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Alex Taran, esquiadora y socorrista: “No existen expertos en Avalanchas”

Alexandra Taran (26) es guía, pistera socorrista, competidora de freeskiing y el 2012 ganó junto a su equipo el Eye of The Condor, competencia audiovisual que se realiza en La Parva. Da charlas, tiene la mejor certificación de Estados Unidos y es enfática con el tema que la apasiona: “No existen expertos en Avalanchas”. Revisa esta entrevista que le realizamos hace un tiempo.

Por Sofía Rojas / Fotos: Brain Parcells

Desde mediados de julio que Alex Taran se dejó caer en los Andes. No es primera vez que lo hace, de hecho conoce muy bien Chile y es la única patrulla mujer en La Parva. Este año volvió a nuestra cordillera a competir  en el segundo Eye of The Condor, organizado por el antes mencionado centro de Ski; también dio clases de ski en los Tres Valles y Nevados de Chillán y, al momento de esta entrevista esperaba aprovechar el resto de la primavera austral en las nieves de los volcanes Lonquimay, Villarrica, Lanín, Antillanca, y Osorno.

Además de viaje y charlas, Alex está desde 2010 certificada con el grado 3 y máximo en prevención de avalanchas de EEUU. Su compromiso más importante es dar a conocer mejor las avalanchas: Alex encabeza una organización dedicada a educar sobre este tema,   South American Beacon Project y tiene en Chile una apretada agenda, con presentaciones en el valle de Las Trancas, La Parva, El Colorado, La Hoya, Corralco, Temuco y Bariloche.

Lo que arrastra la nieve

El encuentro de esta norteamericana con una avalancha fue revelador. “Mi primera vez fue haciendo control de avalanchas y  fui atrapada junto a un colega. Yo estaba en dirección a una área de seguridad, y mi compañero entró a la pendiente antes que yo llegara al lugar, y caí en la avalancha por 150 metros y quedé medio atrapada”, recuerda Alex, quien de esta experiencia rescata algo muy importante: siempre tomar precaución. “No importa cuánto tiempo fuiste al mismo lugar o tomaste la misma ruta. Mi colega fue pistero con 30 años de experiencia haciendo esta ruta.  No existen expertos de avalanchas”, explica  esta deportista, que pasa la mayor parte de su tiempo en la zona con más avalanchas –descontando Alaska- de Estados Unidos: Snowbird, Utah.

Su manera de trabajar va por dos caminos: “Uno es  dar charlas gratuitas sobre conciencia de avalanchas a la comunidad. Tratamos de hacer que la gente se involucre y sepa lo básico en desplazamientos seguros y en rescatar a sus compañeros. En segundo lugar, trabajamos en áreas de Chile y Argentina donde ayudamos a entrenar al staff de los centros para que se sientan seguros realizando rescate de avalanchas. Tomamos dispositivos (usados pero probados)  de señalización que han sido donados y los ponemos en manos de los trabajadores que están en centros donde estos no se encuentran dentro del presupuesto”, cuenta Alex. Junto a la pala y sonda, son herramientas críticas a la hora de hacer rescates y es por eso que con South American Beacon Project, en 2012, ya han enseñado a más de 250 estudiantes, entregando 75 de estos dispositivos en manos de personal de rescate.

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¿Cómo se diferencian las avalanchas?

Existen principalmente dos tipos de avalancha: de placa y húmedas. La avalancha de placa comienza como una pieza de puzle que se separa y luego se transforma en una nube de polvo, cuando alcanza una velocidad de 200 km/h o más. Una avalancha húmeda comienza en un punto y arrastra más nieve mientras cae; esta es nieve saturada de agua, por lo general en primavera por el calor.

¿Puedes comparar entre las avalanchas que conoces?

La diferencia entre los Andes y Utah es el clima. Los Andes tienen un clima más afectado por el mar, lo que produce nieve más densa, con avalanchas  producidas por precipitación o viento. Las capas débiles no son tan comunes y la mayoría de las avalanchas suceden dentro de las primeras 24 horas de una tormenta o están relacionadas al clima; sabiendo esto podemos ver avalanchas de placas que comprometen mayormente a la nieve recién caída o que ha sido transportada por el viento, y en primavera avalanchas húmedas. En Utah el clima es más seco y por lo tanto los mantos de nieve se ven afectados de distinta manera, lo que hace más difícil pronosticar la estabilidad de la nieve: tenemos más avalanchas de nieve fresca porque esta perdura por más tiempo y hay mayor injerencia de las placas subyacentes.

¿Cómo debería enfrentarse la educación de avalanchas?

Necesitamos un cambio en nuestra actitud sobre avalanchas. Hay personas en Chile que mueren por avalanchas. Haciendo este proyecto estoy encontrando historias de más y más eventos donde gente murió.  La educación es prioridad número uno.  Hay muchas personas que piensan que en Chile no hay avalanchas porque no saben o no conocen.

¿Qué actores tienen que hacerse parte de esta enseñanza?

En mi opinión esta debería ser una labor que involucra a todos, organizaciones del Gobierno y privados. A nosotros, que andamos en las montañas y nos beneficiamos de las discusiones sobre seguridad. La comunidad de la montaña, aun cuando parece ser grande, es un mundo pequeño, y cuando hay un accidente este afecta a todos. En Estados Unidos y Canadá hay asociaciones de gobierno. Hay centros para predicciones, por lo general apoyados por privados y Gobierno. Y también hay grupos privados que dan clases, y otorgan certificaciones de las asociaciones.

¿Qué puede hacer uno, en caso de avalancha?

Grita “Estoy atrapado” y presta atención a tu compañero: el necesita recordar el lugar donde te vio por última vez. Si se puede, pararse en la capa de nieve debajo de la capa débil (o sea nieve más dura) y si estas en la parte superior de una placa, tienes la oportunidad de parar inicialmente. También se puede tratar de esquiar a un área de seguridad. ¿Y en caso de ser arrastrado? Nadar, para estar más cerca de la superficie, llevando las manos hacia arriba para que un compañero te pueda encontrar visualmente, lo que va  a ahorrar tiempo de búsqueda con ARVA y sonda. Luego hay que hacer un bolsillo de aire (hay harto oxígeno en la nieve, el problema es que haces una capa de hielo con tu respiración y después respiras dioxido de carbón). ¡Y cálmate! Entre más lento respiras, más tiempo vas a tener con oxígeno.

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