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El Crisol de Vida de Ecuador -> Conociendo Galápagos

Tortugas, aves fragatas, iguanas, tiburones e infinidad de sorprendentes especies tienen su hogar en este magnífico santuario natural. El archipiélago de Galápagos es uno de los destinos más privilegiados para ir al encuentro de lo salvaje, tanto por los procesos volcánicos que dan forma a islas, como por las condiciones en que se mezclan sus habitantes en su tierra y fondos marinos.

Texto y Fotos: Gerardo Marín

Siempre había estado maravillado por la idea de ir a Galápagos y averiguar cómo era. Mi sorpresa fue muy grande al ver un lugar único en la tierra. Galápagos es un crisol de vida en donde se conjugan tres corrientes marinas: la de Cromwell , que viene desde el oeste y emerge rica en plancton desde las profundidades, chocando con las islas Isabela y Fernandina para crear un lugar único en lo que se refiere al avistamiento de ballenas y de tiburones ballena; por el sur llega la corriente que tanto conocemos los chilenos, la de Humboldt y, por el noreste, llega la corriente de Panamá.
Desde Quito volamos al aeropuerto de Baltra, en Galápagos, y César Escarabay, nuestro guía, empieza a contarnos -desde el primer minuto- la historia de Galápagos: los niños le preguntan frenéticos el nombre de cada pájaro que pasa en frente de nosotros. No llevábamos ni diez minutos de viaje rumbo al hotel en Santa Cruz y ya habíamos avistado aves fragatas, piqueros de patas azules, y mucho más. Desde el primer momento se ve una exuberancia de vida, ¡y también lo culto de los guías! De cada ave, pez o animal terrestre saben la vida completa, ciclos reproductivos y costumbres. Podrías conversar una semana acerca de cada especie y todavía no terminarías.
Ya cerca de las 13:00 pasamos a un rancho dentro de la isla Santa Cruz, para visitar una colonia de tortugas terrestres. Impresionante el ver a estos verdaderos gigantes prehistóricos caminando por las praderas, comiendo pasto y digiriendo solo una pequeñísima parte de lo que comen. César nos dice que estas tortugas tienen más de 100 años. ¡Uf! Y que algunas viven hasta los 150 años, como fue en el caso de la tortuga George, la última de su especie que fue encontrada en la isla Pinta el año 197- y que murió el año 2012, en la Estación Científica Charles Darwin.

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Surtido de Tortugas y Climas

Más fascinante aún es la historia que explica cómo las tortugas fueron fuente de proteína vital para los piratas y viajeros que pasaban por estas islas. ¡Dicen que pueden mantenerse vivas más de un año sin alimento! Es una locura, pero imaginen -en ese entonces- los barcos llenos de estos reptiles en las bodegas. Hoy hay prácticamente una especie en cada una de las islas principales y obviamente se han cruzado diferentes especies sin saberlo, porque en el siglo XIX trajeron tortugas de una isla a otra y, sin querer, se han dado mezclas que resultan estériles.
Es impresionante ver que en la isla Santa Cruz tienes, moviéndote menos de 40 km, todos los climas que te puedas imaginar. Primero con un sol radiante caes a un paisaje desértico casi lunar, con una temperatura de al menos 33ºC, todo esto rodeados del palo santo, un árbol endémico de la isla que tiene un aroma muy agradable. Avanzas al interior de la isla rumbo al sur, hacia Puerto Ayora, y chocas con la selva lluviosa a 500 msnm, donde una especie de vaguada costera todo lo moja, en un ambiente lleno de vegetación y de aves, esto con temperaturas de 22ºC; luego, tan solo 10 kilómetros más al sur, caes en un clima costero y con tiempo parcialmente nublado, muy agradable.

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Elección de Langostas

Luego de eso llegamos a Puerto Ayora, una ciudad llena de vida y de operadores de turismo promocionando sus más diversos tours. Con gran sorpresa vimos que la comida típica de la isla eran las langostas y el atún. ¡Qué mejor bienvenida que darse un buen banquete de langosta en los kioscos! Puerto Ayora tiene una calle llena de restaurantes atendidos por sus propios, ¡y de noche hierve de vida! Se toman las calles y ponen mesas para alimentar con los más exquisitos peces, langostas y camarones a todos los turistas.
“¿Cuál te gusta?”, le pregunto a mi hijo, viendo que puedes escoger qué langosta te quieres comer, ¡porque están vivas! Hay algunas de 15 dólares y unas gigantes, de hasta 40 dólares. Los pescados enteros, cocinados a la parrilla, son increíbles. Puros peces de profundidad con sabores muy delicados y ricos, acompañados de una buena cerveza local.
A los pescadores locales les está permitido pescar dentro de las 40 millas de protección que resguardan a las Galápagos de la pesca industrial, límite el cual se extiende en 360 grados desde las islas más distantes en todas las direcciones del mapa.

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Piratas del Aire

Al día siguiente comenzó nuevamente nuestra aventura: a las 07:00 ya estábamos listos para conocer alguna nueva isla o lugar de snorkel. Todo esto fue coordinado por la empresa Surtrek, que nos entregó un itinerario muy preciso y una misión definida para cada jornada.
Fue en nuestro segundo día cuando llegamos a la impresionante isla Seymour Norte. Aquí observamos flamencos rosados y nidos de tortugas marinas, en la playa las Bachas, pero sin duda hubo una especie que nos sorprendió más. Seymour Norte es un lugar único de anidación de las aves fragatas; son una especie de ave que, si se cae al agua, se ahoga. No tienen el aceite necesario en las plumas -como otras aves que pescan- y aun así uno las ve tirarse en picada al mar, desde altos acantilados. “¿Y de qué se alimentan si lo único que hay cerca son peces?”, preguntaron mis hijos. Bueno, el término fragata viene de las veloces embarcaciones ligeras que popularizaron los corsarios atacando y sacándole ventaja en las maniobras a otras pesadas embarcaciones. De ahí les viene el nombre de “piratas”.
Las aves fragata le roban la comida a otras aves en vuelo y para eso tienen dos técnicas: una es que agarran a las otras aves de la cola, con su pico, obligándolas a vomitar los peces que han pescado hace muy poco. La otra técnica es que las golpean, dándoles un fuerte choque en su cuerpo, obligándolas a botar lo que llevan en sus estómagos. De esa manera, se acercan al agua y recogen el botín.

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Ambiente Salvaje

El segundo día, también muy temprano, partimos rumbo a la isla Bartolomé, al noroeste de la isla Santa Cruz. ¡Impresionante ver una isla volcánica que tan solo hizo erupción hace 180 años! Fue toda una experiencia caminar sobre lava pahoehoe, definición hawaiana para los campos de lava solidificada sobre la cual puedes caminar a pie descalzo; son como verdaderos cordones de este material, de apariencia tejida. Luego de esto, y ya preparándonos para el almuerzo, gozamos de la vista de Bartolomé desde la Roca Pináculo, y también de su playa, en la cual mis hijos tuvieron la oportunidad de bucear con rayas, damiselas y tiburones de cuerpo muy alargado, conocidos como tintoreras.
El tercer día partimos en una lancha rápida rumbo a la isla Isabela. Su costa me recordó el mar de mi Chile querido; se veían unas olas excelentes para los surfistas, que llamaron mucha mi atención. Llegamos a una villa situada al sureste de la isla, Puerto Villamil, donde tuvimos la oportunidad de bucear con tortugas marinas, lobos de mar, pingüinos y todo tipo de peces. Era como un acuario gigante lleno de vida en donde los niños hacían snorkel sin descanso. También tuvimos la oportunidad de ir al volcán Sierra Negra, uno de los más activos de Galápagos, con su impresionante cráter. En Isabela todo toma un aire muy salvaje: es un ambiente netamente isleño, en donde todas las tardes los galapagueños juegan volleyball; todos asisten a los partidos en la cancha del pueblo, comiendo “cerdo arisco”, que es un chancho domestico que se ha criado de forma salvaje y que los locales cazan para complementar su alimentación. Es muy rico, pero es un gran problema en las Galápagos, ya que junto con las cabras salvajes traídas ya hace más de cien años, rondan por las islas en busca de los huevos de tortugas, causando un grave daño.
En la ruta de regreso a Isla Santa Cruz, tuvimos la oportunidad de visitar las islas Plaza, lugar único de reproducción de las gaviotas de cola bifurcada y de iguanas terrestres. De vuelta de estas islas, el snorkel en Punta Carrión fue el broche de oro. Todos disfrutamos buceando al lado de los tiburones en un acantilado lleno de vida y de aguas transparentes.
Podríamos habernos quedado una semana más pero ya era hora de emprender el vuelo y dejar todas estas aventuras en nuestra memoria. Realmente un lugar único en el mundo y una experiencia inolvidable.
Agradecimientos:
Este viaje familiar contó con la gran organización de Sutrek, expertos en turismo aventura en las Galápagos. Para revisar las distintas posibilidades que ofrecen en la zona, que van desde viajes cortos como el nuestro hasta completísimas expediciones de buceo embarcadas, chequeen en www.surtrek.org.Especial agradecimiento a Cesar Escarabay. Uno de los mejores guías de Galapagos con más de 30 años de experiencia y nativo de estas islas. Contáctenlo en cheche_jox@hotmail.com

 

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