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Cicloturismo de altura en Atacama

Entre valles y montañas vírgenes, esculpidas solo por el cincel sabio de la naturaleza, en esta ocasión  viajo sin compañía a la región de Atacama, con rumbo al paso Pircas Negras (4118 msnm). Mis amigos “Binfa”, matrimonio acompañante en la primera etapa del proyecto por las zonas altiplánicas del norte grande, no pueden acompañarme por razones laborales en esta oportunidad.

Texto y Fotos: Leonardo Aceituno

Lunes 2 diciembre 2013, 08:00 horas, me encuentro ya instalado arriba del bus con rumbo a la ciudad de Copiapó, III región. Cinco horas de viaje en los cuales duermo por todo el viaje…

Llegó a la ciudad de Copiapó  a eso de las 13:30 horas, retiro todo mi equipaje, armo mi bicicleta con sus alforjas, cambio de ropa, mentalidad de ruta y la travesía se inicia.

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Recorro la ciudad de Copiapó, y recuerdo que existía un museo  de ferrocarriles muy atractivo y con elementos de la guerra del Pacífico; me dirijo allá estaciono mi bicicleta y cuando llego a la puerta principal, “cerrada”, recorro el frontis y en su costado encuentro cerca de la entrada una simpática mujer. “Hola, buenas tarde, puedo pasar al museo…” Ella se ríe y me pregunta…”¿desde cuándo no visita la ciudad?, el museo ya no existe, está  abandonado, si desea puede pasar igual a sacar fotografías…”

Recorro el lugar con tanta calma, que fácilmente estoy casi una hora y media en sus instalaciones.  Es como soñar despierto, me lleno de más energías, dejo los recuerdo atrás y retomo mi pedaleo. Ya se hace tarde y debo llegar a la casa de una amiga que me brindara alojo por esa noche para salir mañana temprano a las alturas cordilleranas.

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A la mañana siguiente, desayuno temprano, armo mi equipo y comienzo mi ruta. Debía aprovechar los nublados para pedalear, ya que a mediodía, el cielo quiebra y ese sol es de temer. Llegando al centro de la ciudad de Copiapó tomo su calle principal hacia el valle interior. Así voy dejando atrás Copiapó, luego Paipote, Tierra Amarilla, Nantoco, a estas alturas ya se asomaban los rayos de sol, chequeo el mapa y continúo mi viaje.

Avanzado unos kilómetros después de la localidad de Nantoco, me encuentro con un cartel, que indica mi destino final, Pircas Negras. Aquí  debo dejar la ruta pavimentada y doblar hacia el lado izquierdo, para tomar la quebrada de Carrizalillo.

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Despierta El Silencio

Desde el principio, la quebrada no se presenta fácil, ella te da la bienvenida con una larga pendiente, en sus costados llenos de verdes parronales y rodeados de altos cerros grises.

Terminando esta bienvenida me encuentro con un alto árbol de espino, el cual tenía una sombra muy tentadora, mi primer pensamiento es llegar a esta sombra y almorzar bajo ella.

Mi cuenta kilómetros me indica 65 km recorridos y a lo lejos unos grandes eucaliptus se distinguían, era una buena señal. Cuando llegue a este oasis, fui recibido por el dueño del hogar,había llegado a la “Finca el Maray”, este lugar funciona como posada para los camioneros del sector minero que pasan por esta ruta, aquí puedes encontrar venta de comida y líquidos fríos a un buen precio.

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La familia y dueños de la finca, me autorizan a alojar bajo unos árboles unos metros más arriba. Un lugar solitario, pero cálido bajo la sombra de un gran sauce y rodeado de higos.

Arme mi campamento para pasar  mi primera noche en las llanuras del desierto.

El silencio absoluto fue mi despertador; durante las primeras horas de pedaleo, el paisaje no cambia mucho, el tráfico de camiones aumenta un poco, al parecer algunos ya me habían visto el día anterior, toques de bocina y gritos de alientos me motivan a seguir pedaleando.

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Llegando la hora de almorzar en la ruta, coincido con la llegada a “Finca Las Salinas”;, continúo mi viaje, y ya el camino comienza a mostrar su dureza con rectas desoladas y fuertes pendientes. Recorrido ya unos 8 km, nuevamente a lo lejos diviso vegetación y altos eucaliptus, había llegado a la última finca antes de la tan nombrada “cuesta los castaños” (¡me la había recomendado un camionero!) en este lugar solo me detengo a hidratarme unos segundos para continuar, la hora avanzaba y debía llegar a un lugar donde pudiera abastecer de agua para preparar mi cena y armar campamento.

Avanzo otros 6 km y el camino comienza disminuir su pendiente; tras la última curva de una recta, aparece ella un gran letrero: “Cuesta los Castaños 22 Km”.

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¡Fue solo sudor y esfuerzo! Fueron 3 horas y media para llegar al portezuelo Los Castaños: la puesta de sol estaba en su primera etapa, la vista del valle era hermosa, colores azules/morados y naranjas adornaban las altas cumbres de los valles: me encontraba aproximado a 3.300 msnm.

Ya, al término del ocaso y con la transpiración helando mi espalda, busco mi ropa de abrigo, preparo mis luces para el descenso y me dispongo a enfrentar los zig-zag, en esta ocasión y para mi beneficio eran en bajada. Aproximadamente fueron unos 40 minutos de calamina y terreno suelto; posterior a ello llego la noche. Me bajé de la bicicleta, miré hacia arriba y el lugar que me encontraba era uno de los más lindos que me ha tocado observar: las altos y cerrados cerros formaban un gran cajón de oscuridad máxima, en lo alto destellaban las estrellas. Así llego el sueño y no supe hasta la mañana siguiente. Descanso al 100%

Merodeadores de Altura

07:00 am, cielo despejado; desayuno fuerte en avena y frutos secos, desarmo mi campamento y continuo mi camino por el valle. El agua que bajaba por el río era turbia y provenía de los deshielos: “No apta para beber”. Mi reserva solo contaba con un poco menos de un litro. Recorro unos 10 km y la suerte estaba a mi favor, a la distancia observo construcciones y me acerco para poder pedir agua, después de llamar unos minutos al portón aparece una señora,  Eva, que tiene un posada en este sector, y entrega almuerzo a algunos camioneros: como dato vende queso de cabra para los viajeros, ¡muy rico! Ella me recargó todas mis botellas de agua y me un tesoro: ocho tomates de su huerto

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Sigo mi rumbo y unas curvas más arriba el paisaje se vuelve claramente de altura. El pedaleo se hace muy agradable y variado, a mi paso observo majadas llenas de animales, caballos y burros sueltos por el camino; avanzo unos 15 km sin notarlo y llego a uno de los últimos desvíos en la ruta; ya comenzaba el ascenso final para el paso Pircas Negras, el cual figura en la carta con el nombre de La Guardia. El camino toma dos rumbo, uno que va al complejo minero Maricunga y otro que sube al límite internacional.

Vizcachas, Llamas y Alpacas merodean la zona. Aquí está la última posada de la ruta, donde se almuerza menús caseros y se alojar si es necesario. Las historias y amabilidad de Sarita y Manuel, sus dueños, me hacen sentir en casa.

Pero hay que continuar: aparecen cerros totalmente rojos, otros de forma peculiar, con los cuales puedes recrear formas animales y humanas. Recorro muchos zig-zag, más curvas y curvas, ascensos y pequeñas bajadas. Pienso que estoy llegando al control, pero me falta más. A la mitad de este camino, veo brillar el agua del rio de una forma distinta a la que había estado en toda la tarde, bajo de mi bicicleta y encuentro agua  pura y cristalina: para mí un manjar de los dioses. Aquí descanse, disfrute y observe el agua más que cualquier dia de mi vida. Avancé aproximadamente por una hora más, todo bajo sombra, ya que el sol ya se había escondido tras las altas montañas. Por fin llego al Control Aduanero; llego a un refugio abandonado y saqueado. ¡Por favor cuidemos estos lugares

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De las más complicadas

Al otro día, eran las 06:00 y ya no podía dormir más. Me encuentro a 26 km. del límite internacional, con 6 litros de agua y con cero posibilidades de recargar. La información en el mapa era muy simple, solo indicaba los km totales hasta el límite. A las 09:00 comienzo la ruta, el ataque, como diría un montañista: la vista era amplia hacia los valles y podía apreciar la altura máxima que tenían los cerros frente.
A medida que continuaba el ascenso, mi agua cada vez se reducía más, las curvas y zig-zag  no terminaban. A las 14:00 me detengo a comer y recargar mis energías, para rematar supuestamente los un 8 km faltantes. En eso aparece una patrulla y una pareja de Carabineros, Jorge y Juan; me consultan para dónde me dirigía, porque ellos justamente venían a abrir el portón del paso para una delegación. Les explico que debo pasar al límite y poder fotografiar la zona a fin de poder tener el material para el libro que desarrollo, entonces ellos, me comentan que si deseo puedo pasar con ellos y luego bajar de vuelta al control aduanero.

Evaluando la situación y con lo limitado de agua que me encontraba, decido partir con ellos. Al pasar aprecio lo difícil que habría sido encontrar el portón cerrado y  sin agua en la ruta. Estaba en la cima del paso pircas negras, limite internacional Chile-Argentina, 4.118 msnm y hasta el momento, ¡una de las rutas más complicadas que me ha tocado enfrentar! Todo por su escasez de agua e información poco fiable en los mapas existentes.

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Agradecimientos

Auspiciador: Selk´n / Ropa técnica Outdoor.

“Empleando La Legua”. Alforjas Avalancha, OutChile, LifestrawChile, Agradezco también a mis amigos de Copiapó; Loreto por brindar alojamiento y una rica comida, además a los amigos Alejandra y Paulo, ¡por su simpatía y convivencia! Sigue mis rutas y fotografías en este sitio.

Lee esta historia completa en Outdoors.cl, ¡con algunas fotos, detalles y consejos extra!

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