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Flyfishing en el extremo norte de América Alaska: La última frontera

Pescar en Alaska es una experiencia excepcional en la vida,una imagen que desde que se es pequeño hacen pensar en estas tierras como el lugar más remoto del planeta. La sensación de estar realmente lejos de todo es una experiencia realmente única.

Texto y Fotos: Felipe Guler

La inmensidad de los paisajes te sorprende desde antes de aterrizar en Anchorage, la ciudad más grande del estado. (300,000 habitantes). Antes de ir a pescar, viajamos al Denali National Park en la mitad de la cordillera. Alaska es un lugar donde que hay tanto que hacer, tanto que mirar, que por primera vez en mi vida la pesca quedó en segundo plano. Tomamos un tren espectacular, que por más de 7 horas nos llevó por las profundidades del bosque y admiramos cómo aparecían ríos cada vez más correntosos a medida que íbamos subiendo hacia las montañas.

Sockeye

El Parque realmente es un ejemplo digno de imitar. Las instalaciones cumplen con todas las exigencias para todo tipo de turistas y la consciencia medioambiental es sorprendente. No se puede ingresar en auto al parque, solamente en buses autorizados o caminando.
Desde la entrada tomamos un bus (igual al de Into the Wild) que por 6 horas nos transportaría hasta unas cabañas, literalmente en la mitad de la nada. La naturaleza fue generosa; al poco andar empezaron a asomarse caribúes, alces, zorros, cabras de montaña y osos grizzly. Sin embargo, todo fue coronado con el avistamiento del impresionante Monte McKinley (6914 msnm). Tuvimos mucha suerte ya que según la gente local, las probabilidades de verlo despejado es cercana a cero.

GRIZZLY

Salmones en portada

Luego de un par de días recorriendo el Parque, volvimos a Anchorage para cumplir con el verdadero propósito del viaje: pescar. Las noticias eran alentadoras, los diarios locales titulaban que cientos de miles de salmones sockeye subían sin parar por los ríos cercanos. Así tomamos la avioneta y luego de 40 minutos aterrizamos sobre el río Yentna.
La felicidad de estar a pocos minutos de meter las patas al agua era indescriptible. Dejamos el equipaje, nos pusimos los waders y nos subimos al bote para comenzar una de las aventuras más impresionantes de nuestras vidas. A medida que remontábamos el río, veíamos incrédulos como cientos y miles de salmones luchaban contra la corriente para llegar al lugar de su nacimiento para desovar y morir.

RELEASE
Cuando llegamos al lugar de la pesca, nos bajamos del bote para observar cual sería la estrategia más indicada para atrapar a esas bestias. Algunos utilizaron imitaciones de ovas mientras yo intenté con grande y coloridos streamers para lograr captar la atención de los salmones. No pasó mucho tiempo y por fin pude sentir esa fuerza desmedida al final de mi línea que siempre soñé. La lucha fue brutal, la velocidad de la línea quemaba mis dedos, pero con la paciencia adecuada fui capaz de sacar mi primer sockeye.

RATON
En 2 días de pesca logramos sacar casi todos los tipos de salmón: pink, sockeye, silver y el gigante chinook o king. Para descansar el brazo, muchas veces íbamos en busca de las truchas arcoiris que iban tras los huevos de salmón. Esta pesca resultó ser muy entretenida ya que las truchas estaban muy saludables y grandes por la inusual cantidad de alimento que le proporcionaban los salmones.
Después de 3 jornadas de pesca inolvidable, faltaba la guinda de la torta. El último día até a mi tippet una imitación de ratón. El escenario era inmejorable, aguas relativamente lentas, mucha vegetación y refugio para grandes peces. Al caer la imitación al agua, comencé a moverla rápidamente para lograr emular el movimiento de un roedor en problemas. No avanzó mucho cuando sube a la superficie un agresivo pez que embistió sin pensarlo contra mi anzuelo. Lo primero que pensé es que se trataba de una preciosa arcoiris. Tiraba, y buscaba las profundidad del río para poder liberarse así que no la podía ver con claridad. Al final de la batalla, me di cuenta que no era una trucha normal, sino que tenía en mis manos un mítico arctic grayling. “A feather in the cap”, como dicen en Alaska.

 

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