SUP en el Archipiélago Los Canarreos de Cuba: El Caribe olvidado




Lejos de las rutas turísticas y típicas de Cuba, Arnaud Frennet y su familia, emprenden un viaje a bordo de un catamarán por el Archipiélago de Los Canarreos, un grupo de islas ubicado al sur de Cuba. Disfrutando de la exuberante belleza y de la exquisita fauna marina, navegando en su SUP por islas paradisíacas desiertas, y aprendiendo de la forma de vida en la Cuba desconocida, en una aventura digna de contarse.

Texto: Arnaud Frennet / Fotos: Vania Arce y Arnaud Frennet

Son las 6 de la tarde, y tras más de una hora de haber aterrizado en La Habana, aún no llegan las maletas. Afuera, cae un aguacero que no deja trabajar al personal del aeropuerto y buena parte de los bultos ya están empapados. Viaja- mos bien cargados como es costumbre; a pesar de llevar sólo ropa liviana, apenas un SUP inflable y 2 remos, traemos montón de comida. Este viaje no es otra aventura extrema de Stand Up Paddle para mí, esta vez, se trata de un viaje de navegación familiar con unos amigos, en su catamarán “Los Lobitos”.

Fred, Juanita y su hija Amélie, llevan cerca de 2 años recorriendo el Caribe en su catamarán. Un viaje de ensueño que lograron hacer realidad después de muchos años de sacrificios y preparación. Tras algunos intentos fallidos, finalmente pudieron coincidir la fecha y el lugar para poder unirnos a ellos y compartir parte de su sueño. “Juntémonos el 21 en la marina de Casildas, en Trinidad, Cuba”, fue bási- camente el último mensaje que recibimos. Pocas semanas después estamos cruzan- do la isla de Cuba en dirección a Trinidad. Nuestro taxi es un viejo Lada reventado, las puertas apenas cierran y no hay cintu- rones de seguridad. La música sí funciona, y bien fuerte. ¡Bienvenido a Cuba!

Cayo Cantiles, isla inhabitada con cara de postal, pero sus playas expuestas a los vientos reciben toneladas de desechos. Triste testimonio del mundo habitado.

Cayo Cantiles, isla inhabitada con cara de postal, pero sus playas expuestas a los vientos reciben toneladas de desechos. Triste testimonio del mundo habitado.

Una aventura en cada esquina

La Isla ya la conocíamos, pero nuestra experiencia esta vez iba a ser mucho más profunda. A alojar donde un habitante las pocas noches que pasamos en tierra, a tener que salir a encontrar víveres para abastecer el catamarán para varios días de navegación, pudimos ver la Cuba de verdad. Quizás el contraste con nuestro mundo consumista es a veces chocante, pero Cuba es un país fascinante, donde la aventura es omnipresente. Lograr comprar huevos puede transformarse en hazaña, tanto como recorrer una Isla perida en SUP, o abrir un cajero automático para recuperar una tarjeta bancaria recién tragada… en Cuba todo es difícil, pero todo es posible.

La gente siempre amorosa y siempre dispuesta en ayudar, vive a su ritmo, sin mucha planificación, tratando de encontrar la felicidad de cada momento simplemen- te, a pesar de las dificultades y la escasez. Si bien la apertura al mundo exterior se está haciendo sentir, especialmente en La Habana, la Cuba profunda sigue intacta, y encantadora.

Che Guevara. En honor a su rol en la revolución Cubana. Cerca de 60 años después el gobierno sigue celebrando la revolución como si fuese reciente.

Che Guevara. En honor a su rol en la revolución Cubana. Cerca de 60 años después el gobierno sigue celebrando la revolución como si fuese reciente.

¡A navegar!

Tras unos días en Trinidad, donde conse- guimos abastecer suficientemente Los Lobitos para la navegación, finalmente llegó la hora de zarpe. Nos vamos de la marina rumbo a Cayo Guano del Este, el primer islote de Los Canarreos. Ubicado a unas 12 horas de navegación hacia el sur, el archipiélago cuenta con cerca de 350 islas. Aparte de la gran isla de la Juventud y de los resorts de Cayo Largo, Los Cana- rreos están prácticamente inhabitados. Manglares, playas paradisíacas, y arreci- fes con aguas cristalinas, se suceden en cantidades innumerables, apartados de las grandes rutas de turismo, solamente visitados esporádicamente por algún velero.

Catamarán Los Lobitos, fondeado en alguna parte del Caribe

Catamarán Los Lobitos, fondeado en alguna parte del Caribe

Para mí era un sueño. Cada día, me levantaba muy de madrugada para salir a descubrir los alrededores de nuestro lugar de fondeo en mi SUP, remar entremedio de los manglares, recorrer islotes sin nombre, y disfrutar de la abundante fauna marina, eran mi pan de cada mañana. En el día, cada tramo de navegación era una oportunidad de pescar. Atún, Mahí Mahí y Barracuda hicieron el menú del día, y su pesca rompía lo monótono de las largas horas de navegación, con entretención.

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Una calle en La Habana. “Si bien la apertura al mundo exterior se está haciendo sentir, especialmente en La Habana, la Cuba profunda sigue intacta, y encantadora”. – Arnaud Frennet.

En las tardes, cada fondeo era oportunidad de bucear, o para cazar langostas y pescar con arpón, o simplemente para disfrutar del espectáculo en familia. La riqueza de las aguas en esa zona es algo aún excep- cional, y su abundante vida marina nos sorprendió donde sea que nos parábamos a fondear.

El puro susto

En el centro del archipiélago, la marina de Cayo Largo nos sirvió de base. Era el punto ideal para reabastecernos, e incluso para poder conectarnos a internet, un verdadero lujo en Cuba. Pero lo que más disfrutamos de Cayo Largo fue de poder enchufar el aire acondicionado del catamarán en el muelle de la marina. Claro, no hay paraíso perfecto, y el calor llega a veces a ser insoportable, especialmente para dormir en las noches.Justamente una noche, ese lujo de dormir fresquito, casi se transformó en un drama. Una tormenta eléctrica muy potente, se dejó caer justo encima de nosotros, con viento de 50 nudos. La fuerza de los vientos casi arrancó el muelle con todos los botes amarrados. Muy largos se sintieron los 20 minutos de lucha bajo el aguacero, los relámpagos y las borrascas de viento insostenible. Por suerte fue puro susto, pero obviamente se cortó la luz y dormi- mos igual con un calor desagradable… El paraíso tiene su precio.

En esas condiciones, las travesías de SUP requieren de algunas medidas de seguri- dad, y planificación. La más importante es de llevar un buen hydropack y agua adicio- nal para una hidratación continua.

Un arrecife de algún Cayo perdido en el mar del Caribe.

Un arrecife de algún Cayo perdido en el mar del Caribe.

Las Iguanas gigantes, reyes y señores de gran mayoría de los islotes.

Las Iguanas gigantes, reyes y señores de gran mayoría de los islotes.

Una desagradable sorpresa y una grata experiencia

En mi distintas escapadas en Stand Up Paddle, quizás la que más me marcó fue la travesía a Cayo Rosarito. Había elegido llegar a la isla en lo que se veía como una playa para postales. Muy larga, de arena blanca, con palmeras y pinos, bordeada de una laguna turquesa gigante bordeada por un arrecife precioso. Al alcanzar la orilla, tras una buena remada, el sueño tomó un sabor muy amargo. Haciendo frente al este, la playa recibe los vientos alisios de pleno, y allí vienen a varar toneladas de desechos, principalmente plásticos. Una manifestación brutal de lo incoherente de nuestro modelo de sociedad. Claro estas cosas se saben, y se repiten todos los días a través de diferentes movimientos ecoló- gicos, pero para mí fue como un shock ver cómo este paraíso tan retirado y olvidado también se veía afectado.

Mejores vibras nos dejó la visita a Cayo Cantiles. A esa isla todos me siguieron desembarcando en bote. Allí conocimos a 4 pescadores, los únicos residentes
del lugar, con quienes compartimos una entretenida tarde, y aprendimos de su forma autosuficiente de sobrevivir en esa maravillosa isla, lejos de todo.

El almuerzo, listo para volver al catamarán y cocinar.

El almuerzo, listo para volver al catamarán y cocinar.

Esa noche, nos juntamos todos en la proa a mirar las estrellas y disfrutar de unas buenas conversaciones familiares. “¿Por qué no vivimos como los pescadores de Cantiles?” preguntó de repente Amélie de 6 años. Tras un pequeño silencio la niña termina: “Así no tendríamos que botar más basura en el mar”… Palabras ingenuas, cierto, pero inmensamente sabias a la vez, que vinieron a profundizar aún más todas las enseñanzas de este viaje.

Agradecimientos: especiales a Fred, Juanita y Amélie, por la invitación, y a Lippi, Naish y Nautisport por el apoyo de siempre.

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