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Ascenso monte Almirante Nieto

El manto de glaciar y escarpadas paredes hacen de esta montaña un destino imperdible para para los montañistas nacionales y extranjeros.

Eran las 08:00 am cuando salímos camino a la reserva desde Puerto Natales en busca de un nuevo objetivo: El Monte Almirante Nieto, emblemática montaña del Parque Nacional Torres del Paine. Todo aquel que haya llegado su cima, comparte la versión de que es sin duda el mejor mirador de las majestuosas Torres.

Con sus 2670 msnm el Monte Almirante Nieto se impone a los visitantes que ingresan a la reserva natural, para iniciar el afamado trekking hacia la base de la torres.

A las 10:00 am nos encontramos en la Administración del Parque Nacional, donde se debe dejar constancia y registrar cualquier ascensión que se vaya a realizar en el lugar. El itinerario normal para ascender esta montaña consta de tres días. Natales – CB / CB-Cumbre-CB / CB – Natales. La aventura la realizamos con Iván Gómez Torres, con quién hace dos semanas habíamos bajado del Monte Donoso, ubicado en el mismo Parque Nacional.

El día estaba soleado y sin viento, no teníamos apuro ya que nos restaba solo llegar al sector de Campamento Torres localizado a tres horas de trekking por el gran Valle Ascencio, por lo que aprovechamos la invitación de un amigo para tomarnos un shop de cerveza antes de seguir  rumbo a la montaña. A eso de las 15:00 pm iniciamos nuestra aventura.

Los primeros pasos

Nuestro objetivo era llegar a la pequeña cueva que conforma una gran roca, permitiendo vivaquear metros más arriba por la morrena de Las Torres, para estar más en contacto con la montaña que es lo que buscábamos, y no rodeado de turistas.

El tiempo se mantenía bueno, llegamos al refugio El Chileno, paramos a comer algo, tomar agua, descansar un par de minutos y seguimos rumbo. Las torres se mantenían despejadas, una buena señal, los turistas disfrutaban a orillas del río Ascencio, tomaban cerveza, leían o simplemente contemplaban el paisaje.

Después de 15 minutos, cargamos nuestras mochilas y emprendimos camino. A las 18 horas aproximadamente llegamos a  los pies de la gran morrena, a la cueva utilizada por ascensiones anteriores, abrigada y lo suficientemente cómoda para dos personas.

Contentos y relajados, nos dispusimos a cocinar mientras acomodábamos los sacos para dedicarnos solo a descansar en lo que quedaba de tarde.

Cae la noche

Rápidamente cayó el atardecer, la temperatura descendió drásticamente lo cual fue la señal suficiente para meternos a los sacos de plumas. A la luz de las linternas frontales hablamos sobre el día siguiente, estimando horarios, revisando el equipo, recordando intentos anteriores que no resultaron bien debido al mal tiempo, y pidiéndole a la montaña que esta vez nos dejara subir.

Entre el profundo sueño, sonó una alarma, era el reloj marcando las 05:00 am que nos indicabaa que debíamos levantarnnos  para iniciar el día de intento a llegar cumbre.

No había ruido alguno, era una mañana helada sin viento y a lo lejos se observaban las linternas frontales de los turistas ascendiendo en plena oscuridad a través de la morrena, en busca de esa fotografía de Las Torres del Paine anaranjadas al amanecer.

Mientras, calentabamos el agua para los mates, preparábamos el equipo y conversábamos respecto a la jornada que nos esperaba. Ya desayunados, a eso de las 06:30 am emprendímos camino hacia el gran Almirante Nieto. La primera parte del ascenso es posiblemente la más agotadora ya que hay que superar un largo acarreo entre escarpadas paredes lo que toma cuatro horas para llegar a su término. El entorno se torna místico y algo riesgoso ante la constante caídas de piedras.

A los pies de la pared

A la mitad de este canalón, hay un pequeño salto de agua que rápidamente desaparece bajo las rocas, lugar apto para tomar un breve descanso y seguir la marcha. Pasado este salto de agua, generalmente la ruta se cubre de nieve hasta el filo que conecta con la pared a trepar, por lo que el ascenso se torna más fácil. Después de cuatro horas, nos encontramos en el expuesto filo, a los pies de la pared y desde donde se aprecia parte del gran glaciar del Almirante Nieto con sus azuladas grietas y seracs, que de vez en cuando se desprendían generando ruidosas avalanchas frente a nosotros.

La pared estaba nevada y la temperatura muy baja, ante lo cual nos dispusimos a escalar rápidamente ya que los pies comenzaban a entumirse. Son aproximadamente cincuenta metros que deben superarse, siendo esta la parte más técnica de la ascensión. Una vez superada, te encuentras de frente con un torreón de roca, el cual debes subir por su cara norte, internándote en un canalón, que al trepar te deja en un expuesto filo. Es aquí donde te montas sobre el glaciar.

Restaban aproximadamente dos horas desde este lugar para alcanzar la cumbre. La jornada estaba buena, el cielo cubierto pero con todas las cimas despejadas lo cual aseguraba una inigualable vista. El glaciar es bastante expuesto y largo, por lo que se torna algo exhausto su ascenso hasta el último trepe que te pone sobre la cima. Finalmente solo a un par de decenas de metros de la cumbre, nos sacamos los crampones y enfilamos. La última parte la superamos con una trepada sobre roca bien inestable. A eso 14:00 pm, estábamos finalmente en la gran cumbre!

La cumbre es un filo expuesto, con una gran caída por su cara noroeste, la vista de las tres graníticas torres y todos los colosos que conforman la Cordillera Paine, es espectacular. El día estaba muy calma, aprovechamos para quedarnos durante largos treinta minutos descansando  con la inigualable panorámica que teníamos a los 360°.

Una vez descansados y con hartos registros fotográficos, comenzamos nuestro largo descenso para celebrar con unos buenos mates a los pies del gran Almirante Nieto.

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