de las frutillas para luego bajar al refugio Cochor. Estábamos desplazados al este del refugio a sí que tuvimos que hacer “traverse” para acercarnos al cajón de Las Frutillas; avanzamos con una vista impresionante a los volcanes y con el Villarrica humeando, como siempre.
Las ansias comenzaron a llegar y vimos que podía ser posible llegar ese mismo día al refugio. A medida que avanzamos nos dimos cuenta que estábamos más al este de lo que pensábamos. Entre una pequeña separación del grupo y otra randoneada extra el sol, comenzaba a avisar con un pequeño cambio de luz que debíamos decidir si acampábamos o nos íbamos directo al refugio. La nieve comenzó a cambiar a color naranjo y ponerse más dura, lo que fue difícil para los snowboarders: había que caminar por una buena pendiente y de hecho hubo que subir a la Jose Elton con cuerda. Al llegar a un gran portezuelo estábamos entrando al valle del Coirón y vimos las huellas de Sebastián Elton y Federico Elton (el papá y el hermano menor de Camilo), que nos íbamos a encontrar.
Hace un rato nos habíamos dado cuenta que tomamos el camino equivocado. Cuando salimos del cráter debimos haber subido al filo montañoso del oeste del volcán, que nos iba a llevar directo al cajón de Las Frutillas. Pero nosotros bajamos, lo que hizo que nos demoráramos más de lo planeado.
Descendimos por el valle del Coirón hasta una terraza de roca. Este momento estuvo preocupante: debíamos llegar a las huellas pero no sabíamos qué había entremedio. Bajamos por el lado de la terraza y tuvimos que hacer un traverse con mucha pendiente y estar lo más arriba posible. El Luquitas Llanquinao, la Jose e Ignacio Elton -que andaban en snowboard- no pudieron cruzar. La pendiente era demasiado fuerte como para sacarse la tabla y caminar; el único remedio era que bajaran a un bosque de araucarias con una buena pendiente, pero si la lograban subir, podían llegar a las huellas. Al final armaron campamento en el bosque porque ya se estaba haciendo de noche.

Día 3: El final
A la mañana siguiente con Camilo y Franco los fuimos a buscar al bosque, desarmamos los campamentos y seguimos al tan esperado cajón de las frutillas. Esquiamos la última parte del cajón y entramos al bosque que era un poco más difícil que el del lado norte. Durante un poco más de una hora aguantamos la caminata entremedio de la nieve y quilas con todo el peso de los esquíes en la mochila.
¡Y al fin llegamos al refugio! ¡No era un mito! Era tanta la satisfacción y felicidad que Thomas Samsing (Sir Thomas), tenía algo guardado que solo lo iba a sacar en el momento correcto: era un skishot. Instaló 4 vasitos pintorescos traídos desde Chamonix Mont Blanc a lo largo de un esquí, llenando cada uno con Jägermeister. Luego de celebrar y conversar lo buena que salió la expedición nos fuimos en los transfer para terminar con el asado final en la casa de Camilo en Villarrica.

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Grupo completo al centro del crater del Sollipulli luego de cantar el Himno Nacional a todo corazón. Foto: Domingo Letelier

 


Agradecimientos:
-Sol y Nieve, Willy Hatcher, Chilebackcountry, Mauricio Carrasco, Sebastián Catalán, Verónica Neut, Miguel Matos, Sebastián Elton, Raimundo Anguita y a todos los que ayudaron directa o indirectamente a hacer posible esta expedición.

Randoneros:
Camilo Elton, Domingo Letelier, Federico Scheuch, Franco Mellado, Gregorio Vargas, Isidora Court, Ignacio Elton, Jaime Errázuriz, Jeremy Hatcher, Josefina Elton, Lucas Llanquinao, Matías Pimentel, Nikolas Kransiansky, Sebastian Anguita, Thomas Samsing

De Magallanes al Volcán Lanín

Para los que vivimos en la región de Magallanes no es fácil realizar expediciones a la alta montaña debido al alto costo que significa pagar los pasajes en avión que nos permitan llegar a Chile central, hogar de las mayores altitudes de los Andes y, más aún, sobrellevar los gastos de una expedición de montaña. No obstante ello a mediados del año 2015 se inició con la organización y planificación de lo que sería la primera expedición de magallánicos a una cumbre de alta montaña en el centro sur de Chile.

Texto y Fotos: Ernesto Teneb

Para ser honesto, la idea de subir el Lanín surgió en medio de un asado en mi casa, en una fría noche del mes de junio, cuando junto a Rodolfo y Carlos decidimos iniciar esta expedición. Desde allí en adelante se fueron sumando y restando socios y amigos del Club de Montaña d’Agostini. El punto determinante fue la participación del profesor Marcelo Noria, quien es guía instructor de montaña y director técnico de nuestro Club; él ya había estado en otras cinco ocasiones en el Lanín, de la cuales en dos tuvo la suerte de hacer cumbre, lo que habla de una montaña que no es fácil de subir y cuya principal dificultad está dada por su clima cambiante, el que se puede cerrar en cuestión de horas.
Con el grupo definido, se organizaron las cordadas y se establecieron las fechas tentativas para la expedición, esta finalmente se fijó para los días 6, 7 y 8 de diciembre. La ruta elegida es a través de nevé chileno, una ruta directa y poco conocida que parte junto a la ruta CH-199 que une las localidades de Curarrehue con el paso fronterizo Mamuil Malal.

La imborrable imagen del horizonte y las nubes por debajo de la cumbre del Volcán Lanín, cumbre que se empina hasta los 3.743 m sobre el nivel del mar, en el descenso somos flanqueados por seracs de blanco marmolado. “Hoy, antes del alba, subí a las montañas, miré los cielos llenos de luminarias y le dije a mi espíritu: Cuando conozcamos todos estos mundos y el placer y la sabiduría que contienen, ¿estaremos tranquilos y satisfechos? Y mi espíritu dijo: No, ganaremos esas alturas sólo para seguir adelante” W. Whitman. Foto de Marcelo Noria

La imborrable imagen del horizonte y las nubes por debajo de la cumbre del Volcán
Lanín, cumbre que se empina hasta los 3.743 m sobre el nivel del mar, en el descenso somos
flanqueados por seracs de blanco marmolado. “Hoy, antes del alba, subí a las montañas,
miré los cielos llenos de luminarias y le dije a mi espíritu: Cuando conozcamos todos estos mundos y el placer y la sabiduría que contienen, ¿estaremos tranquilos y satisfechos? Y mi
espíritu dijo: No, ganaremos esas alturas sólo para seguir adelante” W. Whitman. Foto de Marcelo Noria

Iniciando la Expedición
El día 6 de diciembre la mañana comienza temprano con un desayuno reforzado en el hostal “La Mami” en Curarrehue, el hostal fue nuestra base de operaciones y desde aquí se afinaron los últimos detalles del viaje y se realizaron las últimas compras. Llegamos al pie de la montaña a las diez de la mañana, el día es perfecto; sólo un poco de viento con rachas de 50 km/h, que para un nativo de la Patagonia es tan solo una brisa. Junto a nosotros han partido otras dos expediciones cada una con cuatro integrantes, ellos toman una ruta diferente a través del gran acarreo ubicado al oeste de la nuestra, en los días siguientes no los volveremos a ver. Las condiciones climáticas son inciertas, la cumbre del Lanín está cubierta por una gran nube lenticular, estacionada sobre la cumbre un altocumulus lenticularis amenaza el éxito de la expedición, sin embargo, el pronóstico entregado por nuestro meteorólogo en Santiago dice que las condiciones serán óptimas, sin nubosidad y sin viento en la cima; continuamos adelante, mañana se evaluará si es apropiado intentar la cumbre.

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Abajo: Traverse a un nevero a 2.000 m de altitud rumbo al sitio del campamento situado a 2.200 m sobre el nivel del mar. Foto de Javier Navarrete.

Luego de atravesar un outwash, accedemos a la ladera de la montaña a través de la quebrada de un río que baja de los neveros. Nos desplazamos entre roqueríos y acarreos cubiertos por una densa polvareda que corresponde a las cenizas dejadas por la erupción del Caulle, el viento reinante levanta el polvo y cenizas que rápidamente van obscureciendo las siluetas de los montañistas y apagando el brillo de los rostros, pero esto no desanima un ápice al grupo. Continuamos avanzando lentamente con nuestro equipo a cuestas hasta los 2.200 metros de altitud, en el área se encuentra una serie de pircas sobre de lo que probablemente es el único terreno apto para armar las carpas. Llegamos a las pircas cerca de las 16:30 armamos tres carpas mientras que Rodolfo y Marcelo optan por bolsas de vivac. Después de la cena, a las 20:00 horas, estamos listos para dormir; la recomendación es descansar al máximo, mañana la jornada comenzará temprano.

Día de Cumbre
La noche fue tranquila, tal vez un poco de viento, pero nada extraordinario. Como es habitual el día de cumbre la jornada comienza de madrugada, nos despertamos a las 4:00 de la mañana para el desayuno y los últimos preparativos del equipo a llevar hacia la cumbre. Salimos a las 4:45 con los cascos puestos y las frontales encendidas, en la mochilas van los crampones que nos servirán más adelante, paulatinamente el sol comienza a alumbrar, el cielo está despejado y abajo las nubes cubren el valle, es el día perfecto; a lo lejos hacia el oeste, vemos la silueta del volcán Villarrica entre el arrebol cortado por la sombra imponente del Lanín, en ese momento entendimos la dimensión de la montaña. A las 5 de la mañana nos calzamos los crampones y ascendemos por un gran nevero, para luego tomar por una pequeña quebrada cuyo cauce se hallaba congelado, el camino en esta zona alterna entre roqueríos, nieve y hielo, la ruta es directa a la cumbre y los bastones son los mejores compañeros.

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Un descanso en el camino a la cumbre, un descanso necesario para reponer energías, hidratarse y para contemplar el hermoso paisaje que ofrece la cara norte del volcán Lanín. Foto de Javier Navarrete

Cerca de las 9:00 de la mañana accedemos al nevero argentino, desde nuestra posición vemos bajando desde la cumbre entre ocho a diez grupos, cada grupo tiene entre 10 a 20 turistas-montañistas, todos bien equipados con cascos y piolet de marcha. La ruta por el nevero argentino si bien presenta una alta pendiente, está bien marcada, con un surco profundo, que es fácil y seguro de caminar debido a que tiene amplios zigzag que optimizan el ascenso; en esta zona logramos avanzar rápidamente y en un momento llegamos a los 3.500 msnm. Por sobre esta cota, las condiciones ambientales cambian, ya no es nieve lo que pisamos sino hielo, el aire se siente más delgado y es necesario respirar algo más profundo para oxigenar el cuerpo. En esta zona la hidratación es fundamental por lo que constantemente nos estamos recordando unos a otros beber agua.
La cumbre no se deja ver entre las masas congeladas y seracs que flanquean nuestro paso, el tranco de los montañistas es cansino, pausado, lento pero constante; como si la majestuosidad del entorno, el blanco intenso del hielo, el azul profundo del cielo estuviesen detenidos en ese instante para contemplar nuestro humilde paso, pequeños seres en desafío personal, cada uno con su propia meditación, cada uno con su propio mantra, pero todos con la cumbre en mente, cumbre esquiva que no se deja ver.
Durante el ascenso solo nos detenemos para contemplar el paisaje que cada vez tiene un horizonte más amplio. Hasta que, faltando diez minutos para las 13:00 horas, hacemos cumbre en el volcán Lanín; de pronto todo tiene sentido, el viaje, el entrenamiento, el cansancio, todo. El horizonte no tiene límites, las nubes por debajo de nosotros y llegan hasta el mar, solo sobresalen de ellas los volcanes Villarrica, Llaima y Tronador. Seis puntarenenses pusimos la bandera de Magallanes en la cumbre del gigante de la Patagonia, fruto de una planificación y preparación seria. Nueve almas con diferentes motivaciones, compartiendo el cansancio y muchos otros sacrificios para estar un instante a 3.743 m sobre el nivel del mar.


Integrantes
Desde Magallanes participan miembros del Club de Montaña d’Agostini: Marcelo Noria, Rodolfo Quezada, Guillermo Meza, Francisco Aguirre, Carlos Rebolledo y Ernesto Teneb. Luego se sumarían dos socias del Club de Montaña Bajo Zero de Santiago: Nora Espinoza y Viviana García; y el representante local el curarrehuino César Navarrete. Nueve almas con una esperanza en el corazón, lograr la cumbre del Volcán Lanín. Más información con eteneb@gmail.com

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Montañistas del Club d’Agostini de Punta Arenas y del Club Bajo Zero de Santiago en la cumbre del Volcán Lanín, entre las nubes y el cielo parados sobre el gigante de la Patagonia. “La cima es la mitad del camino” E. Viesturs. Foto de Javier Navarrete.