Patagonia Eclipsada




Tener como objetivo capturar una fotografía en los cielos de la Patagonia, en un día especifico del año, supone un gran desafío. Esta zona geográfica se caracteriza por condiciones meteorológicas cambiantes en extremo. La aventura en búsqueda del eclipse anular de sol de la Patagonia chilena, del 26 de febrero de 2017, resultó ser un viaje sin certezas e impulsado solo por el espíritu de aventura para presenciar un evento que no se repetirá en 400 años en esta remota zona austral.

Texto y Fotos: Cristián Urbina

Los portales de noticias científicas anunciaban un eclipse anular para el mes de febrero, el cual sería visible de forma parcial en gran parte de Chile continental, con excepción de una localidad de la Patagonia chilena: Coyhaique, el día 26 de febrero a las 10:30am.

Cuando leí esta noticia, pensé que sería una locura viajar en búsqueda de una foto de un eclipse, principalmente porque no tenía certeza de que las condiciones meteorológicas fuesen favorables. Cuando revisé los pronósticos, todos los días previos presentaban nubosidad en un buen porcentaje. Los cielos despejados parecían una utopía.

En mi cabeza daba vuelta la idea, no habría una oportunidad similar en muchos años. Tendría que esperar hasta el 02 de julio de 2019 para presenciar un nuevo eclipse: el eclipse total del Valle del Elqui, así que esta era una excelente posibilidad para no esperar tanto tiempo y adquirir experiencia en el registro de estos fenómenos astronómicos.
Dos semanas antes del evento me decidí y compré pasajes a Balmaceda. Sentía que no podía perder la oportunidad y confiaba que las probabilidades de éxito aumentarían con el correr de los días. Solo con tomar esta decisión, ya había puesto mi granito de arena para lograrlo. Si estaba nublado al menos me quedaría con al tranquilidad de haberlo intentado.
Coyhaique – Puerto Aysén – Puerto Chacabuco


Dos días antes del eclipse viajé hasta Puerto Aysén para visitar el puente Presidente Ibáñez que era el protagonista de la idea que tenia en mente: fotografiar las fases del eclipse enmarcado en la extensión total de la estructura que cruza el río Aysén.
Una vez en el lugar y contrastando los datos de elevación del sol para el evento, tuve que descartar el hermoso puente. Los ángulos de observación no coincidían con la trayectoria del eclipse. A las 10:30 am, momento máximo del fenómeno en el que se produciría el anillo de fuego, el sol se encontraría muy por sobre el puente. La elevación era muy alta y la foto ideal estaba condenada al fracaso. Otro factor que consideré fue la gran cantidad de nubosidad que se desplazaba desde Puerto Chacabuco a Puerto Aysén a través del encajonado valle del río Aysén. Si existía riesgo de que aparecieran nubes era mejor descartar el lugar e ir en búsqueda de un relieve más abierto, cerca de la pampa.
No fue fácil renunciar a la idea inicial, ya que me obligaba a buscar otro punto e improvisar. La buena noticia, eran un pronóstico del tiempo optimista, que señalaba un domingo despejado, con condiciones ideales. Ahora solo faltaba encontrar el lugar ideal.

Probando el filtro de DN


Estábamos frente al puente Presidente Ibáñez cuando un lugareño se acercó. Se llamaba Cristian y venía sobre su caballo, el que estaba amansando. Hablamos durante largos minutos sobre lo que queríamos hacer con las fotografías del eclipse. En una de sus tantas intervenciones nos dijo: “Deberían ir a Puerto Ibáñez, ese lugar sí que es lindo oiga”.
Yo había estado anteriormente en carretera austral, pero no había visitado ese lugar, por lo que decidimos movernos hasta allí para probar los filtros de densidad neutra que habíamos comprado justo antes del viaje.
Para fotografiar el sol, lo puedes hacer con un filtro solar usado en telescopios o añadiendo un filtro de DN400 que logre filtrar la intensidad de la radiación solar. Tomé la segunda opción y compré un filtro 12 horas antes de viajar. Nunca había usado uno de ellos, pero era un producto que quería añadir hace un tiempo a mi equipo fotográfico para realizar algunas largas exposiciones diurnas.
Cuando llegamos a Puerto Ibáñez, fuimos directo al salto del río Ibáñez. Un lugar muy especial para mi aventura fotográfica ya que realicé mi primera larga exposición diurna. El agua bajaba con gran fuerza en el salto, el río Ibáñez era encajonado y obligado a escurrir por una estrecha quebrada. La fotografía en larga exposición, muestra las aguas con el efecto “seda”, dando una impresión muy diferente a lo que se ve en realidad. Luego esas aguas, seguirían su curso normal, para desembocar directamente en el gran lago General Carrera, tan característico por las hermosas aguas turquesa y sus capillas de mármol.
La aventura por Puerto Ibáñez terminó con un atardecer perfecto, tomado en una secuencia panorámica.

El gran día

Manejamos de vuelta a las 00:00 del 26 de febrero, desde Puerto Ibáñez a Coyhaique. La idea era buscar un lugar durante la noche para ver al mejor telonero del espectáculo final: A las 4:00 am aparecería el centro de la vía láctea sobre la Patagonia. Otra de esas fotografías que se vuelven una obsesión cuando entras en este mundo.


Siempre he sentido una atracción por las estrellas. Cada vez que miraba una enciclopedia o compraba un libro, el capítulo del espacio se llevaba mi atención
Cuando el brazo de la vía láctea fue visible, sentí una gran satisfacción, ya que tenía el equipo adecuado para registrar ese momento. Cómo no pensar en todos los sistemas que se encuentran en nuestra galaxia. Cómo no pensar en lo pequeños que somos y en las maravillas que nuestros ojos pueden ver. Cómo no agradecer por vivir este momento y guardarlo por siempre.
El cielo estaba 100% despejado, era un regalo sin dudas, en donde millones de estrellas nos anunciaban que pronto comenzaría el espectáculo final.

El Eclipse anular

A las 7:30 de la mañana apareció el sol por el horizonte. Estaba acompañado por algunas nubes. Salió con fuerza, un amanecer especial para un Santiaguino, porque nunca vemos el sol de esta forma, las montañas lo ocultan hasta que el brillo es muy intenso para observarlo. Comienzo a pensar una y otra vez, que este viaje valió la pena. Y eso que aún no comenzaba la mejor parte.

A las 9:30 la luna comenzó a eclipsar nuestro sol, el paisaje se tornó gris. Poco a poco, la temperatura descendió, parecía un extraño atardecer. A las 10:30 se produjo el momento máximo, y un anillo de fuego apareció alrededor de la luna. Fue un momento muy breve, pero duró lo suficiente para poder fotografiarlo. Que ganas que verlo otra vez!, después de eso todo comenzó a volver a la normalidad. Volvimos a sentir el calor del sol durante la mañana y la Patagonia recuperó su color tan particular.

Pensé mucho en esta foto, imaginé muchas posibilidades. Cada una era más espectacular, sin embargo, me quedé con la más sencilla de todas: La foto comienza con el amanecer. Un sol intenso se abre paso entre las nubes que solo cubren el horizonte. Poco a poco, se eleva, poco a poco la luna nueva lo eclipsa. Si, la luna nueva, esa que es invisible durante su fase, pero que durante un eclipse se hace presente ¡Qué especial es todo lo que sucede!

Durante las dos horas que duró el evento, estuve mirando el cielo, asombrado, alerta y esperanzado de lograr una buena secuencia, disparando mi cámara cada 10 minutos cronometrados.


Para finalizar, solo puedo decir que ¡nada se compara con estar ahí!, los fenómenos naturales no se pueden reproducir con una buena fotografía o una gran historia. Las experiencias se viven, se sienten, se graban en tu memoria.

Si entiendes lo que te digo, no dudes en salir al encuentro del próximo eclipse. Nos vemos en el Valle del Elqui 2019.