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Otoño en Patagonia

En Villa O’Higgins encontramos un pequeño secreto, un bosque encantado parecido a un sueño. Lengas doradas por el noble otoño, una pequeña laguna que regalaba ciertos reflejos cortados por las hojas y coihues ofreciendo un sutil contraste.

Texto y Fotos: Tomás Gárate

Esta expedición tuvo como objetivo el analizar potenciales áreas silvestres protegidas en los indómitos alrededores de Villa O’Higgins, al borde de la región de Aysén. En Villa O’Higgins encontramos un bosque encantado teñido por los colores del otoño.

Al adentrarnos en el Fundo Altavista, nos encontramos con una antigua huella de 20 kilómetros...

Al adentrarnos en el Fundo Altavista, nos encontramos con una antigua huella de 20 kilómetros…

 

... que prometía llevarnos hacia el Lago Oscuro, último de los lagos en dirección este, que guían hacia los Campos de Hielo Sur.

… que prometía llevarnos hacia el Lago Oscuro, último de los lagos en dirección este, que guían hacia los Campos de Hielo Sur.

 El microcosmos generado en el suelo era fascinante; tanto los hongos como la microbiota utilizan de alimento el material vegetal y animal proveniente de los estratos mas elevados el bosque. Al descomponer la materia orgánica, liberan y facilitan la absorción de nutrientes indispensables para diversas especies del ecosistema, tales como las del género Nothofagus

El microcosmos generado en el suelo era fascinante; tanto los hongos como la microbiota utilizan de alimento el material vegetal y animal proveniente de los estratos mas elevados el bosque. Al descomponer la materia orgánica, liberan y facilitan la absorción de nutrientes indispensables para diversas especies del ecosistema, tales como las del género Nothofagus

Las salidas a terreno comenzaban tras los primeros rayos de luz; tanto el silencio como la temperatura, ambos extremadamente bajos, eran observados atentamente por el Cerro Altavista, fiel guardián de la villa.

Las salidas a terreno comenzaban tras los primeros rayos de luz; tanto el silencio como la temperatura, ambos extremadamente bajos, eran observados atentamente por el Cerro Altavista, fiel guardián de la villa.

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