Parque Kaikén: Volver a lo Nativo




Sintonizarse con la naturaleza no es tarea fácil. Hace falta una desconexión total del mundo al que estamos acostumbrados. Dejar atrás celulares, computadores, labores diarias, las preocupaciones que genera estar inmersos en el sistema, no ocurre de un chispazo, es algo gradual que toma tiempo, pero que finalmente termina ocurriendo por nuestra condición de seres humanos, esa que nos lleva a querer sentirnos conectados con lo nativo nuevamente. Esta es la historia de un viaje en lo profundo de la Patagonia, en la región de Aysén, que cuenta cómo puede lograrse este vínculo.

Texto y Fotos: Rodrigo Matus

La segunda semana de enero viajé a un lugar inmerso en el corazón de Aysén, prácticamente abrazado por la cordillera y lo suficientemente aislado para encontrar lo que andaba buscando: la desconexión total. El lugar en cuestión es el recientemente creado Parque Kaiken, un territorio privado de aproximadamente 1.100 hectáreas destinado a la conservación y la conexión entre las personas y la naturaleza extrema. El trayecto para llegar aquí es un regalo a los sentidos que comienza desde la ciudad de Coyhaique, recorre una fracción de la Carretera Austral (Ruta 7) y termina a las orillas del río Cisnes. Un recorrido alucinante que capea montañas, bosques, glaciares, ríos y lagos tan hipnóticos que te llaman a perderte en ellos. El portal de acceso es uno de los sellos más característicos de la zona austral: los clásicos puentes colgantes que conectan territorios separados por los fuertes afluentes australes. Con un pie al otro lado del río, ya bastaban un par de kilómetros para llegar a mi destino final.

Voluntario de Somos Nativos preparando el suelo donde se levantaría el refugio que construiríamos en al Parque

Voluntario de Somos Nativos preparando el suelo donde se levantaría el refugio que construiríamos en al Parque

Un Parque se Levanta
Habitado hace cientos de años por los kawésqar, una cultura ancestral que dejó testimonio de su paso en lienzos de roca por toda la región, hoy recibía a sus nuevos pasantes con la mejor de las energías para experimentar la magia de este lugar. Llegar aquí con la comodidad de hoy es un privilegio. Antiguamente los gauchos viajaban días, semanas e incluso meses arriba de sus caballos para conectarse con la civilización y obtener los víveres necesarios para las extremas condiciones de este lugar.
Saber que llegaste a Kaiken, se resuelve rápido, ya que de a poco se comienza a asomar
el imponente lago Las Quemas, gran protagonista del lugar que se extiende por prácticamente todo este territorio. A orillas del lago se encuentra el primer refugio, construido hace unos 40 años por gauchos que pasaban por el lugar y que hoy -ya remodelado- es la base del proyecto de conservación y hogar de los primeros voluntarios que ayudan a levantar los cimientos de este parque.

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Un descanso para tomar aire y recibir los rayos de sol mientras cruzábamos la canoa por el bosque de lengas.

Voluntarios
Liderando esto está Somos Nativos, grupo conservacionista del que participo junto a mi amigo Cristián Fernández, y que tiene por objetivo generar un modelo de desarrollo social que posibilite vivir en contacto y armonía con la naturaleza. En esta primera etapa del proyecto, 18 voluntarios han trabajado durante lo que va corrido del verano para construir refugios, baños, accesos, junto con participar de las actividades de senderismo y trazado de las rutas que la gente podrá disfrutar en el futuro. Fue un regalo divino haber sido parte del redescubrimiento de un lugar nuevo para el resto del mundo y que por años solo había estado reservado para el paso de unos pocos que viajaban por esas montañas.

Probando suerte en uno de los pozones que se formaban en el recorrido del rio.

Probando suerte en uno de los pozones que se formaban en el recorrido del río.

Tratar de contar esto en orden cronológico pierde sentido, aquí el tiempo funciona de otra forma y los recuerdos se basan en experiencias, no en fechas. Fueron 8 días donde el trabajo se mezcló con el placer, donde las labores diarias como amasar el pan, cortar la leña para el fuego, palear la tierra, acarrear troncos o reforzar el refugio de los fuertes vientos, eran recompensados con largas jornadas de compañerismo, mates bien conversados y por supuesto el placer de practicar todo tipo de deportes en el mejor escenario que la Tierra nos podía entregar. Porque cada disciplina te obliga a darte el tiempo de observar, entender el contexto, sentir las energías y por cada satisfacción recibida, aumentar los deseos de cuidar el delicado planeta que habitamos.

Leer los Ríos
Mientras algunos practicaban Stand Up Paddle para simplemente flotar en el centro del lago y contemplar las montañas, bosques y glaciares que asomaban a nuestro alrededor, junto a otros compañeros disfruté de extensas jornadas de exploración en los alrededores. En uno de esos viajes encontramos una pequeña laguna escondida en el bosque, a unos 2 kilómetros desde nuestro refugio, un lugar alucinante que no nos conformamos con solo ver desde la orilla, por lo que decidimos volver al campamento y traer de vuelta la canoa que teníamos con nosotros, cargándola a pulso entre medio del frondoso bosque de lenga, para disfrutar como nunca el navegar por primera vez este pequeño punto en la Patagonia.

Un perfecto ejemplar de Trucha Fario, mostrándose para la cámara.

Un perfecto ejemplar de Trucha Fario, mostrándose para la cámara.

Cuando pensaba que ya nada podía superar el día anterior, el destino se encargó de lo contrario, mostrándome de cerca el mundo de la pesca con mosca. Esto gracias a Sebastián Sánchez, joven entusiasta que me enseñó todo lo necesario para comenzar mi propia historia en este deporte. Con él aprendí a “leer” los ríos, entender los flujos de agua, comprender el funcionamiento del ecosistema, cómo se alimentan las truchas, hasta incluso cómo se comportan los más pequeños insectos, a los que más tarde -con la ayuda de mi caña, hilo y mosca- tendría que emular como un experto imitador. Fueron varios días recorriendo los bosques, bordeando lagos y ríos y navegando cada extremo del lago. Ese tiempo me abrió los ojos a un deporte tan completo como la pesca y de lo afortunados que somos de contar con un país como el nuestro para disfrutarlo.



 

Una invitación
Esto fue tan solo un fracción de la experiencia Kaiken, pero me quedo tranquilo y con energías de sobra para volver y seguir avanzando como parte de este tremendo proyecto que a futuro debería ser un lugar de encuentro para todos aquellos y aquellas que quieran volver a ser y sentirse nativos. Están todos invitados a ser parte de esto y construir una historia juntos en www.somosnativos.cl

Preparar nuestro comida, parte de la rutina de todos los días en Parque Kaikén.

Preparar nuestro comida, parte de la rutina de todos los días en Parque Kaikén.

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