15 49.0138 8.38624 1 1 4000 1 http://outdoors.cl 300

Expedición monte Kanchenjunga 2012

Por primera vez un grupo de chilenos se propuso conquistar la cima del Kanchenjunga sin oxígeno complementario ni portadores de altura. Lo que no imaginaron fue la gran cantidad de obstáculos que encontrarían para alcanzar la cumbre.

Texto y fotos: Rodney González, Escuela Nacional de Montaña

Kanchenjunga es, con 8.586 metros, la tercera montaña más alta del planeta y es considerada uno de los ochomiles más difíciles de escalar. Es poco conocida debido a su remota ubicación en la frontera entre Nepal y Sikkim. Kanchenjunga significa en sánscrito los cinco tesoros de la gran nieve, en referencia a las cinco puntas que destacan en su inmenso macizo.

Nuestra inquietud nació el año 2009 después de que algunos miembros al volver de Nepal tras haber concluido exitosamente el ascenso al monte Manaslu de 8.163 m. y Nanga Parbat 8.125 m. decidieron embarcarse en este proyecto para que Chile completara los 14 ocho miles del planeta.

La expedición del Kanchenjunga la integramos Luis Álvarez, jefe técnico y líder del equipo, Rodrigo Retamal, médico, Daniel Rutllant, comunicaciones y web, Alex Koller, equipamiento técnico, Mario Sepúlveda, campamentos y yo, Rodney González, encargado de la logística.

Partimos de Santiago hacia Nueva Delhi, India, luego Katmandú, en Nepal y luego volamos 2 horas hacia el Este. Desde allí realizamos un trekking de ocho días por la húmeda selva hasta la localidad de Ramche ubicada a 4500 msmm. Allí tuvimos un descanso obligado de unos días porque algunos porters (personas que cargan el equipo hasta el campamento base) carecían de equipamiento para subir los siete mil metros de desnivel positivo que debíamos enfrentar para llegar al campamento base. Después de esa parada, realizamos un extenuante y hermoso trekking, pero sólo cuatro de los seis integrantes llegamos finalmente al campamento base (5550msmm).

El grupo mermó porque el penúltimo día de trekking desde Ramche hacia el campamento base y entrando al accidentado glaciar Jalung, Alex sufrió un desgarro en el gemelo de su pierna derecha. Rodrigo el médico de la expedición, decidió acompañarlo un par de días en el campamento que estaba en la mitad del glaciar.

Un mes en el campamento base

Ya en el campamento que sería nuestro hogar por un mes, miré alrededor y vi que nos rodeaban cumbres gigantes como el Jannu (7.700), los Kabru sobre 7.200 y el Rathong de 6.700, todos con paredes que parecían infranqueables. Vimos pasar algunos Sherpas que con sus botas gigantes parecían guerreros medievales. Comencé a impacientarme, quería tener los crampones puestos y empezar a montar los campamentos, llevando el equipo necesario. Antes debíamos pedir permiso a través de la ceremonia llamada “Puja o Puya” para iniciar nuestro ingreso al sagrado Kanchenjunga.

Aún no habían llegado nuestros compañeros Alex y Rodrigo, pero el “Lama” debía bajar y sólo él podía realizar la ceremonia. Según mis otros colegas, que ya habían estado en los Himalaya, los Lamas recibían un aporte voluntario en agradecimiento por la ceremonia. Bueno, este no, pues tenía su tarifa y no era barata.

Luego de algunas reuniones, convenimos con los sherpas de otras expediciones “equipar” en conjunto el cerro, porque entre campamentos hay que colocar cuerdas fijas clavadas con estacas para nieve y tornillos para el hielo. Debido a que desde el campamento 2 al 3 había un laberinto de grietas y paredes de hielo, cualquier error en la ruta nos desviaría fácilmente.
Iniciamos la ruta hacia el campamento 1 que fue bastante lógica por lo menos hasta los 6000 m. donde encontramos nieve en pendientes de 70°.
Cuando alcanzamos los 6.150 m., tuvimos que recorrer 40 minutos por nieve blanda y atravesar un par de grietas.

¡Avalancha!

En nuestro primer porteo al campamento 1 conocimos a quienes serían nuestros compañeros en el equipamiento y trabajo en la montaña, 17 personas, entre los cuales había una cordada muy fuerte de españoles.
Los montañistas comenzaron a trabajar frente a nosotros, y en un momento fueron arrastrados por una avalancha de placa hacia una gran grieta. En su desesperación, dos de ellos se tomaron de la cuerda fija, como intentando aferrarse a sus vidas, lo que no evitó que cayeran dentro de la grieta. En ese momento, unos sherpas nos pasaron una cuerda y corrimos a rescatarlos pensando que había pasado lo peor. Al llegar al borde de la grieta nos percatamos, por fortuna, que ésta poseía un gran resalte (pequeño balconcito), sobre el cual ellos habían caído lo que aminoró el golpe. Lamentablemente, a ambos se les quemaron sus manos y quedaron partes de sus huesos expuestos. Tuvieron que ser rescatados en helicóptero desde el campamento base.

Equipando el campamento 3

Después de un par de días de descanso en el campamento base, Mario, Luis y yo comenzamos el intento de equipar el campamento 3. A buen ritmo alcanzamos el 1, donde dormimos. En la mañana recargamos nuestras mochilas con rollos de 200 metros de cuerda y jalones, que son unos coligües con banderas para señalar donde va la ruta y para marcar grietas y los lugares de rappel, para el ascenso al campamento 2. Cuando salimos encontramos una gran pendiente que llevaba a un filo en donde por fin pudimos ver el Kanchenjunga por completo. El campamento 2 se encontraba a sus pies. Luego de sortear el filo, la ruta bajaba bordeando unos grandes paredones de los cuales caían constantemente rocas. La ruta bajaba a través de un traverse hasta llegar a la planicie del glaciar que llevaba al campamento 2, a 6.400 metros.

 

En la noche sopló tanto viento que las cocinillas no funcionaron y no pudimos salir de las carpas hasta el amanecer.
Cargamos nuestras mochilas con alrededor de 17 kilos y comenzamos nuestro porteo al campamento 3. Luego de 45 minutos, llegamos a una gran pared de alrededor de 45 metros, que comenzaba con 80° y en partes enderezaba a 90°, con salidas de hielo donde los piolets y crampones cortaban y dificultaban mucho la progresión (no se sujetaban ya que el hielo estaba con textura de azúcar). Luego de sortear esta gran pared, se vino un laberinto de grietas que debimos sortear con mucho equilibrio.

Cayendo hacia una grieta

Dejamos las cargas a los 6.750 metros y comenzamos nuestra bajada. En el laberinto mencionado anteriormente pasé manteniendo el equilibrio, bajé a una plataforma que finalizaba en el rappel de 45 metros y caí a una grieta. Quedé soportado sólo por mis brazos. Remonté hasta el inicio del rappel para esperar a mis colegas . Salí tirando de la cuerda, los pies me colgaron un momento. Mario al bajar perdió el equilibrio y cayó 4 metros, traccionando la cuerda de Luis, el que cayó 6 metros sobre Mario y resbalaron por el hielo, Luis quedó inconsciente. Comencé a avanzar con mucha precaución hasta los accidentados. Mario se reintegró. Me acerqué a Luis, le grité, pero no hubo respuesta. Mario comenzó a instalar un tornillo en caso de que tuviésemos que autoasegurarnos. Yo aproveché la rigidez de la mochila de Luis y lo giré, ya que continuaba invertido. Entonces recobró el conocimiento, tenía sangre en su nariz.

Llegamos con Luis al lugar del rappel, sobreprotegimos el anclaje y lo bajamos. Luego rappeleamos y comenzamos a bajar. Corté un trozo de cuerda sobrante y asistí a Luis con la técnica de cuerda corta.
Llegamos al campamento 2 con las últimas luces y con una persistente nevada. Ya en la carpa, comenzamos la revisión completa de Luis asesorados por radio desde el campamento base por nuestro doctor Rodrigo Retamal. A duras penas bebimos unas sopas y con Mario nos mantuvimos alerta durante toda la noche haciéndole una revisión completa cada una hora y media. Tanto nosotros como nuestros amigos del campamento base pasamos la noche en vela.

Al día siguiente, bajamos lentamente al campamento base y a Luis le dimos medicamentos para el dolor ya que fue el más afectado en la caída. Después sabríamos que ambos habían sufrido fracturas en sus costillas
Tuvimos que cambiar nuestros planes, modificar nuestro itinerario, y todo nuestro trabajo de equipamiento de la montaña.
Nos tomamos algunos días de descanso para darle tiempo a Mario y a Luis de recuperarse y con Alex nuevamente hicimos el intento de portear y equipar el campamento 3. Una constante tos me impidió mantener el ritmo y a duras penas llegué a los 6.000 metros, en donde mis compañeros me mandaron de vuelta al campamento base. Debía mejorarme para el intento de cumbre.

Alex y Mario alcanzaron el campamento 2 y al siguiente día continuaron el equipamiento del campamento 3. Alex se vio imposibilitado de escalar debido a la lesión de su pierna izquierda. Mario remontó a los 6.750 en un nuevo porteo de cuerda fija y ambos bajaron al campamento base. En la mañana Alex comenzó su retirada al campamento base y se decidió que Mario por su buena condición, esperara refuerzos.
Luis y Daniel subieron después de que Alex bajara, pero Daniel estaba resfriado y Luis seguía con molestias lo que les imposibilitó superar los 6000 metros. Allí se reunieron con Mario. Todos juntos en el campamento base, celebramos mi cumpleaños bajo un sentimiento de incertidumbre.

Obligadamente debimos cambiar el estilo de intento de cumbre, a un solo intento “semialpino” desde los 6.400. Estábamos con el tiempo en contra, temíamos que el buen tiempo se nos acabase y además llevar más de un mes sobre 5.500 nos comenzó a pasar la cuenta.

Llegó el momento.

A las 6:00 de la mañana, después de una pequeña pero muy significativa ceremonia con un pequeño fuego junto a la Puya, Mario, Luis y yo comenzamos nuestro intento de alcanzar la cumbre. A buen ritmo logramos llegar al campamento 2. Al día siguiente, luego de levantarnos un poco más tarde, logramos montar un campamento intermedio entre el campamento 2 y 3 a casi 6.800 m. Era imposible llegar al campamento 3 en un solo día por la gran cantidad de paredes verticales que finalizaban en pasos extraplomados, que son paredes de hielo poco consistentes que se vienen encima. Ello volvía lenta y muy incómoda la progresión, principalmente por el gran peso de las mochilas.

Finalmente llegamos al campo 3 a 7.100 m., de noche, muy agotados y bajo una fuerte nevada. Decidimos tomarnos un día de descanso. Era la primera vez que Mario y yo alcanzábamos esa altitud y ahora dormiríamos dos noches ahí. Nos sentíamos “como tuna”.

La ruta desde el campo 3 al 4, discurría primeramente bordeando unas grietas y la cresta de una pequeña loma que llevaba a los pies de una larga pared de alrededor de 70°, enderezándose hasta los 80°, y que terminaba en un largo plateau (un lugar plano) desde donde volvimos a ver al Kanchenjunga. Desde ahí se podía leer cómo sería el día de intento de cumbre.

Ya a 7.600 la mochila nos pesó el doble y la altura se hizo notar. Armamos nuestro campamento luego de cavar una hora bajo una rimaya que nos protegió de las caídas de material. Ese mismo día, en la noche, intentó cumbre el equipo europeo, el cual se dividió y dejó a un rumano solo intentando cumbre.

Como íbamos a partir entre las 18:00 y 19:00 hrs., descansamos y nos hidratamos toda la siguiente mañana. Finalmente salimos a las 20:00 hrs. con las últimas luces. Remontamos casi a ciegas hacia la izquierda y después tomamos un filo que nos dejó a los pies de una añosa cuerda fija que ratificó nuestro buen olfato en la oscuridad de la noche. Continuamos subiendo y terminamos en una canaleta en donde Mario tomó la delantera y dio perfectamente con la ruta. Comenzó a amanecer y el GPS nos indicó la altitud: 8.000 metros. Necesitábamos descansar, miramos alrededor y comenzamos a vislumbrar las cumbres de todos los cerros que nos rodeaban, uno de los espectáculos más impresionantes y sobrecogedores que he tenido nunca.

Hablamos con el campamento base, apagamos la radio y continuamos. Comenzamos a montarnos por un filo que iba paralelo a la canaleta principal (por donde iba la ruta), nos detuvimos y calculamos nuestro progreso. Ya eran las 8:00 de la mañana y nos propusimos caminar hasta las 11:00 máximo para tener tiempo para el regreso. Nos deshicimos de algo de peso y continuamos siguiendo otra añosa cuerda fija. La pendiente se tornó casi vertical y debimos sortear un par de incómodos pasos de escalada mixta en free solo por roca malísima y con una gran exposición.

Casi la cumbre

Continuamos por una arista con caída vertical hacia ambos lados. Comenzamos a dudar de la ruta y prendimos la radio. Desde el campamento base se notaban preocupados porque no estábamos en la ruta, sino que a metros de ella. Realizamos un traverse (un cruce horizontal hacia la izquierda) y la retomamos justo donde comenzaba a remontar sobre roca. Sabíamos que desde ahí había por lo menos 3 horas a la cumbre, lo que incluiría rappeles y escalada en roca y bajar por la misma ruta que habíamos subido. Sabíamos que un pequeño resbalón sería fatal.
Nos miramos y tomamos la dura decisión de abandonar. Los tremendos esfuerzos de los días anteriores nos estaban pasando la cuenta. Nos felicitamos entre nosotros por esta honrosa cumbre.

Nuestros GPS indicaban los 8.420 msnm. Nos sentíamos en buen estado. Comenzaron a pasar muchas cosas por mi mente: familiares y amigos. No sé por qué recordé el momento cuando decidí dedicarme 100% al montañismo y pensé en las personas con profesiones no convencionales que hacen funcionar a nuestro país. Era hora de bajar y lo hacíamos por la ruta normal. Tomé la delantera en la primera parte de la bajada, descendimos hasta los 8.100 metros, cercano al lugar que habíamos dejado aquellos implementos que íbamos a usar más a la bajada que a la subida. Me ofrecí para ir a buscarlos. A poco caminar el cansancio me pasó la cuenta, me costó mucho llegar y comprendí que bajar había sido una buena decisión.
Bajamos un poco más, descansamos y nos hidratamos. Continuamos la bajada los 3 juntos, llevábamos más de 20 hrs. sobre los 8 mil metros. Cayó la noche y ya cerca del campamento 4, comenzaron a aparecer grietas que no estaban cuando subimos y dificultosamente las cruzamos.

Empezamos a ver linternas que pertenecían a los Sherpas de la expedición de un japonés y taiwanés, todos con sus correspondientes máscaras de oxígeno que los volvían irreconocibles. Saludamos confusamente a algunos. Nos costó dar con nuestro campamento, pero después de buscarlo alrededor de una hora, dimos con él. Vimos el gran despliegue técnico de los Sherpas por llevar a sus clientes a la cumbre, lamentablemente tampoco lo lograron. Esta magnífica montaña seguía inescalada en la temporada premonzón 2012. Bebimos unas sopas y dormimos, exhaustos.

Un estadounidense en aprietos

Al despertar tuvimos la disyuntiva de si bajábamos o descansábamos una noche más, pero desde el campamento base nos dijeron que bajáramos ya que en dos días más los porters llegarían por nuestras cosas al campamento base. Entonces comenzamos nuestra retirada. Nos llevamos una sorpresa cuando vimos a lo lejos a David, un estadounidense con el que habíamos compartido en el campamento base. Nos dimos cuenta de que tomaba una dirección errónea y, peor aún, vimos que dejaba su mochila y continuaba hacia unos acantilados. Apuramos el tranco, dejamos nuestras mochilas sobre la ruta, tomamos nuestros botiquines y fuimos los tres a buscarlo. Afortunadamente nos escuchó y regresó. Al reunirnos, le comenzamos a hacer un chequeo y nuestro doctor nos sugirió por radio que le diéramos un medicamento sublingual que era un vaso dilatador para el pulmón, porque estaba con principios de edema y lo bajáramos lo antes posible. Ya entrada la noche, los cuatro logramos llegar el campamento 3, le habíamos salvado la vida y eso era una gran alegría.

La bajada desde el campamento 3 al 2 se nos hizo eterna, estábamos devolviéndonos con todo, no dejamos nada de basura y las mochilas seguían siendo monstruosas. Rappel tras rappel nos acercamos al campamento 2. Comimos, nos hidratamos, continuamos nuestra bajada y llegamos nuevamente de noche al campamento base. Nuestro equipo de cocina salió a nuestro encuentro. Llegamos alrededor de las 12 de la noche. Por fin estábamos todos juntos en el campamento base, pero había otra mala noticia: no teníamos tiempo para descansar, debíamos bajar al día siguiente.

Una bajada apurada

Comenzamos la bajada a través del irregular glaciar Yalung, que se nos hacía interminable, tanto así que pasamos toda la noche caminando y de amanecida logramos llegar a Ramche a 4.500 m.s.n.m. Dormimos, comimos, bebimos y nuestros males comenzaron a pasar, el cuerpo se recuperó velozmente y la madre tierra nos regaló un hermoso espectáculo, ver a una familia de leopardos de las nieves muy cerca del campamento.

 

Para terminar nuestra aventura nos quedaban aún 8 días de trekking y miles de pequeñas escaleras. Sin duda fue la mayor experiencia en montaña que he tenido.
Entre las conclusiones que pude sacar fue la altitud alcanzada deportivamente, que fue un precedente y un hito nacional. Mantuvimos siempre al equipo unido lo que demostró compromiso de todos los expedicionarios, usamos siempre todos los elementos de seguridad, bajamos toda nuestra basura, sacamos aplausos entre nuestros colegas sherpas y así podríamos seguir. Cometimos errores, obviamente, los cuales fueron evaluados en su momento, esto ha sido materia de crecimiento personal y transmitido a grupos principalmente por medio de la Escuela Nacional de Montaña la cual actualmente dirijo. El Kanchendzonga como le llaman sus lugareños continúa inescalado por chilenos.


Quiero agradecer a todas las personas que creyeron en este proyecto, a Marmot, AndesGear, Clínica La Portada de Antofagasta, Glaxo, Tesacom, Roche, ISDIN, Drift, Julbo, a la Feach junto con mi querida ENAM ( www.enam.cl ), Club andino Giuseppe Bortoluzzi de San Fernando y gracias especiales al IND de donde salió el grueso de las lucas para realizar esta enorme expedición.

 

Post Anterior
Outours: Vicuña lugar de contrastes
Siguiente Post
Una vuelta por Torres del Paine

Comparte tus historias

Si eres explorador, aventurero o deportista outdoor y quieres contarnos tus historias, escríbenos a contacto@outdoors.cl