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Entrevista: Cristián Donoso, explorador

Cristián Donoso podría considerarse como el Shackleton chileno. Fue nombrado hace poco como El explorador destacado de Chile. A sus 41 años lleva más de 40 expediciones en el cuerpo y no pretende detenerse. Ha estado en la Antártica y en el Ártico lo que lo convierte en el único chileno en realizar expediciones largas en ambos polos.

¿Cuándo te surgió la inquietud de explorar?

Mi papá es un montañista muy activo hasta hoy y vengo de una familia que ha realizado actividades al aire libre desde siempre. Cuando tenía seis meses mis papás me llevaron a mochilear al sur por caminos inexplorados.

¿Cuándo realizaste tu primera expedición de largo aliento?

En el año 96 en la zona de fiordo Comau. Tenía 20 años. Ahí entré en la modalidad de exploración, de entrar a lugares de difícil acceso con poca información. Desde esa expedición puse mi foco en el sur, en Patagonia y en la Antártica, y me empecé a acercar a la navegación. Tengo la suerte de haber nacido en Chile que es una de las zonas que ofrece mayor oportunidades para la exploración. La zona patagónica en su mayor parte se encuentra inexplorada.

¿Por qué la Antártica?

Siento una gran atracción por los espacios con hielo y nieve, busco lugares aislados. Es diferente ir a un lugar que ya ha sido explorado a uno que no lo ha sido y del cual no tienes información.

¿Cómo exploras?

En kayak y a vela principalmente. Con el tema del kayak me metí más tarde. A vela he hecho travesías oceánicas largas desde Holanda al Cabo de Hornos.

¿Qué beneficios tiene el kayak para la exploración?

Prefiero por lejos el kayak a otra embarcación porque ofrece contacto inmediato con el entorno. Es un medio discreto de aproximación que permite una conexión particular con lo que te rodea y entrar a zonas de difícil acceso. Es versátil porque puedes navegar por el mar, remontar por ríos, cruzar lagos, portearlo. He cruzado con un kayak por campos de hielo, lo he usado como trineo. Ofrece muchas posibilidades para entrar a territorios de difícil acceso. Además he hecho travesías de 40 días con todo lo que necesito dentro de un kayak. Tiene mucha capacidad de carga.

¿Cuál ha sido tu travesía más importante?

En el plano personal una expedición que me marcó mucho fue una que hice en la Patagonia durante 43 días hacia el lago Grede. Subimos los kayaks a campos de hielo, luego bajamos a un lago que nunca había sido explorado con superficie equivalente al lago Villarica, y descendimos el río por el que desagua. Fue una expedición muy especial en cuanto a su dificultad, al escenario, a la relación que tuve con mi compañero, y al magnetismo que me generó ese lago. Resultó un desafío grande. Implicó innovación en el equipamiento y técnicas. Fue la primera vez que usé un kayak para pasar por glaciares.

¿Y en término de hito exploratorio?

Una travesía de 900 km. en la Antártica con completa autonomía y sin apoyo externo. Es la travesía más larga que se ha hecho ahí. Soy la persona que más millas ha navegado en la Antártica en kayak a nivel mundial.

¿En qué consistió la travesía que acabas de hacer a la Antártica?

Esta expedición pretendía ser más larga, pero estábamos sujetos a la logística de la armada que nos dio dos semanas. Nuestro objetivo fue unir las islas centrales de las Shetland del sur en kayak y con autosuficiencia. Una de las principales problemas que se planteaban era el cruce porque había corrientes muy fuertes. Decían que había velocidades de 5 nudos. Enfrentamos una marejada oceánica proveniente de temporales en el mar de Drake. Costó un poco convencer a la armada, porque nunca se había hecho algo similar en este archipiélago. La armada fue bastante vanguardista en apoyarnos y en confiar en nosotros.

¿Has pasado por situaciones complicadas?

Las condiciones más duras que he enfrentado fueron el año pasado en la isla Campana al sur de Golfo de Penas. Con mi compañero tuvimos una condición de viento y ola muy extrema. Había una ola que venía del oeste de más de siete metros y muy larga. Al principio navegamos con confianza, íbamos subiendo y bajando hasta que entró un viento sur que formó una ola vertical cruzada que generó una condición confusa. Entró una corriente muy fuerte del sur, era un hervidero de olas gigantes. Además nos mareamos. Tuvimos que dar la pelea hasta el final, nos dimos vuelta varias veces. Estuvimos 5 horas luchando para salir de ahí. Fue una condición de crisis.

¿Qué encuentras en estas expediciones?

Aprendes mucho de ti mismo. Estás inserto dentro de una sociedad que establece códigos a tu conducta y le da valor a cosas que no son tan valiosas. En estas expediciones te desprendes de todo, de lo social y de lo material. He estado tres meses sin sentarme en una silla, sin tener un techo, sin ir a un baño, sin cambiarme de ropa. El privarte de los elementos de confort de la cotidianidad te permite valorar lo trivial. En la Antártica estuvimos tres meses en el hielo y cuando vimos vegetación fue algo tremendo.

¿Es como un ejercicio espiritual?

Absolutamente. Al desprenderte de todo y someter tu cuerpo a un régimen duro, te desprendes de la esclavitud del cuerpo. Es como los monjes que se van a las cuevas buscando un camino espiritual. Cuando vuelves a la sociedad separas lo que es falso de lo que es valioso. No es el récord mi objetivo sino que vivir la experiencia, es mi forma de sacarle el jugo a la vida.

¿Cuál es tu comida favorita cuando estás en una expedición?

Lo que haya para comer se transforma en mi comida favorita ya que estás todo el día pensando qué vas a comer en la noche. Este es el mejor momento del día, aunque lo único que haya sean tallarines con salsa.

Y por último ¿qué es lo primero que haces al llegar de una expedición?

Comerme un Chacarero con un schop.

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