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Desde la Cordillera al Mar: Navegando el río Puelo

Cuatro días a full, cerca de 120 Km de navegación, caminatas, algo de riesgo, mucha tranquilidad, naturaleza casi virgen y paisajes inolvidables es lo que vivieron dos amigos bajando por el río Puelo en botes inflables.

Texto y fotos: Fernando Fainberg

 

Hace un año vi unas fotos de Pablo Besser (gran expedicionario chileno) en una expedición en los fiordos patagónicos usando un bote inflable que se podía guardar en la mochila. De inmediato me di cuenta de que tenía que tener uno y hacer una aventura así. Vendí mi equipo de montaña (y de flojo, pues ya estaba cansado de acarrear kilos y kilos de fierros para subir cerros) y compré un packraft marca Alpakaraft (por sugerencia de Pablo).

Puse entonces un post en Facebook de que venía mi packraft en camino. Mi amigo Andrés Mora lo vio y me mandó un mensaje ya que también estaba planeando realizar una travesía por el Puelo. Apenas llegaron los botes, partimos a bajar el río Rapel para probarlos. A fines de Noviembre partimos hacia Argentina, pasando por Bariloche hasta llegar a El Bolsón, y de ahì al lago Puelo donde comenzaría nuestra aventura.

Cuando llegamos al parque nacional Lago Puelo, el guarda parques, la gente de aduana y de gendarmería se pusieron curiosos por los botes ya que no los conocían y fueron a ver como los inflábamos y los dejábamos listos. Fue tal la buena onda de ellos que decidieron hacer los papeles de salida del país ahí mismo y así evitarnos hacer pasar por la aduana argentina.

Navegando el río Puelo

Comienza la travesía

Al medio día partimos remando por el hermoso lago Puelo que estaba en una calma total, sin una gota de viento y con aguas transparentes que más invitaban a bañarse que a navegar. Sabíamos que si queríamos llegar a nuestro primer campamento no podíamos perder tiempo. Pasado un poco más de una hora y media llegamos a la desembocadura del lago Puelo y a los primeros rápidos. Desde la orilla los vimos un poco fuertes así que decidimos ser cautelosos y pasarlos por la orilla para meternos al río un poco más abajo. Un minuto después estábamos ya sobre el segundo rápido que nos llegó de lleno, con una buena roca y una ola que nos puso bastante nerviosos. Decidimos detenernos de nuevo y ver los terceros rápidos para ver por donde pasarlos. Nos fuimos por la izquierda, ya que por le derecha había bastantes rocas y así llegamos al lago Inferior entre medio de risas y goce después de bajar las corrientes. Ya habíamos probado los botes en aguas torrentosas y nos sentíamos más confiados y seguros.

La remada por el lago Inferior estuvo bastante más complicada que la del lago Puelo pues teníamos viento en contra y pequeñas olas nos dificultaban el avance. Paramos a mitad del lago para descansar y recuperar fuerzas a orillas de un pequeño río y seguimos remando, pues todavía nos tocaba pasar por carabineros para hacer el ingreso a Chile. Llegamos a un pequeño muelle donde estaba atracada una lancha que cruza el lago y que la manejaba un amigo de Andrés quien nos dio unos datos de cómo llegar al retén de Carabineros y lo más importante, como pasar los dos rápidos que nos separaban de nuestro primer campamento. Son fáciles decía…

Navegando el río Puelo

Los carabineros nos estaban esperando, pues los gendarmes argentinos les habían avisado que iban dos tipos en kayak, así que luego de un comienzo un poquito tenso, nos dijeron que estaba todo ok y que continuáramos el viaje.

Remolinos y corrientes

La salida del lago Inferior es muy tranquila y el río se demora en tomar velocidad, pero una vez que se larga, se va con todo. Llegamos al primer rápido que se sintió bastante movido y luego de golpe apareció el segundo rápido que era muy fuerte, con hartas olas y corriente. A Andrés lo sacó a la derecha y quedó al otro lado del río de donde debíamos acampar y a mí me tiró con toda velocidad hacia un remolino y unas grandes rocas en la orilla donde casi me doy vuelta. El bote quedò lleno de agua. Despuès de unas cuantas remadas rápidas (casi desesperadas) pude salir a la izquierda a un remanso donde logrè sacar el bote.

Mientras tanto Andrés tenía que cruzar como fuese el río pues sabíamos que un poco más allá comenzaba el cañón del Puelo con rápidos de clase mundial hasta V grado y donde podrìamos ahogarnos. Dio una rápida remada en diagonal a la corriente y salió a unas rocas donde levantando el bote pudo llegar al remanso y a nuestro campamento a orillas del Puelo. Ya eran las ocho y media PM y estábamos mojados, cansados y nerviiosos pero felices de nuestra aventura.

Navegando el río Puelo

Esa tarde nos encontramos con un lugareño que nos dijo que había una micro que pasaba a las 9 AM donde terminaba el camino. Esto nos venía bien pues ese día nos tocaba portear todo el equipo por unos 10 Km hasta la pasarela y así evitar ese famoso cañón del Puelo. Tomamos la micro hasta la pasarela donde inflamos los botes y al agua de nuevo.

Esta es una de las áreas más lindas del río, pues es bastante ancha, los rápidos son un poco más suaves y solo mojan, y en la parte donde se junta con el río Ventisquero se ven unas montañas nevadas de fondo que dan un marco increíble a un paisaje maravilloso. Un buen rato dejándonos llevar por la corriente nos permitió relajarnos al máximo y disfrutar del momento. Pero durò poco. Nos enfrentamos a otro rápido, que uno puede saltar por la izquierda, pero como no lo sabíamos nos tiramos por la derecha y nos agarró una fuerte corriente que nos tiró con toda velocidad contra la orilla , ramas de árboles y fuertes olas. Ahí volvimos a pasar susto y nos concentramos de nuevo en el río y ver que venía a continuación. En ese lugar empezaron a aparecer los primeros árboles semi sumergidos y que serían nuestra mayor preocupación el resto del viaje pues podían rajar nuestros botes.

Navegando el río Puelo

Pan con Palta

Sin mayores complicaciones llegamos al sector de Llanada grande, donde sabíamos que debíamos salir a la orilla derecha para evitar el rápido conocido como El Portón, pues se veía bastante grande y nos podía dar vuelta. Además, si un rápido tiene nombre, no es porque sea chico. Guardamos todo y partimos con las mochilas con cerca de 23 kilos a buscar por donde salir, pues Llanada grande queda a unos 250 metros más alto de desnivel y no hay camino para llegar allá.Decidimos seguir unas huellas de vacas, las que nos condujeron a un campo desde seguimos unos senderos hasta Llanada Grande. En el camino, mientras descansábamos nos encontramos con una señora que venía con su hija desde la escuela y le preguntamos donde podíamos comer algo. Nos dijo que no había nada más que un negocio de abarrotes . Como nos vio hambrientos nos regaló unos pancitos amasados con palta que había llevado de colación, y así mientras comíamos felices nos contaba de los vecinos, que se conocían todos y que siempre salía con varios perros porque ahí andaba el león (puma). En Llanada Grande hay unas cuantas casas, un retén de Carabineros y un negocio donde para nuestra delicia vendían cervezas bien heladas. Hicimos un trato con un lugareño que nos llevó por 5 mil pesos hasta la bajada al río en Puerto Santo Domingo (nos ahorramos una caminata de 6 Km), que no es más que una playa desde donde se podía meter fácilmente al río. Nuevamente estábamos armando campamento a últimas horas de la tarde.

Echados a patadas

A la mañana siguiente partimos por una de las zonas más lindas del río ,un tramo que va por un cañón rodeado de paredes de piedra y con mucho bosque nativo y grandes árboles que llegan hasta la orilla. Además el color turquesa del agua es increíble y la velocidad constante y la falta de rápidos hacen de esta parte una verdadera delicia. Pasada esta parte el río se abre y comienza a formas grandes meandros que alargan mucho la ruta y que sumados a un fuerte viento y la constante amenaza de lluvia hizo que nos pusiéramos ropa para el agua (Andrés pudo por fin usar su traje seco), claro que a la media hora se empezó a despejar de nuevo, así que terminamos bastante acalorados ese día.

Navegando el río Puelo

Llegamos a media tarde al lago Tagua Tagua, donde había mucho viento y grandes olas por lo que decidimos acampar en la primera playa que vimos y que para nuestra mala suerte era la orilla del Mítico Puelo Lodge, donde fuimos echados de ahí por la administradora. De nada sirvió decirle que veníamos desde Lago Puelo en expedición, que éramos muy limpios, que teníamos todo armado y que nos íbamos muy temprano. Nada, la mala onda estaba instalada y para evitarnos pelear más aún (podríamos haber hecho uso de nuestro derecho a usar las orillas de cualquier lago) decidimos irnos de vuelta a Puerto Maldonado y acampar al frente.

El campamento igual estuvo bueno, disfrutamos de una apacible tarde y pasamos buena noche.

Rápidos por doquier

Amanecimos muy temprano porque queríamos asegurarnos de cruzar el Tagua Tagua sin viento por eso a las 7 AM estábamos con los botes en el agua. Unas horas de remada muy agradable nos dejaron en la otra punta del lago. La salida estuvo entretenida con un pequeño rápido que nos despertó, pero luego entramos al sector de la Poza, que es un mini lago bastante grande y que sabíamos que terminaba en el rápido conocido como El Salto ) y que nos tenía bastante nerviosos. Justo antes del rápido el río se angosta y se encañona con paredes verticales . Veíamos las olas y espuma a lo lejos .Decidimos subir una pequeña loma de bosque para tener mejor vista del rápido, el que para nuestra suerte salía hacia la izquierda y se podía pasar fácilmente por la derecha.

Un español que tiene una casa ahí y que estaba pescando nos dijo que después de este rápido ya no había más y que el río corría suave hasta el mar. Partimos a rodear por la derecha el rápido, justo donde el río tiene hartas piedras y avanza con poco caudal. Pude remar un poco hasta que el bote se quedó atrapado entre dos piedras grandes y se llenó de agua. Me vi obligado a bajar y tirar de él hasta la orilla. Ahí vimos que había otro rápido que estaba tapado por unos árboles y que nos obligaba a bajar más aún.

El río corría con bastante velocidad y dudábamos de lo que nos había dicho el español, así que nos fuimos por un brazo a la derecha para evitar unos rápidos que vimos al avanzar río abajo y para nuestra mala o buena suerte había más rápidos. Ya sin tiempo para salir a la orilla, nos fuimos por ellos y remamos fuerte hacia el que parecía más fácil. Andrés pasó saltando una gran roca y la posterior ola y yo por tratar de esquivarla, la pasé por la derecha pero me agarró una corriente desde la izquierda y al juntarse con la ola me pegué un gran salto y estuve a milímetros de darme vuelta.

Navegando el río Puelo

Pasado el rápido nos fuimos a la orilla y pude dar vuelta el bote y sacarle el agua. Ahí vimos que venía otro rápido y que lo mejor era pasarlo por la derecha. Partimos de nuevo y esta vez Andrés no pudo salir de la corriente y al tratar de dar una vuelta y salir de ella, la ola lo agarró y lo dio vuelta. Despuès de segundos de incertidumbre lo vi flotar al lado del bote, el que por supuesto no se hundió y que sirvió de flotador. Partí a ver si podía ayudarlo pero lo mejor era que flotara un poco río abajo hasta un remanso donde pudiera salir y recuperar sus cosas. Perdió un gorro y su botella Nalgene, pero aparte de eso, nada más. Bajamos hasta la siguiente playa y ahí descansamos una hora mientras el sol secaba las cosas de Andrés. Aprovechamos de almorzar y bañarnos.

Las siguientes horas fueron más tranquilas, aunque igual pasamos dos rápidos más que se movían un poco, pero en general nos dejamos llevar por el río hasta que divisamos el gran puente que une la localidad de Puelo con Cochamó, y que era uno de nuestros hitos al llegar. Desde ahí solo un par de kilómetros nos separaban de nuestro destino final que era el fiordo de Reloncaví. La marea estaba alta así que el río corría muy lento y nos tomó bastante rato llegar a la desembocadura. Cuando llegamos, nos fuimos a la orilla justo en la punta donde termina el río, pues la marea ya estaba bajando y la corriente es muy fuerte en el fiordo y no queríamos arriesgarnos a que nos llevase hacía a dentro.

Felices nos bajamos de los botes y nos dimos un abrazo pues habíamos cumplido con nuestro objetivo que era navegar el río Puelo desde su nacimiento hasta su desembocadura en el mar. Cuatro días a full, cerca de 120 Km de navegación y algo de caminata con mil aventuras, algo de riesgo, mucha tranquilidad, naturaleza casi virgen y paisajes inolvidables llegaban a su fin.

Nos íbamos a quedar en la casa de Fernando, un amigo de Andrés muy buena onda, pero para llegar a ella teníamos que remar río arriba casi un kilómetro, esta vez con toda la corriente en contra. Una hora de sufrimiento nos llevó llegar hasta la orilla de la casa de Fernando y ahí sí que dimos por terminada esta primera parte de la aventura, pues dos días después estábamos partiendo a conocer el mágico valle de Cochamó.

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