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40 días pedaleando la ruta 40

Termina esta historia en los parajes más extremos de Argentina. Desafíos y soluciones mecánicas, el cansancio sicológico después de días pedaleando largas distancias y el sacrificado logro de los objetivos, en este relato que concluye al fin del mundo, en el Cabo Vírgenes.

 Texto y Fotos: Gerard Le Moy y Gabriela Mauvecin

 Ahí estábamos, a mitad de la ruta, con más de 100 km por delante para llegar a Zapala, sin nada o con 70 km para volver a Chos Malal, todo calle de tierra, sin señal en el celular, ¡y sin asistencia para la asistencia! ¿Cómo solucionar esta problemática cuando nunca imaginé que iba a pasar algo con el vehículo? Mi sueño que de pronto la noche anterior era inmensamente mayor a lo imaginado, ahora se derrumbaba… Así terminaba mi relato en el número anterior; conociendo bastante de vehículos, entendí que el problema estaba en el semieje de la camioneta, así que decidí invertir los papeles y convertirme en el asistente. Regresé a Chos Malal pedaleando en busca de auxilio.

Así fue como logré encontrar a un buen señor que se ofreció, con su camioneta, a regresar a la asistencia y extraer el semieje. Me puse manos a la obra y, luego de entregarle la parte a arreglar, el regresó al pueblo a solucionarlo todo. Y yo partí hacia mi destino inicial de llegar a Zapala. En la camioneta había quedado José, en espera de la ayuda.

dia 25 -2
Las horas fueron interminables. Mientras pedaleaba en mi cabeza se cruzaban varias opciones que podían llegar a pasar, pero a la vez tenía muy presente mi meta y me repetía: “Pedalear siempre, sin descansar un día”.

Llegué a Zapala a las 19 horas. Y esperé hasta las 22:00 la llegada de la camioneta… fueron horas eternas, sin poder comunicarme hasta que tomé la decisión de buscar ayuda, alguien que me llevara hasta el lugar de la camioneta, unos kilómetros antes de donde se había roto. Lo que sucedía es que luego de arreglarla y seguir camino, el mismo problema continuaba y no se había arreglado del todo bien. Así que con algunas herramientas que tenía me puse manos a la obra, todo bajo la luz del auto y en medio del frio de la Patagonia. Luego de 1 hora ya estaba lista y bien arreglada para continuar el recorrido.

El día siguiente comenzó un poco más tarde, pero con más seguridad que nunca en que La Ruta 40 no iba a ganarme; la jornada anterior sin duda había sido la más compleja, ¡pero todo se había resuelto!
Los kilómetros seguían, había que seguir camino, en pocos días recuperaría fuerzas con la llegada de mi familia en Bariloche. Para poder encontrarlos en esa sola jornada completé 234 km, y eso con 2011 metros de ascensión acumulada, todo por una ruta con unas vistas impresionantes entre lagos. Cuando llegué a Bariloche en el hotel ya estaba mi mujer y mi pequeño hijo Simón, que me acompañarían hasta el final del recorrido.

Dia 17 -1

 

El Desafío en Familia

Así continúa mi desafío en su última etapa, la extensa Patagonia Argentina, bordeando las mejores vistas de la Cordillera, con un viento fuerte, constante y lateral, que hacía mantener el equilibrio de manera extraña. La logística en el viaje cambió y tuvimos que adaptarnos a otra manera de avanzar. El compartir el viaje junto a mi hijo de un año y medio hacía que yo comenzara el día solo; la asistencia llegaba hacia el mediodía para almorzar juntos y luego iba a mi lado, acompañándome en un tramo. Luego de eso, ellos seguían el recorrido para esperarme en la ciudad o pueblo que durmiéramos. Armar todo, luego de tantas horas de camioneta (eran un promedio de 7 horas diarias) se hacía más complicado para un bebé.

Luego de pasar este tiempo en familia, junto a todo el cansancio que venía acumulando desde hacía 18 días, la fatiga psicológica comenzó a notarse, con una falta total de paciencia ante cualquier situación… y una necesidad constante de pedalear -si era necesario-¡hasta 24 horas al día! Estos síntomas son muy característicos cuando una persona está realizando una actividad de manera constante, queriendo lograr un objetivo. A esta altura hacer 150 km por día, para mí, era nada. Necesitaba realizar 200 o más y eso me estaba obsesionando. Pero eso lo fui hablando con el equipo, y viendo de qué mejor manera acomodar todo para progresar juntos, día a día.

dia 19 -3

 

Con el viento en contra

Para la altura de Rio Turbio, pueblo más cercano al límite con Chile, podía asegurar que mi desafío estaba por superar ampliamente los 40 días soñados en hacer la ruta 40. Restaban sólo poco más de 300 km y llevaba 26 días. ¡Mi desafío ya casi estaba!
En Rio Gallegos estaba ya preparado para recorrer mis últimos 130 km, los más inolvidables y a la vez los más difíciles. En este tramo de la Ruta 40 la circulación de camiones petroleros hacen que el camino de tierra esté totalmente destruido; sumen a eso el viento característico de la zona, que es impresionante.

A tan sólo 30 km de mi partida me equivoqué de camino. Recibí una mala guía de unos policías y, cuando me di cuenta, volver a la ruta implicaba ir con el viento en contra. A esa hora de la mañana la asistencia no estaba conmigo, y pedí a otra camioneta que me ayudara a volver, yendo yo detrás de ella, protegiéndome del viento.
Iba muy bien pedaleando cuando, de improviso, sentí un fuerte golpe. ¡Era un gran hoyo en el asfalto que me había hecho caer! El manubrio quedó dado vuelta y se me rompieron los pedales, tan sólo a 100 km de la llegada.

dia 20 -02

 

Ligero de Sueños

Me subí y regresé al camino como pude, para así encontrar a la asistencia. Le saqué los pedales a la bicicleta y le puse los que llevaba de repuesto, dentro de la camioneta y continué. Recordé un libro que había leído antes de hacer la ruta: “Correr o Morir”. En mi mente le cambié el título: “Pedalear o Morir”

Estaba en los kilómetros finales de mi sueño, un sueño que jamás imaginé tener en mi vida. Pero cuando lo tuve, automáticamente comencé a buscar los caminos para poder realizarlo. No es bueno cargar con sueños en la mochila, hace que el camino de la vida se haga mas pesado.

Todo lo que sucedió después es haber pedaleado como si fuera una carrera contrarreloj para terminar mi recorrido, esquivando pozos y ovejas. ¡Miles de ovejas!

Por suerte en los últimos 30 km el viento fue a favor y, después de una subida, allá estaba esa imagen que se me cruzó tantas veces en mi mente, el Faro del Cabo Vírgenes. Ese mismo edificio, azul y blanco fuerte, esperándome, esperándonos junto a 250.000 pinguinos que tiene esta Reserva Natural.

Llegué al Km 0, llegué completo, muy cansado física y mentalmente, pero ahí estaba mi mujer y mi hijo parados en la llegada para abrazarme y contener tanta felicidad de lograr mi sueño.

dia 28 -16

 

 

 

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