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Kayak en La Laguna San Rafael

Dentro de toda el área entre Bahía Exploradores y la laguna San Rafael, la posibilidad de avistar aves es increíble, particularmente en la ribera de la laguna, en donde colindan varios ecosistemas, como los ríos, bosques y humedales. Aquí cintamos la historia de una expedición de la Universidad San Sebastián que salió a explorar estos lejanos confines.

Texto y Fotos: Ricardo González

 ChucaoSomos un grupo de egresados de la carrera de Ingeniería en Expediciones y Ecoturismo, que decidimos emprender un viaje hacia un lugar recóndito de nuestro país, teníamos como objetivo observar las aves que habitan los fiordos y costas entre Bahía Exploradores y la Laguna San Rafael.
Esto lo lograríamos después de varios meses de planificación y gestión para disponer de todo el equipo necesario, como los kayaks, guías de campo, cámaras fotográficas y de video, y por supuesto, binoculares para observar a las aves sin perturbarlas.
Era fundamental prepararse física y mentalmente para enfrentar situaciones que no habíamos experimentado, en condiciones climáticas que podrían variar en pocas horas y tener que cambiar los planes constantemente; como dicen en la Patagonia, se pueden tener todas las estaciones en un día. Siempre en este tipo de actividades hay que tener presente que por mucho que uno planifique las cosas, al final la naturaleza es quien manda.

Parajes inolvidables
De esta manera, Francisco Aroca Barría, Millaray Briceño Saldías, Hans Espíndola Ahumada y yo, Ricardo González Olavarría, comenzamos nuestro remado por los fiordos del sur. Era la primera vez que visitábamos esos parajes.
La lentitud que nos proporcionaban los kayaks permitía que disfrutásemos cada segundo de remado por esos hermosos paisajes como de los ríos Exploradores y Témpanos, de los fiordos, de las altas cumbres blancas y sus tupidas faldas verdes. Quedamos cautivados por la belleza escénica que brindaba la naturaleza.
Lo más impactante y emocionante de la travesía fue la llegada a la laguna, en donde gigantes masas de hielo que flotaban lentamente a través de ella, esperaban por nosotros. Nos sentíamos diminutos frente a tal inmensidad, parecíamos hormigas esquivando gigantescas rocas que se movían en todas direcciones. El frío en las manos, el hambre, el cansancio en los brazos y la fatiga acumulada después de haber remado cerca de 9 horas, se pagaba con tan impresionante postal.

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Animales emplumados
Todo esto se complementaba con las aves que habitaban este lugar. Chucaos y hued-hued del sur nos visitaban en algunos campamentos, pequeños amiguitos que con su fuerte trinar, raudo y nervioso caminar, hacían de nuestra estadía mucho más amena. De vez en cuando, nuestros compañeros alados fueron los jotes de cabeza colorada y traros, estos últimos en más de algún momento nos intimidaron. Su tamaño y serio semblante los hacían parecer mucho más peligrosos de lo que eran.
Durante la navegación siempre tuvimos la compañía de los cormoranes imperiales y de las gaviotas dominicanas, que se juntaban en bandadas de más de 100 ejemplares buscando comida y  se veían como grandes manchas blancas y negras, posadas en el mar.
En la laguna fue el lugar donde observamos más variedad de aves, debido a que convergen varios hábitats distintos. Se pueden avistar aves costeras y marinas como el chorlo chileno, la gaviota dominicana, los cormoranes, los pilpilenes; aves de humedal, como las taguas, los quetrus, los patos jergones, los cisnes de cuello negro; aves de bosque como las torcazas, los pequeños churrines del sur, y colilargas, además de los chucaos y hued-hued. El tiuque y las garzas cuca también nos dieron la bienvenida.

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Olas gigantes
La adrenalina también fue partícipe de la aventura. El tercer día de regreso desde la laguna San Rafael hacia el río Exploradores nos dirigíamos hacía el paso Sisquelán; nos habían advertido que este paso era el más complicado, ya que se forman unos remolinos en el centro y cuando se levantaba viento norte, el mar se volvía torrentoso con olas bastante grandes.
Teníamos dos horas para llegar al próximo destino, el que se encontraba  alrededor de 8 kilómetros, distancia razonable para llegar, con tiempo de sobra para levantar campamento antes de que oscureciera. Pero justo en ese momento comenzó a nortear y las olas comenzaron a crecer a más de 2 metros; además los güiros nos atrapaban y bloqueaban el paso, lo que nos obligaba a cortarlos, con los remos, para seguir avanzando. El sonido del viento era lo único que escuchábamos y las olas tapaban la vista del grupo.
Fue un momento bastante tenso y peligroso, si se llegase a volcar alguno de nosotros, la probabilidad de usar la técnica del giro de esquimal para volver a la posición normal era muy baja debido a las grandes olas que nos azotaban. La inminente hipotermia y la eventual pérdida del equipo, suponía un accidente bastante grave en las condiciones en las que nos encontrábamos. Era muy importante no perder la concentración en ningún momento. Cualquier error podría costarnos muy caro.

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Fin de la migración
Por suerte, nos comunicamos y decidimos volver a la orilla más cercana. Logramos con éxito salir del temporal, a duras penas, casi sin energías por el esfuerzo realizado. Al desembarcar, buscamos rápidamente un sector de campamento resguardado del fuerte viento, para no tener complicaciones durante la noche. Sabíamos que íbamos a estar ahí más de un día.
Veinte días, 200 kilómetros de remado y cerca de 1300 aves observadas de 47 especies distintas, fue el resultado de esta expedición que comenzó el 23 de marzo del 2015. Sin duda estos son sólo números, pero para nosotros están llenos de emociones, vivencias y aprendizajes que tuvieron como telón de fondo los fiordos y bosques de la región de Aysén. Solo quedaba regresar al hogar y compartir esta aventura inolvidable.


 

Agradecimientos
Queremos agradecer a varias personas que permitieron la realización de esta expedición. En primer lugar a nuestras familias por su apoyo incondicional y creer en nuestros sueños, especialmente a Raquel Olavarría y Luis Fuentes, quienes con mucha amabilidad nos alojaron y permitieron que su casa fuese nuestro campamento base en Coyhaique. Al Maco de Kayak4U, quién nos fabricó las chaquetas, mitones y faldones especialmente para la expedición. A Daniel Torres de Destino Patagonia y Rolando Toledo de Aguahielo Expediciones, quienes fueron de gran ayuda proporcionándonos equipo, consejos e información del lugar. A las Termas de Puyuhuapi y Universidad San Sebastián quienes nos proporcionaron las radios y equipamiento que necesitábamos. Por último, pero no menos importante a los guardaparques de CONAF, Francisco Cárdenas, Pablo Bopp y Marcelo Domke, quienes nos recibieron y ayudaron en nuestra estadía en las dependencias del Parque Nacional Laguna San Rafael.


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