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Entrevista a Ramón Navarro

A fines de marzo, Ramón estrenó en su natal Pichilemu “ EL Hijo del Pescador”, una película que cuenta cómo logró pasar de ser un sencillo surfista local, nacido en una familia de pescadores artesanales, a una estrella de las olas gigantes, con reconocimiento mundial . Recién de vuelta de su gira por Estados Unidos con su compañero Rodrigo Farías, Ramón Navarro, embajador de Patagonia y comprometido defensor de nuestras costas, nos comparte algunos recuerdos de su infancia y lo que tiene por delante en lo deportivo y la protección del medioambiente.

Entrevista: José Francisco Hurtado
¿Hay una imagen particularmente viva que tengas, acompañando a tu papá en su trabajo?
Yo creo que como a los 7 u 8 años tengo recuerdos bien claros de mi papá, de mi viejo sacando pescados grandes, lenguados y toyos, ayudándole a tirarlos para afuera. Pillando corvinas en el sur de Chile, en Chiloé, Cucao. Veo a mi viejo tirando la línea pa’ adentro a pescar y yo poniéndomela al hombro y empujando después para afuera. Es un recuerdo que me alucinaba: cada vez que mi viejo salía a pescar yo quería llevarlo.

¿Cómo es y cómo era vivir el mar en condiciones difíciles para tu familia?
¡Historias de mar malo! Los pescadores artesanales y recolectores de orilla con el mar malo no salen. Lo que se hacía era refugiarse en los rucos y las casas y esperar que el mar se arreglara. Así que lo más que recuerdo es estar guardado en los temporales cerca de la playa, o en Pichilemu mismo. Claramente un pescador cuando hay marejada no quiere ni mirar el mar, lo quiere tener lejitos no más y se pone a hacer otras cosas, como trabajar el cochayuyo. Comparado con uno que cuando hay marejada quiere puro surfear y correr olas grandes. Es muy distinta una cuestión con otra, lo que hacen los pescadores con los surfistas de olas grandes. De hecho a mi viejo no le gusta ni mirar, prefiere quedarse en la casa porque le da miedo.

Ramón Alejandro Navarro Rojas. Photo: Jeff Johnson

En Marzo fuiste por primera vez con tu papá a Hawaii. ¿Cómo compartieron esa experiencia?
Para mi viejo ir a Hawaii fue alucinante, primera vez que veía aguas tan limpias y transparentes. Fue algo que no se imaginaba, me dijo que pensaba que era algo se veía en las películas no más. Para mí fue la tremenda experiencia, toda mi vida había soñado en ir a Hawaii y ahora poder llevar a mi viejo, para que conociera un poco fue algo bien bacán, que me hizo sentir orgulloso.

¿Cómo se ha avanzado en la protección del borde costero con la campaña #LobosPorSiempre?
No estamos aún en posición para ir dando avances, hay negociaciones en juego, hay muchos temas y trabajos delicados para hacer públicos. La cosa va positiva y el futuro lo vemos bien. Estamos adelantando el tema de la ONG y viendo de donde sacamos los fondos y tratando de llegar a un acuerdo con los propietarios. Se están juntando las lucas para hacer un landtrust y adjudicar la mayor parte de los terrenos posible, para que puedan quedar cuidados para siempre. Se ven avances, pero es un tema lento y que se va a demorar.

 

Haciendo un paralelo con tu vida ¿Qué ves en los niños surfistas de hoy en Pichilemu que te llamen la atención?
Claramente, de antes a ahora, la diferencia es la cantidad de equipos que hay. Antes no había equipos para surfear. Hoy día todos los niños tienen acceso a equipos y hay mucho más roce, ven videos, hay rampas de skate. El progreso es mucho más grande que el que nosotros teníamos. Con los niños de acá tengo mucho contacto siempre, hay muy buena onda con todos y es bacán ver cómo aprenden, y a veces te ven como un referente. Son pocos los que te lo dicen, pero uno se da cuenta de que cuando hay marejada grande, salen todos a mirar. Es increíble tratar de motivarlos; ahora mismo vengo saliendo del agua y había dos niñitos así como de diez años, y fue idéntico de ver como cuando yo tenía 12 o 13 años. Estaban los dos adentro, conversando. Me vi muy reflejado, como cuando conocí a Cristian Merello, que es uno de mis mejores amigos. Nos conocimos en el agua, surfeando. Fue bien loco, un flashback bien power que me pasó, fue igual que haberme visto a mí, aprendiendo a surfear la ola un poquito más grande, ¡bacán!

¿Cuál fue el rol de tu amigo Kohl Christensen en tu entrada al surf de olas grandes?
Kohl ha sido claramente el loco que más me empujó en el tema de las olas grandes. Porque si bien ni yo ni él teníamos el nivel para ser surfistas profesionales, en tema de maniobras, el Kohl me abrió los ojos y me dijo “Si queremos ser pro algún día, tenemos que correr olas grandes, es la única manera”. Grandes tips, ¡nada! “Aquí tenís una tabla grande, ¡y vamos al agua!”. Él estaba empujándome para ir al agua, esa era su gran presión y fuimos aprendiendo juntos en el camino; la cuestión era motivarse para no perder ninguna marejada, estar ahí todo el tiempo. El que me pasó la primera tabla larga fue él y de ahí me empezó a gustar y lo empecé a practicar acá (en Pichilemu). Últimamente, ya cuando nos hicimos más profesionales empezamos a hablar consejos técnicos de tablas, quillas y productos. Pero antiguamente era pura pasión, puro empujar y tirar para adelante, a lo que hubiera. Es la tabla que hay y vamos, esto es lo que tenemos y vamos… y seguridad lo mínimo posible.

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¿Qué imágenes o qué historias hay para futuras películas tuyas?
Yo creo que siempre va a haber mucho más. Mi carrera la voy a seguir trabajando, buscando olas por Chile; esta película cuenta cómo empecé a surfear hasta que llegue a Hawaii, incluyendo Fidji y lo que se está haciendo para resguardar el borde costero en la zona de Punta de Lobos. Pero da para hacer muchas cosas más:el tema de cómo va a terminar este gran proyecto de Punta de Lobos, que es una ambición gigante que tenemos, de poder resguardar el borde costero completo. Eso va a demorar varios años, y de aquí a que pase van a haber s más aventuras en olas grandes, ojalá. Siento que estoy en el peak de mi carrera: hay mucho más que hacer y esta película no está enfocada 100% al surf, sino que su gran preocupación es demostrar que, con ganas, no importa de la familia que vengas, puedes llegar a cualquier lado. Y que por lo mismo, se puede defender el borde costero, ¡esa es la idea!

 

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