Diane Van Deren: Los primeros 160 km de la tía (abuela) del trail running en Chile




Diane Van Deren (56), conocida popularmente por su –mal entendida– capacidad de “correr sin cansarse” estuvo en nuestro país por tercera vez, invitada a correr The North Face Endurance Challenge. Como nunca, se atrevió por la máxima categoría de la carrera: las temidas 100 millas, o 160 kilómetros por cinco comunas de los cerros de Santiago. Y esa decisión la tomó apenas unas horas antes de la competencia, como si doblar la distancia de 80 K en la que estaba inscrita fuera algo de todos los días.

Texto: Matías Infante Middleton / Fotos: Matías Donoso y Claudio Vicuña

Diane Van Deren

“God it was great”, contó Diane luego de casi 36 horas de carrera por los cerros de Santiago.

Es temprano en la mañana todavía para muchos santiaguinos, pero una gringa de pelo muy rubio y muy corto, ojos bien verdes, de piel quemada por el sol y arrugas generadas por los años y también la acción del astro rey, ya va por su segundo café y segundo desayuno. “Es que soy una morning-person”, dice, después de haber sumado un par de millas (los norteamericanos prefieren hablar así) por los alrededores de Américo Vespucio, donde salió a estirar las piernas antes que despuntara el día.

“Me siento bien, ¿sabes? Yo creo que mañana me aventuraré por las 100 millas”, dijo, algo distraída, como medio en broma. Estiró un poco, dio un par de saltitos en el lugar y se fue a una sesión de fotos que estaba pactada con anterioridad. Y no dijo más. Minutos después la organización de la The North Face Endurance Challenge le cambiaría la inscripción de los 80 a los 160 kilómetros y entraría en la búsqueda frenética de un pacer, un deportista que funciona como “compañero de ruta” para esta ultradistancia de trail running.

“God, it was great”, diría horas después de terminar la carrera. “Y es que amo lo que hago…  y amo esta carrera”.

Diane Van Deren

Diane van Deren, una leyenda del
trail running, vino a Chile por cuarta vez.

Diane no siempre fue así

Se ha escrito de todo. Que tiene un poder especial, que no se cansa, que la fatiga no la afecta, que se desconecta y puede correr por horas… y días completos. La prensa local incluso le inventó un sobrenombre que luego se adaptó a nivel mundial: una Forrest Gump –pero de verdad– que puede alcanzar metas sobrehumanas corriendo por los cerros.

Pero la verdad no es tan-tan así: lo de Diane es más bien una superdebilidad que ella aprendió a convertir en superpoder.

Aunque había tenido extraños síntomas y desmayos prácticamente durante toda la vida, a Diane se le diagnosticó formalmente la epilepsia durante el embarazo de su tercer hijo. Y, a pesar de que continuó practicando tenis –deporte en el cual llegó a ser atleta profesional en Estados Unidos–, luego de casi una década de ataques repetitivos y debilitantes, decidió someterse a una cirugía cerebral.

Corría 1997 y el miedo a nunca más practicar deportes de manera competitiva, o incluso recreacional, le quitó el sueño por semanas. Diane no podría vivir sin actividad física: además del tenis y el running, tenía aptitudes para el baseball, el basketball, e incluso el golf.

Durante la operación se le extirpó parte del lóbulo temporal derecho. Si bien el procedimiento quirúrgico fue un éxito para los doctores, sólo el tiempo diría si iba a quedar con daño neurológico residual.

Diane Van Deren

En Chile goza de buenas amistades y conocidos. Tanto que en 2015 se realizó en una exposición de arte en la Galería Gabriela Mistral en Santiago que llevaba su nombre.

Diane ama el deporte

A diferencia de lo que muchos creen, Diane no salió de la operación caminando, se levantó a la mañana siguiente y –como en las películas– despertó con nuevos superpoderes. Luego de la delicada intervención, tuvo que dejar su activa vida deportiva por meses. Y con esto vinieron las primeras secuelas.

De pronto Diane se desorientaba. A veces Diane no sabía a qué hora del día estaba.

Diane no era capaz de ir al supermercado sola. Olvidaba nombres, lugares, objetos y responsabilidades.

“La operación me dio una nueva vida, sí, pero no una vida excepcional. Lo único que me dejó la operación es la seguridad que nunca más sufriría esos ataques epilépticos”, cuenta Diane.  “Sí, siento dolor y tengo los mismos problemas de cualquier persona”, aclara.

Apenas pudo retomar la práctica deportiva, Diane comenzó intentando primero pequeñas caminatas, luego breves senderos de trekking en Colorado, donde vive todavía. Y no es que de pronto saltara a las 100 millas. Las distancias de ultramaratón vinieron con horas y horas de entrenamiento a los pies de las Rocallosas. Entrenamientos de una atleta de alto rendimiento.

Con eso, cada vez pasaba menos tiempo en su casa. El deporte le daba una ocupación para su cuerpo y, más importante, su mente. Y mientras hacía deporte, Diane no se convertía en una supermujer con un superpoder, sino que, muy por el contrario, era por fin una mujer supernormal: sin problemas de orientación espacio-temporal. “Por eso cuando corro me concentro al máximo y estoy totalmente consciente de lo que estoy haciendo”, explica.

Y a pesar de todo, suele pasar que durante las carreras se pierda. O de pronto se sorprenda porque está en el cerro, corriendo hace 8 o más horas.

Diane Van Deren

En la foto con Rodrigo “Canuto” Errázuriz, director de The North Face Endurance Challenge.

Diane ama lo que hace

Alguien preguntó por ahí si Diane tenía sus piernas aseguradas; y se decía que valían millones. Tampoco es verdad. Diane tiene un seguro de vida y de accidentes en Estados Unidos que cubre sus giras por el mundo. Casi como cualquier hijo de vecino, estos seguros tienen topes máximos y también responsabilidades que pagar.

Y es que Diane es una mujer de 56 años que con toda normalidad admite que todos los días ella misma muele el café para su desayuno y más tarde le prepara el almuerzo a su marido.

Diane es como esa tía que ves cada 2 o 3 años y te tapa a besos y abrazos. Esa tía abuela (por lo querendona) que se mantiene igual, pero a medida que pasa el tiempo cada vez se le ve más enérgica y contenta. Diane es la tía abuela del trail running que con su ejemplo nos demuestra que ningún cerro es difícil si se tiene la concentración y preparación necesaria.

Diane lleva 15 años siendo atleta profesional para The North Face y también 15 años levantándose antes de que salga el sol, siempre entrenando entre las montañas. Nunca se ha quejado.

Diane Van Deren

Unos días antes de la carrera, compartió un entrenamiento con The North Face Running Club en el Parque Bicentenario.

Diane ama Chile

En 2012 pisó por primera vez Chile, para la, en ese entonces The North Face Ultramaratón de los Andes, cuando vino a por los 80 kilómetros. El trail running era un deporte bastante desconocido y Diane venía con su status de ultramaratonista y de haber sido la única mujer que había terminado la competencia Yukon Arctic Ultra 300, prueba de aproximadamente 480 millas con temperaturas de 40 grados bajo cero, que completó en más de ocho días.

Diane dio varias entrevistas, obvio. Y ahí fue cuando a los periodistas se les ocurrió bautizarla de la súper atleta que corría como Forrest Gump, por su falta de memoria de corto plazo y su supuesta capacidad de correr días y noches sin sentir cansancio mental.  “Se mezclaron un poco las historias”, reconoce ella.

Tanto, que en 2015 se realizó en una exposición de arte en la Galería Gabriela Mistral en Santiago que llevaba su nombre: Diane Van Deren, “porque son obras que no tienen memoria de corto plazo”, en palabras de los curadores de la muestra, y que incluso fue inaugurada por el Ministro de Cultura de la época, Ernesto Ottone.

En 2013 volvió al país y estuvo presente para la segunda versión de The North Face Endurance Challenge, compitiendo en la categoría 80 K. No terminó la carrera: se perdió en el trayecto, y sin alcanzar a recuperar el tiempo perdido se sumó a la larga lista de DNF’s que tuvo la exigente competencia de ese año.

Se prometió volver algún día a las montañas secas-y-poco-amigables de Latinoamérica pronto. Estuvo en Colombia, Perú y Costa Rica, pero echaba de menos Chile y la gente educada y bien amigable que encontró acá. “Sudamérica es mi parte favorita del mundo para correr… y eso que todavía no conozco la Patagonia”, aventura.

Se hizo de buenos amigos en el mundo del trail chileno. Esos mismos amigos que en 2016 y 3 años después de su última venida preguntaban por su familia y sus hijos Michael, Robin y Mathew, y su pacífica vida en Colorado junto a su marido. Y Diane, de vuelta, difícilmente recordaba de las familias de sus amigos, pero ni tanto. Puede que en esas conversaciones no recordase los nombres, algunas caras, o de dónde conocía a sus interlocutores. Pero su simpatía y atención al escuchar hace olvidar sus breves lapsus mentales.

Eso, y esa sonrisa de oreja a oreja tan característica de gringa querendona.

Diane amó los 160 kilómetros

“Nunca estoy triste cuando corro, es totalmente lo contrario: me siento bendecida y vibro con todo lo que pasa a mi alrededor”, dice.

Eso, porque todo corredor de elite en estas competencias de ultradistancias tiene altos y bajos. Diane lo cuenta diferente. “Mis primeros 160 K en Chile me dejaron sin aire. En estas carreras son tantas horas como altibajos, pero de verdad puedo contar que para mí sólo hubo altos y no bajos. Es impresionante la escenografía que tienen tan cerca de Santiago, y junto a senderos muy técnicos, lo otro que me quitó el aliento fue las inmensas vistas que tuve durante todo el camino”.

Se le ampollaron los pies –“algo normal para este tipo de distancia”, asegura– pero nunca dejó de agradecer al equipo que la acompañó, la gente que la reconocía y la alentaba desde los cerros, y quienes la recibían en los puestos de control. “Son todos tan cariñosos, como una familia. Gracias a ellos pude mantener el balance entre comida e hidratación durante los 160 kilómetros, nunca me sentí enferma o algún tipo de malestar”, asegura.

Con 35 horas, 49 minutos y 17 segundos de carrera, Diane terminó en el lugar 21 de la clasificación general, sexta entre las mujeres, y en el primer puesto de la categoría 50 a 59 años. Bueno, en realidad fue la única mujer que corrió en esa categoría.

Y nunca perdió la sonrisa.

Publicaciones relacionadas