¿Cómo acampar en una expedición de kayak?




Los kayaks de travesía son pequeñas embarcaciones que poseen tabiques internos, los que, junto con aportar una reserva de flotabilidad indispensable para una navegación segura, también cumplen la función de dar forma a grandes compartimentos estancos en los extremos del kayak, verdaderas bodegas impermeables donde podemos llevar gran cantidad de carga durante nuestra navegación.

Así, el kayak ofrece grandes mochilas flotantes en los extremos de la embarcación, ahí en esas secciones huecas en donde no va sentado el kayakista. En estos compartimentos se puede llevar comida, ropa, carpa, colchoneta, saco de dormir, equipos de cocina, y algún libro para leer dentro de la carpa durante una tarde de mal tiempo. ¡Para muchos resulta difícil creer todo lo que puede caber dentro de un kayak! Por ejemplo, durante la temporada 2008-09, navegué durante 40 días en kayak Antártica, con total autonomía. Dentro del kayak llevaba todo lo necesario. Incluso equipos de montañismo como botas plásticas, arnés, crampones, cuerda, etc., con los que subimos una montaña virgen en isla Amberes. Durante esa travesía navegamos 900 km.
Gracias a esa inmensa capacidad de carga podemos emprender travesías autónomas de más de un día, cubriendo enormes distancias, de cientos e incluso de miles de kilómetros, ya que podemos contar con todo lo necesario para desembarcar, armar un campamento y descansar al final de cada día de navegación, para continuar con nuestro viaje al día siguiente, sin requerir de apoyo externo, como alimentos o equipos previamente depositados en la ruta, la asistencia de terceros desde tierra, o el apoyo permanente de embarcaciones de mayor tamaño, como yates o lanchas.
Con todo, una de las cuestiones importantes a resolver durante la ejecución de una travesía en kayak de varios días por las costas de Chile, es la elección del donde armaremos nuestro campamento al final de cada jornada. Para eso les ofrezco los siguientes “tips”:

Durante la planificación de la travesía, es importante hacer un estudio detallado de la costa, mediante imágenes satelitales, fotos aéreas, cartas náuticas y cartas topográficas del IGM, derroteros, guías náuticas y testimonios de personas que conozcan el área, identificando todos los sitios donde existe potencial para desembarcar y acampar. Luego de este estudio, haremos apuntes en la o las cartas que utilizaremos durante la travesía, que llevaremos sobre la cubierta del kayak, en un porta mapas verdaderamente estanco, para poder consultar en cualquier momento durante la navegación. A cada sitio detectado durante el estudio, le asignaremos un puntaje según si las posibilidades de ofrecer un buen sitio para desembarcar y acampar sean mayores o menores.

Durante la travesía, nunca sabremos exactamente cuántas millas podremos avanzar cada día, o en qué momento nos veremos obligados a salir del mar por cualquier razón, un malestar físico, un mal tiempo sobreviniente, etc. En vista de ello, la elección del sitio para acampar será una decisión que deberá tomarse día a día. En efecto, no es factible planificar una ruta para una larga travesía en kayak, estableciendo con precisión los sitios donde se acampará cada día. En nuestro estudio previo, un sitio de la costa tendrá potencial para instalar un campamento, cuando ofrezca un acceso fácil y seguro a tierra, espacios abrigados del oleaje, sin rompientes, acantilados o selvas que alcanzan el mar, y cuando muestre indicios de la existencia de un espacio plano para armar la carpa, y de la presencia de agua dulce corriente.

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En los archipiélagos de Patagonia, uno de los mejores destinos mundiales para largas travesías en kayak, los sitios para desembarcar suelen ser escasos, especialmente en el territorio insular ubicado al sur del Golfo de Penas. Por regla general, los sitios para acampar se ubican en las desembocaduras de los ríos que bajan de las montañas, que arrastran sedimentos y piedras, dando forma a pequeñas playas. Estos sitios pueden identificarse mediante el estudio de cartas topográficas, imágenes satelitales y fotos aéreas. En general, para la calificación del potencial de un sitio como estos, debemos observar el tamaño de la cuenca que desagua el río, siendo más probable la existencia de un sitio para acampara si la cuenca es mayor, o y si el río desemboca en una entrada de mar (por ejemplo, una caleta) o en una punta o cabo, siendo en ambos casos más probable encontrar un buen sitio para acampar, que en el caso de que la línea de la costa se muestre plana en el mapa.

Este estudio previo a la expedición no será definitivo. Será solo una herramienta más, entre otras que utilizaremos para definir si un sitio en la costa reúne o no las condiciones necesarias para acampar. En efecto, la decisión definitiva la tomaremos una vez que accedamos a aquellos sitios con potencial, y luego de realizar algunas observaciones in situ.
Lo primero que haremos cuando accedamos a un sitio con potencial, es determinar si existen sitios planos para armar la carpa, o “aplanables”, ya sea en la playa, o fuera de ella, dentro del bosque, en la turba o sobre una roca desnuda.
Si encontramos un sitio plano dentro del bosque, debemos asegurarnos que no exista riesgo de caída de árboles o ganchos sobre la carpa. Cada año mueren muchas personas en el mundo por esta causa. La observación debe ser cuidadosa. Un gancho podrido o seco sobre la carpa, con un tamaño suficiente para hacer daño sobre nuestro campamento en el caso de un desprendimiento y caída, o un árbol en la misma condición, cuyo tronco pudiese alcanzar nuestro campamento en caso de caída, debiera disuadirnos de armar nuestra carpa en ese sitio. En los bosques australes, la caída de árboles y ganchos de gran tamaño es mucho más frecuente de lo que la mayoría cree. También debemos asegurarnos de no armar campamento cerca de pendientes fuertes, especialmente de tierra y rocas, o de rocas con apariencia inestable. La existencia de selvas sobre fuertes pendientes de roca también son una amenaza, ya que suelen venirse abajo en forma de avalanchas de troncos, musgos, lodo y vegetación.

Si acampamos en una playa, nuestra principal preocupación será hacerlo en un sitio que no resulte inundado al subir la marea. La marea es el cambio periódico del nivel del mar producido principalmente por la fuerza de atracción gravitatoria que ejercen el Sol y la Luna sobre la Tierra.
¿Cómo sabremos hasta dónde llegará la marea alta en ese lugar, durante nuestra estadía? Cuando desembarquemos en una playa, habitualmente podremos observar una o más líneas de pequeñas hojas, ramas, algas y otros despojos del bosque y del mar, que corren en forma paralela al borde del mar (ver foto adjunta a este artículo). Observando esas líneas o marcas, sabremos de inmediato qué altura alcanzó la última marea alta. Habiendo varias líneas, aquella más próxima al mar es la que nos indicará hasta donde llegó el nivel del mar durante la última marea alta. Con este dato, podremos estimar hasta dónde llegará la próxima marea alta, valiéndonos de una tabla de mareas.

 

Si no disponemos de una, o la zona en que nos encontramos está muy distante de un sitio del que se publiquen las tablas de marea, apoyaremos nuestra estimación con la observación de la luna. Si la luna está entre las fases llena y cuarto menguante, o entre las fases nueva y cuarto creciente, entonces la próxima marea alta, que tendrá lugar durante la noche, atardecer o amanecer, será levemente más alta si ocurrirá de noche, y empujará un poco más arriba el rastro de las hojas y ramitas donde observamos el nivel alcanzado por la última marea, o alcanzará un nivel más bajo que el alcanzado en la línea de rastros que observamos, si ella tendrá lugar de día. En cambio, si nos encontramos entre las fases lunares de cuarto menguante y luna nueva, o entre las fases de cuarto creciente y luna llena, sabremos que el nivel que alcanzará el mar en la próxima marea alta, será mayor. Sabremos si la luna está menguando o creciendo, con su simple observación. Si al observarla en el cenit tiene forma de “C”, quiere decir que está “Creciendo”. Si, por el contrario, tiene forma de “D”, quiere decir que está “Decreciendo” (en el hemisferio norte es al revés, ya que su forma de “C” en el cenit, significa que está menguando).

Ahora, si no hemos observado las fases de la luna, tenemos otros indicios para establecer que altura alcanzará la próxima marea alta. Como hemos señalado antes, las mareas nocturnas siempre son más altas que las diurnas, cuando la luna está creciendo o menguando. Si vemos varios rastros de mareas en la playa, como líneas paralelas, sabremos que la luna está creciendo o menguando. Si no vemos más que un rastro, sabremos que la luna está llena o nueva. En tal caso, es posible que la marea alta nocturna alcance el mismo nivel de la última marea alta.
Con todas esas observaciones, podremos establecer si contamos o no con un espacio dentro de la playa para acampar, a resguardo de las mareas.

Estas herramientas de análisis en base a las observaciones anotadas son muy útiles en Patagonia, especialmente al sur del Golfo de Penas, ya que las selvas avanzan sobre los bordes de las costas, justo hasta el punto donde llegan las mareas más altas de ciclo lunar (luna llena y luna nueva), también llamadas mareas de sicigia, que ocurren cuando se alinean la tierra, la luna y el sol. Estas mareas alcanzan sus máximas alturas anuales durante los equinoccios (20 o 21 de marzo, y 22 o 23 de septiembre).

Es por esta razón, que las fases de luna nueva y luna llena, las dificultades para encontrar un sitio para establecer campamento en la costa de Patagonia, es mucho mayor a las que existen durante las fases de cuarto creciente y cuarto menguante, cuando las mareas altas alcanzan su menor altura, dentro del período del ciclo lunar.
En el tiempo en que la luna completa una órbita elipsoide sobre la Tierra, la Tierra da 27,32 vueltas sobre su eje. Como la luna se desplaza en su órbita, en el mismo sentido que lo hace la tierra en su rotación: de oeste a este, observamos que la luna sale en el horizonte cada día entre 52 y 53 minutos más tarde. Por esa misma razón, el tiempo que transcurre entre una marea alta y la que le sigue, es de aproximadamente seis horas y 26 minutos. Si observamos que la marea alta ocurrió a cierta hora durante una noche, sabremos que en la noche siguiente la marea alta tendrá lugar 53 minutos más tarde, aproximadamente. Se trata de una estimación aproximada, que pude variar varios minutos según el lugar en donde nos encontremos.

La utilidad de esa información está que, como la mayoría de las playas en las desembocaduras de los ríos nos ofrecerán poco margen para acampar entre la selva y el mar, no pocas veces deberemos estar atento a la evolución de la marea. Habiendo registrado a qué hora ocurrió la marea alta la noche anterior, sabremos a qué hora podemos estar seguros que la marea no seguirá subiendo, y estaremos a salvo de una inundación.

En el caso de Antártica chilena, en especial en la costa oeste de la Tierra de O´Higgins, los sitios para desembarcar son muy escasos, siendo la costa regularmente acantilada, enfrentando el mar en forma de pared de hielo o de roca. Un antecedente útil para la planificación de una expedición en esa costa, son los estudios del BAS (UK) sobre la localización de colonias de lobos, pingüinos y otros animales. Donde puede desembarcar un lobo, foca o pingüino, también puede hacerlo un kayakista. En estos casos, cuando se desembarca cerca de una colonia de pingüinos, hay que ser respetuoso con ellos, evitando especialmente interferir en sus rutas de acceso al mar. Existen directrices para los visitantes de Antártica, especialmente para los turistas de cruceros, que pueden y deben aplicarse en una expedición en kayak. Respecto a las mareas, a causa de la inclinación del eje de la tierra, existen zonas de la Antártica donde prácticamente existe solo una marea alta y una baja al día. Las amplitudes son, en general, bajas. La nieve, presente en la mayoría de los sities de desembarco, es fácil de aplanar para levantar campamentos, y sirve para construir muros en caso de temporales.
Hacia el norte del Golfo de Penas, y en especial de Chiloé y Puerto Montt, donde los sitios planos son más abundantes -salvo importantes excepciones-, la planificación de los campamentos se centra en evitar el desembarco en playas o zonas con rompientes, tener acceso a agua potable, y evitar sitios donde esté prohibido acampar, o de acceso prohibido.


CRISTIAN DONOSO
Navegante y explorador, ganador del Premio Rolex. Profesor de Navegación en la carrera de Ingeniería en Expediciones y Ecoturismo de la Universidad San Sebastián. Es el ser humano que más millas ha navegado en kayak en Antártica, a nivel mundial, y el único chileno que ha realizado expediciones de largo aliento en ambas regiones polares de la tierra: el Ártico y Antártica. En Antártica, lideró la primera expedición en cruzar a pie las mesetas Foster y Herbert, en la Tierra de O´Higgins. Como skipper de la goleta Ladrillero, navegó de Hoorn (Holanda) al Cabo de Hornos, lugar que ya había alcanzado en kayak algunos años antes, sin embarcación de apoyo. Ha realizado más de 50 expediciones en Patagonia, varias de ellas en kayak de travesía. Casado con Fabiola Torres y padre de Marina.

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