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Vuelta a Robinson Crusoe

Dos días se necesitan para darle la vuelta a la isla Robinson Crusoe remando en kayak o en Stand Up Paddle: Una travesía llena de emociones, olas de tres metros y de historias.

Texto y Fotos: Iva Vásquez

Desde hace cinco años, el centro náutico de Juan Fernández invita a la comunidad isleña a participar de la travesía alrededor de la isla. El objetivo de esta actividad es intentar rodearla en kayak en dos días. Cuando me enteré de esta invitación, inmediatamente comencé a planificar la travesía que incluiría entrenamientos y salidas semanales con el equipo que estaría compuesto por seis personas que remarían en tres kayaks dobles y uno sobre un SUP.
Después de adquirir la comida, la bencina para el bote de apoyo y leña para el campamento estábamos listos para emprender nuestra aventura.
El viernes en la noche aperamos. El Galileo, era el bote de apoyo de la señora Ilka (una de las primeras buzos en Chile) que acompañaría a nuestro equipo durante la travesía. Terminamos de abastecerlo con todo lo necesario para zarpar al siguiente día.
A las 07:15 a.m. del sábado nos encontramos todos los participantes en la rampa, lugar de zarpe. Con la revisión de Capitanía de puerto y su permiso estábamos listos para entrar al agua con tres kayaks sit on top dobles y una tabla de SUP. Nuestro desafío: remar 64 km durante dos días, para rodear por completo la isla Robinson Crusoe, isla perteneciente al Archipiélago Juan Fernández.

Un desafío

Era la quinta vuelta que se realizaba en la isla pero la primera para mí y mi compañero de remo y la primera vez que se intentaba dar la vuelta en una tabla de SUP. No corría viento y el agua estaba calma o “plata” como la llaman. Partimos en Bahía Cumberland, donde se asienta el poblado Juan Bautista, hacia el puerto francés. Recibimos el amanecer desde el agua, el sol se dejaba ver tras la isla poco a poco asomándose hacia el océano. Todo iba bien, navegábamos en tiempo récord. Todos los kayaks en perfectas condiciones y Vasco, joven isleño de 27 años y pescador artesanal de langosta, era quien llevaba la delantera. Él remaba la tabla de SUP. Si lograba terminar la travesía sería el primero en realizar la hazaña en una tabla.

Primer Tramo Superado

Llevábamos dos horas remando y llegamos frente al Puerto Francés. El ánimo se mantenía y el equipo continuaba junto. Si seguíamos a ese ritmo podríamos batir el récord, el menor tiempo logrado hasta ahora eran 9 horas y 30 minutos.
En este momento nuestra mayor preocupación era evitar que las llamadas “aguas malas” o fragatas portuguesas (physalia physalis), entraran a nuestros kayaks por los agujeros de evacuación. El contacto con ellas, en específico con sus tentáculos, causa fuerte dolor ya que se insertan en la piel. Son venenosas y en grandes cantidades pueden causar la muerte. Los remedios caseros más usados son el vinagre u orina esparcidos directamente a la zona afectada. Afortunadamente, aunque a lo largo del viaje avistamos varias, no tuvimos dificultades con ellas.

El Verdugo

La próxima parada sería “El Verdugo”, zona rocosa cercana a la costa. Su nombre proviene de un islote inmenso, una floración de roca madre a unos aproximados 50 metros de la costa. Entre esta y el islote se crea un túnel de agua. Es siempre recomendable bordear esta zona mar adentro ya que al atravesarlo, una ola podría reventar cualquier embarcación.
Es justo lo que hicimos. Nos esperaban olas de tres metros, así es que por seguridad lo rodeamos remando mar adentro, para evitar que las olas nos arrastraran contra las rocas. Tuvimos que mantenernos juntos, y aunque en esa situación es difícil, nunca dejamos de avistarnos los unos los otros. Me sentía protagonista de una película de náufragos. Las olas eran enormes y evitaban que viera de forma continua a los otros kayaks. Cuando montaba la ola y estaba en la cresta los veía a todos. Luego bajaba y solo veía mar a mi alrededor. Nos manteníamos cerca de Vasco, quien tenía que arrodillarse en su tabla para remar todo ese trecho.


Logramos salir de la zona del Verdugo, las olas bajaban pero el mar seguía movido. Después remamos olas continuas, principales causantes de mareo. La siguiente etapa fue la más agotadora, debíamos remar por playa larga, el trecho más largo de la travesía, una zona que se caracteriza por causar encerronas de marea y corriente contra la costa.
Si te atrapan desprevenido es imposible salir; por esa razón seguimos remando mar adentro, siempre avistando la orilla en la distancia.

Embrujo de la tierra

Me concentraba en el mar, en la isla, en el cielo, respiraba la brisa, recibía con gusto el agua que caía por mi cara. Dejaba mi mente volar, que vagara, mientras mi cuerpo remaba casi por inercia. Pensaba en lo afortunada que era de encontrarme justo en ese preciso momento. A ratos le preguntaba a mi compañero Marcelo, cómo iba, -¿todo bien?- todo bien-, y volvía a distraerme. Miraba el horizonte e imaginaba que de pronto veía ballenas junto a sus crías. Los pescadores comentan que éstas siempre se dejan ver por esos lados de la isla. Recuerdo que unos días antes un viejo pescador de langostas, Bruno, me dijo “todos los lugares tienen su embrujo, y el embrujo de la isla es muy grande”. Comprendía la frase, así me sentía, no estaba cansada, y si lo estaba ni lo notaba, permanecía embrujada.

Un desagradable mareo

Finalizamos Playa Larga, y nos reunimos en la zona de los Chamelos. Es aquí donde la mar se hacía sentir. Dos de nuestros remadores, incluyendo mi compañero de kayak, Marcelo, decidieron subirse al bote de apoyo. Les afectaba el mareo. Al perderlos quedamos automáticamente dos remadoras sin compañeros, por tanto hicimos equipo con Francisca Angulo, una chica isleña de 21 años, quien realizaba los talleres del centro náutico a la comunidad de Juan Fernández. Fue la mejor decisión, nos complementamos y nos fuimos cantando todo lo que quedaba de jornada. La dupla femenina llevaba la delantera junto a Vasco. Atrás nos seguía Marcelo y Néstor Chacón, dos hermanos que llegaron de voluntarios a la Isla tras el tsunami del 2012 y terminaron quedándose más del tiempo pensado.
Amarramos el kayak sobrante al Galileo. Llegó la lancha de Capitanía de Puerto a supervisar nuestra situación, nos dio su aprobación y aprovecharon de llevarse a Daniela, la farmacéutica de la isla que venía en el bote de apoyo al Poblado de Juan Bautista, y también había sido víctima del mareo. Acordamos remar y decidimos esperarnos antes de entrar La Canal.
Remando hacia La Canal, nombre que se le da a la zona oceánica que queda entre la Isla Robinson Crusoe y la Isla Santa Clara (1,5 km aproximadamente), pasamos frente a Villagra, lugar conocido por ser alojamiento de todo el poblado durante tres días y tres noches en el Tradicional Rodeo de Villagra que se realiza una vez al año.
Esperamos a los demás y entramos. Santa Clara se veía muy cerca. Esta Isla despoblada, a solo unas horas en kayak, es uno de los más hermosos puntos de buceo que ofrece el Archipiélago y de Chile. Es reconocida por su biodiversidad endémica submarina. Es un paraíso para los amantes del fondo marino.

Un campamento mágico

A las 13:15 horas, avistamos bahía el Padre, lugar donde instalamos nuestro campamento base por esa noche, residencia de cientos de lobos marinos finos de dos pelos, endémicos de Juan Fernández (Arctophoca philippi). Tuvimos la más increíble bienvenida. Al acercarnos aparecieron los popitos, como llaman a las crías, eran curiosos y juguetones. Los kayaks les llamaban la atención, bailaban en el agua y se asomaban muy cerca para enterarse de lo que ocurría.
Llegamos felices y satisfechos por el tiempo realizado. El anhelo de terminar la travesía y hacer récord se mantenía presente. La primera etapa y la más difícil había sido superada. Ayudamos a desembarcar el bote de apoyo, armamos campamento a orillas de la playa y comimos un exquisito cebiche de vidriola (palometa), pescado durante el viaje, preparado por tía Flora (madre de Vasco) junto a la señora Ilka.
Teníamos toda la tarde libre. La travesía continuaría al otro día por lo que algunos nos animamos a realizar un trekking hacia el Arenal, una playa cercana, escondida entre acantilados. Era un paraíso de arena y olas, la única playa con arena en la isla, ideal para la práctica de surf y body.
Esa noche cenamos todos juntos unos ricos fideítos con salsa, preparados por tía Flora en una olla común, frente a un fogón que ilumina el campamento. Desde ahí oímos los cantos de los lobos provenientes del océano. La noche nos regaló un hermoso cielo estrellado, a ratos nos llovían las estrellas fugaces.

Se acaba el tiempo

Partimos temprano, nuestro objetivo era completar la travesía y estar de vuelta en la Bahía Cumberland antes de que se largara la corriente. Debíamos llegar antes de las dos de la tarde.
Partimos nuevamente los tres kayaks dobles, más Vasco en la tabla. Los chicos Rai y Marcelo ya se habían repuesto del mareo y la motivación nos animaba. Toda la flota estaba dispuesta a terminar esta aventura. El ánimo estaba súper, y la idea de demorar dos horas y media de regreso daba vueltas en mi cabeza.
Me sentía motivadísima. El mar estaba “maruchento”, movido, y eso me mantenía despierta. Era como estar corriendo constantemente un rápido clase 3 interminable. Había que estar atenta, enfocada, todos los sentidos despiertos. Si no queríamos volcarnos había que remar.
Vasco llevaba un mini parlante a prueba de agua en la proa de su tabla. Remamos todo el track final con temas de Avicci, Sigala y Porter Robinson. Pasamos frente al Inglés, último punto antes de llegar al Poblado de Juan Bautista. Faltaba poquísimo y eso nos hacía remar con más fuerzas.

Hacemos historia

En el faro, justo antes de la bahía, decidimos esperar a los demás kayaks para entrar todos juntos. Vasco estaba feliz, a metros de ser el primero en la historia, el primero en dar la vuelta remando en SUP. Fue nuestra primera vuelta y ¡habíamos logrado el récord! 8 horas 30, una hora menos que la mejor marca.
Llegamos a la rampa. No había mucha gente esperándonos, tampoco había un festín ni bombos o platillos, pero estábamos felices. Felices con nosotros mismos sobre todo orgullosos. Nos abrazamos y nos felicitamos unos a otros.
La travesía había finalizado. Habíamos logrado el objetivo. Estábamos llenos de experiencia. Ahora nos quedaba guardar y ordenar el equipo, y juntarnos a comer una merecida cena.

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